Hablar de la Delegación Venustiano Carranza es referirse a un lugar de ricas connotaciones históricas, pese a ser una delegación creada hace mas de tres décadas, cada rincón de su geografía tiene cosas importantes que decir, las que ponemos en conocimiento del público interesado, como historia local de una de las demarcaciones que componen el Distrito Federal.
Hace más de veinte mil años hacia la región oriental de esta demarcación existieron formas de vida animal de la edad del hielo como el Mamut, cuyo esqueleto se encontró en la Colonia Aviación Civil durante las obras de las líneas 1 y 5 del Metro en el año de 1983. Otro hallazgo casual fue el llamado “hombre del Peñón de los Baños” en 1884, despertando interés entre los estudiosos de la prehistoria por establecer la aparición del hombre en el Continente Americano. Precisamentedurante el llamado horizonte histórico, época en que se divide nuestra historia patria, es cuando mayor información se cuenta respecto a las localidades antiguas gracias a los códices y manuscritos de cronistas, tanto indígenas como europeos.
Durante la migración Azteca hacia la cuenca de Anahuac tiene su origen el Peñón de los Baños antes llamado Tepetzinco- Acopilco, al ser sacrificado ritualmente en el cerro el difamador Copil, sobrino del dios Mexica Huitzilopochtli; otro lugar es Mixiuhca “lugar del parto”, donde dio a luz una princesa Mexica, sigueTemazcaltitlan “junto al baño de vapor”, por la actual zona de la Merced, donde el pueblo azteca después de ser expulsado de territorio culhua se purifica ritualmente antes de encontrar las señales divinas que marcan el fin de su largo peregrinaje con el nacimiento de la ciudad de México- Tenochtitlan. Al desarrollarse el señorío tenochca con la formación de la ciudad surgen los antiguos barrios que además de ser divisiones territoriales fueron lugares de residencia de antiguos clanes, los más importantes en nuestra jurisdicción fueron Coltzinco, Tomatlán. Temazcaltitlan, Ometochtitlan, Atlixco, Huitznahuatonco, Tultenco, Yaotlica, Zoquipa, Axoloacan, el islote de Mixiuhca que después fue comunicado hacia la ciudad con una calzada-dique.
Por otra parte Tepetzinco- Acopilco ( Peñón de los Baños) y Pantitlan “entre las banderas”, fueron lugares muy sagrados en las prácticas religiosas de los antiguos mexicanos, sobre todo por la existencia del mítico sumidero del que se creía era el conducto hacia el paraíso del dios Tláloc.
LA COLONIA
Al sobrevenir la invasión española y la toma de México-Tenochtitlan en 1521, los barrios indígenas no desaparecen sino que logran coexistir en una ciudad para dos repúblicas, es decir españoles e indígenas. Con la evangelización a cargo de los Franciscanos primero y Agustinos después, a los antiguos barrios se les impusieron nombres de santos de la nueva religión. Un caso documentado es Mixiuhca; en 1528 la hija primogénita del gran señor Moctezuna Xocoyotzin solicitó a Hernán Cortés una imagen de Santa María como patrona del lugar, recibiendo del propio conquistador a Santa María Magdalena, desde entonces la población se denominó Santa María Magdalena Mixiuhca. Otro sitio con referencias fue el barrio de Coltzinco en razón de que sus antiguos habitantes tenían por oficio la carpintería, fue puesto bajo el patronato de la Santa Cruz; en el siglo XVIII ante la popularidad que alcanza la virgen de la Soledad de muy milagrosa, se llamó Santa Cruz y Soledad. En los tempranos inicios del virreinato, en la zona oriental de la ciudad se establecen trabajadores agrupados en gremios, Santo Tomás la Palma es ocupado por oficiales especializados en la piel de animales llamados Zurradores y tenían su cofradía instalada en la parroquia de Santo Tomás desde el siglo XVII. Al consolidarse el virreinato comienzan a surgir los apremiantes problemas que aquejarían a la metrópoli, como las inundaciones ante la falta de drenaje; así, en 1555 ocurre la primera anegación, para remediarla el virrey Don Luis de Velasco ordena levantar un albarradón semicircular que pasaba frente a las Atarazanas, después llamado de San Lázaro, iniciando en la calzada de Guadalupe y concluyendo en la de San Antonio Abad. En la región oriental de la ciudad el conquistador Hernán Cortés ordenó levantar una fortaleza a fin de resguardarse de un posible asedio indígena llamada las Atarazanas, tenido por el primer establecimiento público en el continente. Ahí mismo posteriormente el Dr. Pedro López funda el hospital para leprosos en el año de 1572 puesto bajo el patrocinio de San Lázaro y la protección de la Virgen de la Bala, una de las cuatro imágenes milagrosas que protegía a la capital virreinal por la parte oriental, cuyo santuario Mariano fue de los más importantes y ricos del ornato del barroco novohispano en México, tardando sietea ños su construcción, 1721-1728, costeada por el Bachiller Don Buenaventura de Medina y Picazo, bisnieto del fundador del leprosario. La atención de éste y el santuario fue confiado a los frailes de la orden de San Juan de Dios.
Virgen de la Bala, venerada ahora en el Santuario del Señor de la Cuevita, Iztapalapa
Provincia Agustina del Santísimo Nombre de Jesús se llamaba al vasto territorio dominado por esta orden regular que administraba en lo espiritual a la ciudad, barrios y pueblos, ranchos y haciendas, teniendo centros de estudio y claustro en conventos urbanos como San Pablo Zoquipa, San Sebastián Atzacoalco y Santa Cruz Coltzinco, cuya orden comenzó a ser apartada de tareas parroquiales a mediadosdel siglo XVIII, hasta que en 1772 se llevó a cabo un nuevo ajuste de las parroquias metropolitanas y las órdenes monacales dejan para siempre los curatos, se crean nuevas jurisdicciones parroquiales como Santo Tomás la Palma. Destaca en esta zona la arquitectura religiosa como los templos de San Antonio Tomatlan de reminiscencias barrocas, construido a base de limosnas por el Sr. José Antonio Grazueta a principios del siglo XVIII; el de San Lázaro obra del arquitecto Miguel Custodio Durán, la capilla particular de Nuestra Señora de Guadalupe en los baños del Peñón, del último periodo colonial son el de Santa Cruz y Soledad de perfil clásico academicista, cuya construcción la promovió el Padre Gregorio Pérez Cancio a fines del siglo XVIII, diseñada por arquitectos notables de la época como Ildefonso Iniesta Bejarano Durán; José Eligio Delgadillo e Ignacio Castera, quienes prosiguen la obra hasta su terminación. Otra construcción esla parroquia de Santo Tomas la Palma. Son asimismo interesantes las capillas de la Resurrección Tultenco, Candelaria de los Patos, San Jerónimo Atlixco, la Concepción Huitznahuatonco y la del pueblo de la Magdalena Mixiuhca, cuyo templo estuvo adornado con retablos en madera dorada, sustituidos por uno de estilo neoclásico diseño de Antonio Velásquez, connotado arquitecto que dejó obras interesantes en los templos de Jesús María, San Pablo y Santa Teresa la antigua. En cuanto a la obra civil, casi totalmente hadesaparecida, la única que se conserva es la ex garita del Peaje o de San Lázaro, donde la Real Hacienda cobraba impuestos a las mercancías introducidas a la capital.
De la etapa colonial la arqueología ha arrojado indicios, cuando se construía la Línea 9 del Metro sobre el Eje Vial 3 Sur Morelos y Calzada de la Viga, encontraron restos de la antigua garita de la Viga y en lo que fuera el canal se recolectaron monedas de los siglos XVI al XX, restos de platos, loza vidriada, etc. En la Magdalena Mixiuhca se halló cerámica áspera, gruesa, con signos que corresponden a marcas de conventos, utensilios que sirvieron para curación y dar alimentos, a éstos los arqueólogoslos llaman lebrillos-hospital, relacionados quizá a la atención que dispensaban los frailes a comunidades indígenas afectadas por epidemias en este período. En la zona de San Lázaro se ha encontrado cerámica decorada con dibujos al parecer del siglo XVIII, conocida por mayólica, o sea cubierta con esmalte para dar brillo y color al objeto. En1997 en la calle de San Antonio Tomatlan y Congreso de la Unión se halló un gran entierro colectivo que correspondió al antiguo panteón lazarino, donde porcierto el escritor José Joaquín Fernández de Lizardi, en su obra “Don Catrín de la fachenda”, escrita en 1820, ubica un episodio de su novela.
Edgar Anaya Rodríguez Cronista de sitios turísticos buenviaje2007@gmail.com
El
nombre del lugar no suena tan ajeno a los capitalinos, Peñón de los Baños. Peñón
o peñol llamaron los españoles al
promontorio rocoso, situado entonces dentro del lago de Texcoco, que los
mexicas nombraban Tepetzinco
(cerrito).
Algunas referencias indican que los
mexicas ya disfrutaban de las cálidas y nutritivas aguas, en lo que era un
centro de esparcimiento para nobles.
Varios frailes, médicos y viajeros cronistas del Virreinato
describieron en documentos los Baños y las propiedades curativas de sus aguas;
notables hombres de ciencia, como el químico Río de la Loza y el naturalista
alemán Humboldt, realizaron análisis del líquido.
El presidente Porfirio
Díaz visitó los baños, quizá para tonificarse, pero para su suegro, Manuel
Romero Rubio, fueron la salvación de la reuma biliar. Romero apoyó la
construcción de un caserío cerca del peñón, llamado originalmente colonia El
Peñón, luego Romero Rubio, y remodeló la construcción para crear suntuosas instalaciones
con restaurán, habitaciones de hotel, salones para fiestas, juegos, bailes y
conciertos y una gran planta embotelladora para comercializar las aguas.
Demolido
el edificio, de los lujos del porfiriato los Baños pasaron a la modestia de una
sencilla construcción de un piso, a mediados del siglo XX, y hasta al abandono.
En 1975 se inauguraron las instalaciones actuales: tres edificios de
departamentos que en la planta baja albergan a los Baños. Muchos los conocieron
hace décadas pero hoy se preguntan si existirán...desconocen que siguen
funcionando, con instalaciones modernas, después de más de quinientos años de
uso ininterrumpido.
Allí en
medio sigue también la capilla franciscana del siglo XVIII, con su retablo de
esa época que cubre todo el fondo de la pequeña iglesia, alguna vez dorado y
opulento, dedicado a la Virgen de Guadalupe y con pinturas que muestran a
santos, como San Cristóbal, y a personajes bíblicos, como a Judit o a Marcos; a
un lado está el venerado Cristo del Peñón, moreno, de pasta de caña de maíz y
de esos tiempos, al que la gente lo sigue visitando, le pide salud y le lleva
flores, aun cuando en la capilla no hay culto religioso: está bajo custodia del
INAH, y recibe mantenimiento por parte de la administración de los Baños.
El sitio pudo haber sido un centro
ceremonial en la época prehispánica; se ignora si existió una pirámide. En el
jardín situado entre la capilla y los condominios, en cuya planta baja se
ubican hoy los baños, se encuentra un pozo que conduce al manantial (el agua de
éste es propiedad del Distrito Federal y hay que pagar cada metro cúbico que se
consume); de allí se bombea el agua, se llena una cisterna y se distribuye por
la red de tubos hasta las tinas.
“El espejo de agua (superficie) de
este depósito natural se encuentra ahora a más de 50 metros de profundidad”,
dice el profesor Jorge Hebert Espinosa Soriano, administrador de los Baños, “ya
no en la superficie como hace medio siglo, porque el manto acuífero de la
ciudad, en general, se hunde más de un metro cada año, y hay fugas en el
manantial. No se ha logrado medir con precisión el fondo de éste; se calculan
unos 180 metros de profundidad.
El análisis del Instituto de Geología de la UNAM realizado
en 2003 indica que esta agua, saturada naturalmente con gas carbónico, de olor
nulo y aspecto cristalino, clasificada en el grupo de las hipertermales, con 46
oC de temperatura y pH (grado de acidez) de 6.42, es rica en sodio,
calcio, magnesio, litio, potasio, cloruros, sulfatos y fluoruros; sílice,
aluminio, cromo, fierro, entre otros elementos, y mínimas cantidades de
elementos radiactivos (que en esas proporciones no son nocivos para la salud
sino benéficos).
El Instituto de Geología clasifica a éstas a la cabeza de
las aguas medicinales conocidas en todo el mundo. En las oficinas se exhiben
diplomas, medallas y certificados de primeros lugares obtenidos a principios
del siglo XX en concursos de aguas minerales curativas efectuados en Europa y
Estados Unidos. En la entrada de los baños se puede ver un plano geológico del
lugar, del siglo XIX, y una foto de las instalaciones anteriores a las
actuales.
Los baños del Peñón cuentan con 32
compartimientos, pequeñas habitaciones cerradas y con puerta, nueve con tinas
individuales y 23 con dobles, todas con diván, lavabo y sanitario. Cada tina es
en realidad una alberca individual hundida en el piso y forrada con mármol.
Dice un folleto de los Baños que
éstos son útiles en el tratamiento y terapia de artritis, asma, bronquitis
crónica, ciática, gota, eczema, esterilidad, trastornos del hígado,
hipertensión arterial, obesidad, reumatismo, trastornos de los riñones y del
sistema nervioso. Por su historia de varios siglos, por el placer que brindan
sus aguas, por su capilla antigua, por su personal conocedor y amigable, los
Baños del Peñón deberían verse como un lugar turístico, conocido y reconocido
por toda la Ciudad. Eso sin hablar de su principal virtud: procurar la preciada
salud.