Cuando empiezas a extrañar la soltería

Estoy sumamente enamorado de mi futura esposa, a quien le pedí matrimonio hace ya más de seis meses, la boda será dentro de un año más, y hace apenas dos meses le pedí que se mudara a vivir conmigo. Sin embargo, había días en los que extrañaba mi soltería y ese pensamiento me avergonzaba, me hacía creer que quizá no amaba tanto a mi pareja como yo creía, pero la realidad es que el sentimiento era tan fuerte como el primer momento en que le dije ‘te amo’. Por eso me puse a analizar los momentos en los que deseaba volver al club de los solteros para tratar de revertir la situación.

Los primeros que logré detectar fueron por cuestiones del departamento. Cuando yo comencé a rentar en una zona llamada Departamentos Condesa hace ya más de cinco años, me decidí por ese lugar por la tranquilidad de los inquilinos y la cercanía de parques para salir a caminar, pasear al perro o hacer ejercicio; pero con la llegada de mi prometida dejó de haber tranquilidad, no siempre, pero sí algunos días. Yo suelo despertarme temprano para salir a hacer un poco de ejercicio, como a las siete de la mañana, pero mi novia está levantada desde las cinco para alistarse para irse al trabajo, por lo que usa secadora, mueve trastes y el ruido es insoportable. Me despierto antes de que suene mi alarma y eso me enoja. Intenté dejarlo pasar por algunos días pero me era imposible, y aunque  no le decía nada y cuidaba mi tono al momento de decirle algo, a veces había problemas o vivía enojado por dentro.

Así que decidí tomar cartas en el asunto y arreglar los problemas sin desgastar la relación. No podía evitar que se arreglara, pero sí minimizar el ruido, por lo que le regalé una secadora de cabello que hacía muy poco ruido, casi nada, pero aun así le pedí que cuando la utilizara lo hiciera con la puerta del baño cerrada. A veces también pongo de mi parte y si alguno de sus ruidos me despiertan, prefiero cambiarme, salir a correr y regresar cuando ella no esté para dormir un rato más.

Si bien mi departamento no era el más ordenado, sabía dónde dejaba las cosas. Pero con la llegada de mi prometida, cuando ella hace el aseo, decide cuál será el lugar donde se guarden y en ocasiones no se acuerda de su elección, por lo que tenemos que buscar hasta por debajo de la mesa. No es que yo no hiciera el quehacer, sino que lo hacía los días que tenía tiempo. Así que para evitar esos pequeños pleitos que desgastaban nuestra convivencia, tuve dos soluciones. La primera fue pedirle que si veía mis cosas tiradas, las pusiera sobre la cama o una de las mesas y en cuanto yo las viera las acomodaría, o simplemente las dejara como están. La otra que intento con mucha fuerza de voluntad, es tratar de acomodar las cosas en su lugar antes de botarlas, pero ustedes entenderán que cuando el cansancio es grande, pues…

Quizá esto les parezcan banalidades, pero son pequeños detalles que pueden hacer que en una relación haya pleitos, los cuales podrían incrementarse más cuando se casen, si es que hay planes. Así que lo mejor es platicar y ambos poner de su parte para que todo vaya viento en popa.

[ssba]