Unos cuantos libros de más nunca es innecesario

Hace unas semanas me di de topes contra la pared por haber realizado un gasto que no debía haber hecho. Tengo muchas deudas con la tarjeta, con algunos amigos y estoy un poco atrasada con la renta del departamento donde vivo, aun así, con el conocimiento de todos estos gastos, compré por internet.

Todo comenzó cuando entré a una de éstas tiendas famosas online para ver qué libros nuevos vendían o qué títulos podría encontrar en línea que no existen en ninguna librería física de mi ciudad. Debo reconocer que soy amante de los libros y que siempre que entro a una tienda salgo con dos o tres y aunque siempre me repito que debo controlarme, que ya no compre más porque una: ya no caben en mi librero; dos: tengo muchos sin leer y se siguen acumulando; y tres: a veces vuelvo a leer libros antiguos con el pretexto de no tener ninguno que me llame la atención, nunca entiendo y al final sigo comprando.

Regresando a la historia, comencé a ver que en este sitio web habían muchos libros que quería desde hace tiempo y que no encontraba o que incluso no sabía que existían pero me llamaban mucho la atención o eran de los temas que frecuentemente leo.

Al final mi carrito y con mi prestamos online de compras contaba con más de treinta títulos, algunos de ellos en ediciones especiales y otros eran piezas limitadas; también se encontraban libros de arte o comics y manga japonés. No quiero ni recordar la cif ra que me dio al final junto con los gastos de envío y cuando miraba la tarjeta de crédito una voz proveniente del plástico me decía que lo usara y mi voz interior me decía que no.

Al final no pude resistirme e hice la compra de semejante colección que imaginé abriendo, leyendo y disfrutando. No cabía de la emoción y cuando éstos llegaron, mi éxtasis fue en aumento: todo lo que me había llegado era como lo había soñado, las ediciones especiales eran divinas y las figuras que traían las limitadas eran dignas de una coleccionista como yo.

Ahora todo eso no me cabe en el cuarto donde vivo y la mayoría están en cajas esperando a que algún día los lea, pero la adrenalina seguía en pie hasta que recibí la carta, aquel papel que me hizo sufrir.

Tras la emoción llegó el horror cuando un día, en el buzón encontré el estado de cuenta del banco. Con miedo abrí el sobre y casi me desmayo al revisar la cantidad anormal de dinero que éste me mostraba. Quise llorar, no sabía qué hacer.

Después de unos días una amiga, al ver mi desesperación, me recomendó pedir un préstamo por internet. La escuché y comencé a investigar un poco sobre el tema. Al final debería pagar un poco más por los intereses pero ese dinero me sería de gran ayuda para deshacerme de toda la deuda que le tenía al banco, además, ese préstamo lo podría pagar a plazos y se me haría más fácil y cómodo liquidar mi deuda de esa manera.

Al final opté por pedirlo y pagarle al banco de una sola vez, ahora le abono al préstamo poco a poco aunque al final del mes no me quede más que para comer. Espero haber aprendido mi lección, ya escribí una frase en el espejo que dice: “primero lee los libros que tienes, después compra” todos los días la leo antes de irme a trabajar.

[ssba]