Eventos¿Quiénes somos?CronistasPublicacionesArtículosGalería de FotosContáctenosLibro de visitas
Temáticos
 
Álvaro Obregón
 
Azcapotzalco
 
Benito Juárez
 
Cuajimalpa
 
Coyoacán
 
Cuauhtémoc
 
Gustavo A. Madero
 
Iztapalapa
 
Iztacalco
 
Magdalena Contreras
 
Miguel Hidalgo
 
Milpa Alta
 
Tláhuac
 
Tlalpan
 
Venustiano Carranza
 
Xochimilco
 
Asociación
 
 



MArq. MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx


El pasado mes de octubre, se abrió a Consulta Pública el Plan Parcial de Desarrollo Urbano de Polanco [PPDU], tiempo durante el cual podíamos opinar, mejorar, corregir y sugerir propuestas que fueran viables de incluirse dentro de dicho Instrumento de Planeación. Los Comités Ciudadanos, algunas Asociaciones Civiles y varios vecinos, ingresaron documentos importantes en beneficio del futuro urbano de nuestra zona.

Este artículo pone particular énfasis en el Patrimonio Arquitectónico y Urbano de Polanco, debido a que desde hace varios años, ha sido una lucha vecinal ante la constante demolición de inmuebles con valor patrimonial en Polanco. Con ello se logró que la Dirección de Sitios Patrimoniales y Monumentos de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda [Seduvi], publicara en la Gaceta Oficial del Distrito Federal (10 de Mayo de 2006) un Listado del Catálogo de los Inmuebles con Valor Patrimonial de Polanco, los cuales debían de contar con el Visto Bueno de dicha dependencia para obtener licencia de construcción o remodelación.

Actualmente, una de las más importantes mejoras al PPDU de Polanco es que por primera vez se delimitó a Polanco como una Zona Patrimonial. Esto es de una gran relevancia para la futura conservación de nuestra colonia. Esto significa que, ahora que sea aprobado por la Asamblea, no sólo los inmuebles patrimoniales, sino las nuevas edificaciones junto a inmuebles catalogados deberán de contar con el Visto Bueno de la Dirección de Sitios de la Seduvi antes de cualquier intervención u obra, lo cual tiene como fin el generar un entorno más armónico y congruente con las características arquitectónicas y urbanas que distinguen a Polanco.

Sin embargo, el Listado del Catálogo de Inmuebles con Valor Patrimonial presentado dentro del PPDU Polanco por la Dirección de Patrimonio Cultural y Urbano de la Seduvi y el Instituto Nacional de Bellas Artes [INBA], contiene únicamente 263 edificaciones, dejando totalmente indefensos más de 500 inmuebles relevantes.

Es por ello que nos dimos a la tarea de presentar una propuesta para que se incremente el Catálogo actual, de 263 a 815 inmuebles con valor histórico y arquitectónico para nuestra zona, siendo algunos “ambientales y otros relevantes”.

En este marco, con la colaboración de diversos estudios de la historia y la arquitectura de Polanco realizados por el Arq. Manuel Berumen [Universidad Iberoamericana]; el Arq. Rafael Fierro [Sitio web http://polancoayeryhoy.blogspot.com], así como la participación de diversos vecinos como Mari Tere Ruíz y quien escribe, es que se realizó un exhaustivo análisis acerca del patrimonio arquitectónico de la zona.

Se realizaron recorridos, se documentó a partir de libros, monografías y archivos históricos; se conformó un registro fotográfico con la mayoría de los inmuebles y en algunos casos incluso hasta de los planos base. Y a partir de ésta información, se presentó un listado completo, indicando en lo posible el nombre del Arquitecto y la fecha de construcción.

La propuesta fue dando cuenta de la gran cantidad de inmuebles que están quedando fuera del listado oficial y que son importantes edificaciones de la historia arquitectónica y urbana de la Ciudad de México y de nuestra colonia. Numerosas casas del Ing. Arq. Francisco J. Serrano de los años 40 están fuera, edificios del Arq. Abraham Zabludovsky de los años 50 y 60; edificios funcionalistas del Arq. Ramón Marcos Noriega y del Ing. Boris Albin de los años 60 y70; casas y edificios de Valdimir Kaspé, Enrique del Moral, Jorge González Reyna, y Carlos Lazo; así como edificaciones con impactantes Murales de artistas como Vlady y Orozco.









                                                                                                                 1960
                                                                                    FELIPE Y JOSÉ WOLOSKI








1958
VLADIMIR KASPE








                                                                                                                1962
                                                                                                    BORIS ALVIN







1939
FCO. J. SERRANO
EDIFICIO SAN LUIS








                                                                                                             1960
                                                                                            Ramón Marcos N.
          "Ejemplo de algunos de los edificios de apartamentos en la calle de   
          Charles Dickens que no están incluidos dentro del Listado de Inmuebles
          Catalogados como Patrimonio de Polanco 2011, ni por el INBA, ni por la
          Dirección de Sitios Patrimoniales de la Seduvi, los cuales se propone sean
          integrados. Fotografías tomadas por la MArq. María Bustamante Harfush,
          Octubre de 2011."


Es importante anotar que lo que conocemos como Polanco es en realidad un territorio conformado por 10 distintas colonias que hacen una unidad espacial, y aunque para muchos la arquitectura de Polanco es solamente las edificaciones neocoloniales tipo la Casa Domit, la realidad es que prácticamente al mismo tiempo se estaban edificando casas de estilo moderno o internacional e incluso edificios funcionalistas de gran escala y éstas también son edificaciones que hay que revalorar y proteger, porque es el conjunto de edificios lo que le ha dado ese carácter urbano y arquitectónico tan sorprendente que lo distingue de otras zonas de la ciudad.

Otra de las propuestas presentadas en la Consulta Pública, fue la de conformar un Consejo Consultivo del Patrimonio Arquitectónico de Polanco el cual se sugiere esté integrado por los Comités Ciudadanos y los vecinos especializados en temas de arquitectura e integración urbana; caso similar se ha realizado con bastante éxito en la conservación del patrimonio y del entorno construido en la colonia Roma e Hipódromo Condesa, donde cada nuevo edificio que interviene en la Zona Patrimonial es analizado y en su caso es rechazado o aprobado entre las Autoridades y el Consejo Consultivo.

Es urgente que todos nosotros que vivimos en Polanco, empecemos a reconocer los edificios y casas que son de gran relevancia en la historia urbano-arquitectónica de nuestra colonia y que seamos conscientes de que su forma, materiales, proporciones y estilo original es lo que genera ese ambiente único que distingue a Polanco de todas las demás colonias y zonas patrimoniales del país.

Empieza por conocer las edificaciones catalogadas en tu calle. Si falta alguno dilo. Estamos seguros de que a partir de éste conocimiento, si eres testigo de una posible demolición o transformación de la fachada original de uno de estos inmuebles lo reportarás a la Dirección de Licencias de la Delegación Miguel Hidalgo, así como a la Dirección de Sitios Patrimoniales de la Seduvi. Sólo así, con nuestro interés y nuestra denuncia oportuna es que podemos proteger la imagen característica de Polanco.

Si tienes interés en saber más de Polanco, de su historia, problemáticas, propuestas y soluciones, no dejes de escribirnos a comitechapultepecmorales@gmail.com El listado de inmuebles patrimoniales propuestos está a tu alcance en el siguiente link: www.comitechapultepecmorales.supersitio.net

_______________________________________________________________________



ARQ. MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

En la Delegación Miguel Hidalgo [DMH] hay más muertos que vivos. De acuerdo con el censo realizado por el INEGI, su población al 2005 era de 353 mil habitantes, número completamente rebasado por los muertos enterrados en los panteones ubicados dentro de su demarcación, pues tan sólo el Panteón Civil de Dolores tiene 600 mil lotes individuales que llegan a tener hasta 4 niveles de enterramiento.

En total ocupan una superficie de poco más de dos millones de metros cuadrados divididos en 9 panteones establecidos al interior de la DMH:






En diversos documentos, se solicitaba que los panteones fueran diseñados sobre terrenos altos, secos, ventilados, con tierra vegetal, opuestos a los vientos dominantes, lejos de los ríos y a distancia de la gente y los animales, separados con una gran arboleda y una barda.

[2][1]
que al fondo hacia el suroeste se encontrarían unas cascadas y el río, las cuales no llegaron a realizarse, convirtiéndose en pretexto para que el Gobierno les quitara la concesión y reclamara un mejor precio de compra por no haber cumplido con la ejecución del proyecto presentado.

[5][4][3]
             "Proyecto de la traza del Panteón Civil de Dolores. Todavía no había nada 
              construido alrededor, sólo minas de arena.
              Dibujo: Realizado por la Arq. María Bustamante Harfush, en base a planos
              localizados en la Mapoteca Orozco y Berra."

“Para dar un mejor servicio, en septiembre de 1879 se celebró un contrato para establecer un ramal de la vía de ferrocarril del Valle de México y posteriormente, con tranvías de mulitas que cruzaban aquella época el bosque de Chapultepec.”[6] “Tiempo después se estableció un ferrocarril interior para trasladar los cadáveres dentro del cementerio.”[7]

En 1892, el Gobierno compró un extenso terreno a Manuel Cuevas Rubio, gerente y representante de la Sociedad Cuevas y Velasco, aumentando la superficie del panteón a 1’129,416 m2.[8] A pesar de la inmensa extensión de terreno para enterrar, es interesante mencionar que ya para 1908 se construyen los primeros hornos crematorios de cadáveres humanos en el Panteón Civil de Dolores y en tan sólo diez años ya se habían incinerado en esos hornos a 18,160 cadáveres.

Al ser un Panteón General manejado por el Gobierno, pronto fue considerado un cementerio de Beneficencia Social, lo cual generó una gran demanda y el consiguiente desorden en la ubicación de las futuras tumbas. Los cementerios son un reflejo de las ciudades donde se levantan. Su traza, las calles y edificaciones son a escala, las mismas que los de la ciudad. El Panteón Civil de Dolores es un fiel reflejo de nuestra sociedad, de su orden y pulcritud, de su traza que inicia simétrica, idealista, majestuosa y termina sin orden, sin claridad, intrincada y sin acuerdo claro en la imagen de las tumbas.

CONCESIONES AL INTERIOR

Benfield, Brecker y Compañía había otorgado ya algunas concesiones “como la que dio de 100 lotes gratuitos a la Sociedad de Socorros Mutuos del Ramo de Meseros y un lote a la Sociedad Gran Círculo de Obreros,”[9] por lo que el Gobierno tuvo que continuar concediendo espacio para algunas otras Asociaciones.

Cabe destacar la que otorgan a la Asociación del Colegio Militar. Las otorgadas en 1897 a la Sociedad Alemana y a la Sociedad de Beneficencia Italiana entre otros, otorgando predios aproximados de 2,500 m2, así como los otros “sub panteones” de los “Diputados Constituyentes”, “Águilas Caídas”, “Maestros Jubilados” que son espacios confinados dentro del propio Panteón de Dolores.

         "Entrada al Panteón Alemán al interior del Panteón Civil de Dolores / Deutscher
          Friedhof.
          Foto: Tomada por la Arq. María Bustamante Harfush, 2008."

LA ROTONDA DE LAS PERSONAS ILUSTRES

Al otorgar la licencia de funcionamiento del cementerio, el Gobierno solicitó que el mejor lugar del predio se destinara para el entierro de mexicanos distinguidos que de alguna manera hubieran dado prestigio a la patria, la cual se conoció por casi un siglo como la Rotonda de los Hombres Ilustres hasta que el Presidente Vicente Fox cambió el nombre a Rotonda de las Personas Ilustres, donde como reza el dicho, “ni están todos los que son, ni son todos los que están”.

Por mencionar tan sólo algunas de estas Personas Ilustres, cabe mencionar a Sebastián Lerdo de Tejada, Amado Nervo, Guillermo Prieto, Ángela Peralta, Juventino Rosas, Clemente Orozco, Diego Rivera, Antonio Caso, Manuel M. Ponce, Nabor Carrillo, Agustín Lara, Carlos Chávez, Silvestre Revueltas, Dolores del Río, Juan O´Gorman, Heberto Castillo, David Alfaro Siqueiros, Bernardo Quintana entre otros. Políticos, periodistas, poetas, artistas, arquitectos, pintores, científicos y militares reunidos en un mismo sitio para honrarlos.

          "Tumba de David Alfaro Siqueiros en la Rotonda de las Personas Ilustres.
           Foto: Tomada por la Arq. María Bustamante Harfush, 2008."

AMIGOS DEL PANTEÓN CIVIL DE DOLORES A.C.

Es alarmante saber que de los 172 cementerios que había en el Distrito Federal a principios del siglo XX, hayan desaparecido 87. Es una cifra inmensa, y si a eso le añadimos el reporte de la Dra. Ethel Herrera Moreno de los robos constantes en el Panteón Civil de Dolores de esculturas, lápidas y vitrales y en donde, además en menos de una década registró la desaparición del 20% de los casi 700 monumentos históricos y artísticos que catalogó,[10] los cuales datan de 1874 a la fecha. Por lo anterior, bien hacemos en preocuparnos por catalogar, proteger y resaltar la importancia de que sean considerados sitios históricos o museos de sitio, como ya ha sucedido con algunos cementerios de la ciudad, así como la reciente propuesta que plantea la DMH para convertir el Panteón Civil de Dolores en el Museo-Cementerio más grande y antiguo de América.

         "Mausoleo de la Familia Matías Romero, una de las más antiguas del Panteón  
           Civil de Dolores que ha sufrido robos de vitrales, herrerías y presenta un gran
           deterioro.
           Foto: Arq. María Bustamante Harfush, 2008."

Recientemente por iniciativa de la Dra. Ethel Herrera Moreno, hemos formado una Asociación Civil llamada Amigos del Panteón Civil de Dolores, con el fin de revalorar su importancia histórica y arquitectónica.

Este miércoles 2 de noviembre a la 1 PM, en la Rotonda de las Personas Ilustres se presentara dicha Asociación, sus fundamentos y objetivos, así como numerosas actividades culturales. Para mayor información visita www.elsentirdelascalaveras.com

Dirección: Avenida Constituyentes esquina Calzada Panteón de Dolores.


NOTAS:

[1] Herrera Moreno, Ethel; RESTAURACIÓN INTEGRAL DEL PANTEÓN DE DOLORES, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Arquitectura, México, 2007, p. 55.
[2] Moreno Toscano, Alejandra; CIUDAD DE MÉXICO, ENSAYO DE CONSTRUCCIÓN DE UNA HISTORIA, El Control de las Epidemias, por Celia Maldonado, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1978, p. 148.
[3] AHDF, Panteones, Volumen p3474, Expediente 4.
[4] Herrera Moreno, Ethel, Op. Cit, p. 246.
[5] AHDF, Panteones, Volumen 3479 Bis., Expediente 8.
[6] Bustamante Harfush, María y Araceli García Parra, TACUBAYA EN LA MEMORIA, Co-Editado por el Comité Editorial del Distrito Federal, la Universidad Iberoamericana, el Consejo de la Crónica y la Fundación Antonio Haghenbeck y de la Lama, Primera Edición, México, 1999, p. 53.
[7] Herrera Moreno, Ethel; Op. Cit, p. 40.
[8] Memoria del Ayuntamiento de 1892, Mexico, Imprenta F. Díaz de León, 1893. [9] AHDF, Panteones, Volumen 3454, Expediente 72 y 74.
[10] Monumentos que presenta detalladamente en su tesis y libro RESTAURACIÓN INTEGRAL DEL PANTEÓN DE DOLORES.
_______________________________________________________________________


ARQ. MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx
Varios son los ríos -que aún en la primera década del siglo XXI-, siguen bajando por las montañas que circundan la ciudad de México y que durante siglos llenaron de agua las extensas lagunas del Valle del Anáhuac.

Destacan los numerosos ríos que bajan por los cerros y montañas del sur-poniente. Desde el Ajusco hasta Huixquilucan, los ríos Chichicaspa, Magdalena, San Ángel, Barranca del Muerto, Mixcoac, Becerra, Tacubaya, de Los Morales, Los Pichmines, son tan sólo algunos de los causes naturales.
          "Los ríos que bajan al sur poniente de la ciudad de México.
                  Dibujo realizado por César Israel Bazán Pérez
                             y publicado en su artículo
                   Distribución geohistórica del recurso
                      del agua en la cuenca de México".

De acuerdo con el libro de Alain Musset, El agua en el Valle de México,[1] una de las grandes zonas hidrográficas es el eje que se conforma de las poblaciones de Mixcoac-Cuajimalpa-Tacubaya-Huixquilucan. Y particularmente, la zona con mayores afluentes pluviales se da en las montañas y al pie de la Sierra del Monte Alto-Las Cruces,[2] una de las estructuras geográficas más antiguas del valle.

Por otro lado, en el escrito de César Israel Bazán Pérez, Distribución geohistórica del recurso del agua en la cuenca de México, es considerado “el sistema fluvial más activo de la cuenca, pues concentra valles montañosos y cañadas profundas que varían entre 80 y 120 metros. Muchas de éstas cañadas son asiento de corrientes perennes resultado de una buena alimentación hídrica.”[3]

Sin embargo, ésta situación natural se ha visto afectada por la urbanización, su conversión en drenajes baratos que contrariamente tendrán un alto costo para nuestra forma de vida futura. Aunado a la pavimentación de extensas áreas para calles y nuevas colonias, así como la deforestación de las montañas.

Como se puede observar en la imagen, son varios los ríos o cauces pluviales que bajan por las montañas y que aún en la primera década del siglo XXI cruzan por la Delegación Miguel Hidalgo. Algunos ríos equivocadamente fueron entubados en 1940; además se construyeron represas y numerosos puentes que cruzan las barrancas que hay en la zona de Palmas, Las Lomas y Tacubaya, entre otros.

En los siguientes meses les iré presentando la apasionante historia del ojo de agua de Santa Fe, el río Tacubaya y su presa, los acueductos y molinos, con el afán de generar una conciencia para la conservación y rescate histórico y ambiental de los recursos hídricos que aún luchan por permanecer entre la urbanización apabullante de nuestra ciudad.



NOTAS:
[1] Musset, Alain, El agua en el Valle de México: siglos XVI-XVIII, traducción de Pastora Rodríguez Aviñoa y María Palomar, México, CEMCA, Pórtico de la Ciudad de México, 1992, p.65.
[2] El Cerro de las Cruces considera el Desierto que aportaba 100 litros por segundo, Leones con 30 litros por segundo, Mixcoac con 20 litros por segundo y Santa Fe con 140 litros por segundo.
[3] Martínez Omaña, María Concepción (Coordinadora), El agua en la memoria: cambios y continuidades en la ciudad de México 1940-2000, Historia Oral del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, Primera Edición, México, 2009, p. 46.
_______________________________________________________________________________________________



Conocí al Fotógrafo Federico Gama el pasado 11 de febrero en una mesa “rectangular” a la cual fuimos invitados en el Centro Cultural de España. Ambos platicamos sobre las “huellas y horizontes de Tacubaya”, pero me sorprendió escuchar su postura y su visión de Tacubaya, esa que le tocó vivir y la que sigue viviendo y cómo transmitía con palabras una crónica de la década de los 60, 70, 80 y actuales, esa crónica fresca y actual que sus propios ojos han visto y fotografiado con maestría.
Su escrito, se ha dividido en 6 partes, ésta es la segunda entrega. Disfrútalo!
                                                                               María Bustamante Harfush, Marzo 2011.
FOTOGRAFÍA: Federico Gama
Por: FEDERICO GAMA / PARTE II
Fotógrafo y amante de Tacubaya

Para comprender esta idea o concepto de “barrio” podemos decir que la forma en cómo se estructuraron los espacios urbanos, especialmente el de las vecindades, definieron una serie de relaciones sociales y formas de entender a la ciudad.

Las viviendas de vecindad se componían básicamente de un área de 2 x 4m, sin techo, que servía al mismo tiempo de zotehuela y cocina y un cuarto grande de 4 x 6 m, donde se acomodaban la mesa y las camas. En ese espacio solían vivir hasta 12 personas. Obviamente estos lugares obligaban a vivir gran parte de las actividades cotidianas fuera del cuarto de vecindad. El resto de los servicios eran comunales, baños, lavaderos y el agua potable.  No se necesita mucha ciencia para entender que para que esto funcione, porque aún existen muchas vecindades, sus habitantes se tienen que poner de acuerdo, cuando menos para hacer lo más elemental.  Pero además de esto, las fiestas, los velorios, los juegos, los pleitos, es decir, todo lo que no se puede hacer en un cuarto de 4 x 4 se hace en los patios de vecindad, así que el patio es de uno y es de todos. Esto genera necesariamente relaciones sociales y afectivas muy fuertes, lo cual no necesariamente genera una hermandad, pero si se aprende a ser solidario porque es la única manera de sobrevivir.

Una estampa de mis primeros 6 años dibuja muy bien lo que se vivía en estos espacios de aquella época. El Kalimán era un personaje del dos-seis-dos que de niño había sido bolero, era un tipo fuerte, alto, de ojos claros, usaba una chamarra negra de cuero sin camisa y un paliacate en el cuello, pantalones hippies acampanados, botas negras y casi siempre andaba en su motocicleta con un rubia a su espalda: una chavita bien fresa que vivía en una casona de Escandón. 

¿Cómo y por qué recuerdo esto con detalle? ¿Por qué tendría yo que saber de dónde era su novia si apenas tenía seis años?

Los periódicos de la época decían que se dedicaba a robar bancos y comercios, que era adicto a las drogas y que murió de un pasón en un lujoso hotel de Acapulco. Lo que yo si ví fue cómo organizaba en el edi unas tocadas y posadas bien chidas, que nos ponía guantes de box profesionales para hacer peleas por edades, que por las mañanas bien pacheco hacía barra en los barandales de las escaleras y que repartía bolo con una bolsa llena de monedas cuando le iba bien. Pero también había otro personaje que vestía todo de mezclilla con botas de trabajador  y casi siempre llevaba un morral de cuero, parece que estaba estudiando en la escuela normal y en sus tiempos libres, junto con sus amigos, nos enseñaban a leer en el terreno que quedaba al final del edificio donde jugábamos canicas, no recuerdo el nombre o el apodo del maestro, pero era el medio hermano de El Kalimán. Los polos opuestos vivían en la misma casa.

Federico Gama
Tacubaya, DF., 11 de febrero de 2011.
__________________________________________________________________________________



Exterior del Cárcamo de Lerma.
Fotografía María Bustamante Harfush, Enero 2011.
MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

En 1942 comienza la construcción de un canal de 2.5 metros de ancho por 62 kilómetros de largo para traer 6m3 de agua por segundo de los manantiales de la Laguna de Lerma -en el Valle de Toluca-, a la Ciudad de México. De los cuales 14 kilómetros del canal van subterráneos en la Sierra de las Cruces. Pero, no será sino hasta 1951 cuando el Presidente Miguel Alemán inaugure la obra.

El extenso acueducto subterráneo culminaría en el llamado “Cárcamo de Lerma” un monumento al agua proyectado por el Arq. Ricardo Rivas localizado en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec -abajo del Panteón Civil de Dolores-, a partir de donde se distribuiría y almacenaría en cuatro antiguos depósitos con una capacidad de almacenamiento de más de 50 millones de litros de agua cada uno. De ahí se dirigiría el agua hacia la Cámara Baja  -una edificación también de 1909-, ubicada frente al Museo de Tecnología de donde se bombearía y dirigiría por gravedad a la ciudad de México.








































Compuertas del Cárcamo a los
cuatro depósitos de almacenamiento.
Fotografía María Bustamante Harfush, Enero 2011.
La obra de infraestructura fue más allá al incorporar en el proyecto al artista Diego Rivera, quien realizó dos obras espectaculares en honor al agua. La primera, “La fuente de Tláloc”, una obra escultórica donde un gigantesco Tláloc yace tendido en un gran espejo de agua que se encuentra en el acceso, su cabeza mira por una parte al cielo y por otra al acceso del Cárcamo. La segunda, es una de sus mejores obras pictóricas titulada “El agua origen de la vida” realizada al interior del cárcamo, justo por donde entraba el agua antes de distribuirse a los distintos depósitos.

La obra mural en un principio -y por décadas- recibió directamente el agua de Lerma y la gente podía entrar al recinto y ver temeroso, aferrado al barandal y al pequeño pretil la imponente fuerza del agua cristalina que entraba precipitadamente al cárcamo.













































El agua conviviendo con el mural.
Fotografía Juan Guzmán, Fundación Cultural Televisa.

En 1976, ante el agotamiento de los recursos hídricos de la cuenca de Lerma, se tuvo que traer también el agua del Cutzamala, sin embargo, aún hoy en día y aunque parezca increíble el agua sigue llegando pura al cárcamo y sigue abasteciendo hasta un 30% del consumo de nuestra gran ciudad. 

En 1992 con el fin de preservar el mural, se hicieron las obras necesarias para que el agua siguiera pasando por debajo del cárcamo. En esa misma ocasión, se realizó la restauración profunda de sus murales, los cuales permanecieron cerrados al público hasta su reinauguración en diciembre de 2010, a partir de una serie de reparaciones y obras realizadas por el Gobierno del Distrito Federal, el Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental, el Fideicomiso Pro-Bosque de Chapultepec y otras Fundaciones privadas quienes invirtieron más 22 millones de pesos para dar mantenimiento al edificio principal, restaurar los murales, la obra escultórica y mejorar el espacio exterior, la vegetación, así como la construcción de un mirador auditorio –proyecto del Arq. Alberto Kalach-, elevando la topografía del propio bosque para poder apreciar desde otro ángulo la escultura que se extiende como tapete al pie del monumento.
Mirador proyecto del Arq. Alberto Kalach para ver la Escultura Tláloc, de Diego Rivera y el Cárcamo de Lerma.
Fotografía María Bustamante Harfush, Enero 2011.
El sonido original del agua entrando estrepitosamente al interior del cárcamo se amplificaba por la bóveda del techo y daba la impresión de que ahí llegaba toda el agua del mundo. El silencio en que quedó el cárcamo tras esconder su llegada bajo el monumento, se volvió a recrear con una instalación de un órgano sonoro, obra del artista Ariel Guzik llamada “Cámara Lambdoma” la cual genera una nueva sonoridad a partir de las aguas que pasan subterráneamente por el monumento recientemente rescatado.

Obra fantástica también, son las lumbreras de los cuatro antiguos depósitos de almacenamiento ubicados en la parte posterior del cárcamo, los cuales están rodeados por una serpiente ondulante de agua, obra escultórica también de Rivera.

Justo en la boca donde desembocaba el agua, Rivera pinta dos manos que generosamente se abren para captarla y darla, haciendo un juego visual entre la cabeza de la escultura de Tláloc al exterior y las manos al interior. El mural también manifiesta aspectos históricos, científicos y sociales del agua y nuestra cultura, las especies acuáticas características del Valle de México –algunas en peligro de extinción-; hombres trabajando con el agua; personas tomando agua; reforzando la idea de que sin el agua no habría vida.

Fragmento del Mural de Diego Rivera, “El origen de la vida”
Fotografía tomada en el sitio por la Arq. María Bustamante Harfush, Enero 2011.
__________________________________________________________________________________




Por: FEDERICO GAMA / PARTE I
Fotógrafo, hijo de Tacubaya


Fotografía: Federico Gama, de la exposición "Tacubaya: Una Cultura de Tránsito".
MIS TEMAS SON AUTOBIOGRÁFICOS

Me he dedicado de manera consciente a abordar temas como la identidad, las migraciones culturales y la vestimenta como una forma de expresión. Sin embargo, cada vez es más evidente, para mí mismo, que estos temas fueron cruzados o atravesados por una idea que me apasiona: mi vida en el barrio de Tacubaya, es decir, la recreación imaginaria en el barrio que irremediablemente conocí, que me vio crecer y que sin duda reconozco en muchas otras formas urbanas de la ciudad de México.

Curiosamente me percaté de esto precisamente cuando estaba escribiendo los textos para el libro Mazahuacholoskatopunk, un proyecto que simbólica y físicamente nace en el mercado Cartagena de Tacubaya.

Mazahuacholoskatopunk es un proyecto que tiene que ver esencialmente con la discriminación y con la solución que le dan un grupo de jóvenes a este fenómeno.  Lo que me seduce es el juego de paradojas que nos dibuja y nos exhibe como cultura, donde la migración y la inmigración cultural se confrontan y se transforman, es decir: los jóvenes de las culturas indígenas que vienen a trabajar al DF como albañiles, los hombres, y como trabajadoras del hogar, las mujeres, cambian o transforman su imagen indígena por una apariencia urbana, donde dicha apariencia, a su vez, fue importada por los jóvenes de la ciudad de muchas otras latitudes, como el punk, el cholo, el dark, el emo, el eskato, el gotico, el reguetonero, etc, etc…

Los Mazahuacholoskatopunk, como definí a este grupo por su hibridación, son una cultura en movimiento, que además viven viajando continuamente entre su lugar de origen y la ciudad,  todo en ellos está cambiando, su territorio es el tránsito: de la construcción al mercado, del mercado al salón de belleza, del salón a caminar por la feria de Tacubaya y de ahí al dancing y luego a la construcción donde su dormitorio también se va desplazando según va creciendo la obra. Su imagen o look tampoco esta decidida ni es definitoria ideológicamente, su atuendo se va modificando rápidamente de semana en semana y de estilo en estilo.

Y qué tiene que ver esto con el barrio de Tacubaya, además del caos vial del llamado Triángulo de Tacubaya?

Resulta que a mí me tocó vivir la decadencia de Tacubaya, el microcosmos donde yo me formé, donde aprendí a respirar, a percibir olores, sabores, las formas de relacionarme con los demás y el abrevadero de donde se nutre mi imaginario fotográfico. Sin embargo de esa decadencia del “pueblo de los palacios”, y vorágine urbana es el lugar y el momento del que me siento orgulloso de haber nacido y crecido alrededor de una serie de personajes y parajes arquitectónicos y sociales.

Quiero hacer una acotación, dije el “pueblo de los palacios”, porque si la ciudad de México fue la ciudad de los Palacios; según el viajero inglés Charles Latrobe, en su buena época Tacubaya fue sin duda el pueblo de los Palacios. (José Emilio Pacheco, Colegio Nacional, 2003)

La Tacubaya de mi infancia es la crónica de los años sesenta y setenta, cuando este lugar ya era parte de la barriada de la ciudad y de la gente con el “orgullo barrio”. Cuando quedaban muy pocos vestigios de los grandes palacios y jardines de condes, virreyes y arzobispos.

Ahora les tocaba el tiempo a las vecindades, el 80, el 40, el 18, el 2-6-2, con su gemelo el 2-5-8, el hoyo, la CP. Antes había muy poca gente en un terreno inmenso y ahora mucha gente viviendo una sola casa y mucho tránsito y “tráfico” en las calles.

Tacubaya era el espacio ideal de lo que fue el sueño mexicano para boxeadores, cantantes, aventureros, ladrones, artistas de cine, es decir, de todos aquellos que imaginaban que se iban a ser ricos de la noche a la mañana.

Federico Gama
Tacubaya, DF., 11 de febrero de 2011.
__________________________________________________________________________________


ETHEL HERRERA MORENO
Arquitecta y Doctora en Restauración de Monumentos


Recientemente presenté una ponencia en el Instituto de Investigaciones Históricas del INAH, donde toqué el tema de la Rotonda, sus antecedentes y diseño urbano. Después se hizo un análisis de sus monumentos funerarios considerando diversos aspectos: personajes que se encuentran en ellos, su época de construcción, los materiales con los que están realizados, su tipología morfológica y estilística, su iconografía e iconología y los autores de los mismos.

Intentaré dar una breve reseña de la misma a través de éste escrito. La Rotonda de las Personas Ilustres se ubica dentro del Panteón de Dolores, el cual se localiza en el Distrito Federal, en la delegación Miguel Hidalgo, en avenida Constituyentes esquina con la calle del Panteón. L

La Rotonda se sitúa en el eje principal del Panteón y es la zona medular y más importante del mismo. En ella encontramos personajes de gran importancia en diferentes campos y que forman parte de nuestra historia. Se llamó Rotonda de los Hombres Ilustres hasta el 4 de marzo del 2003 en que se le cambió por Rotonda de las Personas Ilustres.
En 1874, cuando se otorgó la concesión para establecer el Panteón de Dolores, se condicionó a los dueños a donar un terreno especial dentro del mismo para erigir los monumentos destinados a guardar los restos o a perpetuar la memoria de hombres ilustres a quienes se hubiese decretado o se decretaren honores póstumos y es éste el origen de la Rotonda.

Fue diseñada en forma circular con un diámetro aproximado de 60 metros y actualmente tiene dos hileras de monumentos funerarios colocados en la misma forma y una escalera que lleva al centro, en donde se encuentra una lámpara votiva, en memoria de los personajes y los hechos que los hicieron notables.

Está rodeada por una cerca de arbustos y tiene dos portadas iguales con puertas de hierro, flanqueadas por pilares moldurados de cantería. En ella figuran personajes de gran relieve nacional en diversos campos: poetas como Amado Nervo y Ramón López Velarde; distinguidos militares como Donato Guerra y Sóstenes Rocha; artistas como Angela Peralta, Dolores del Río y Virginia Fábregas; pintores como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros; científicos como Ignacio González Guzmán y Arturo Rosenblueth; políticos como José María Luis Mora y Melchor Ocampo; escritores como Juan A. Mateos y Rosario Castellanos; compositores como Jaime Nunó y Manuel  M. Ponce; pilotos como Francisco Sarabia y Carlos Rovirosa; educadores como Gregorio Torres Quintero y Jaime Torres Bodet; ex-presidentes de México como Valentín Gómez Farías y Sebastián Lerdo de Tejada; periodistas como Ignacio Ramírez (el Nigromante) y Manuel Altamirano; médicos como Francisco Montes de Oca; arqueólogos como Alfonso Caso Andrade; ingenieros como Francisco Díaz Covarrubias y Carlos Ramírez Ulloa, etcétera.

Hasta el momento son ciento once monumentos funerarios de gran calidad que expresan y simbolizan las actividades por las cuales destacaron los personajes, cuyos restos allí se encuentran. El primero sepultado aquí fue el teniente coronel Pedro Letechipía el 21 de marzo de 1876 y los últimos, tres importantes mujeres: Emma Godoy, Dolores del Río y María Lavalle Urbina, cuyos restos fueron depositados en 2006.

La mayoría de los sepulcros tienen monumentos que en son obras de gran calidad arquitectónica que expresan y simbolizan las actividades heterogéneas de cada uno de los personajes. Así, el monumento del ingeniero Carlos Ramírez Ulloa en forma de rayo, como fundador de la Comisión Federal de Electricidad; el de Ricardo Flores Magón con un libro abierto, símbolo de que fue escritor y periodista; el de José Juan Tablada  con un libro cerrado, también escritor y periodista; el de Ignacio González Guzmán con una placa con células como símbolo de que fue biólogo y científico, etcétera.
Algunos tienen elementos o están basados en alguna obra de los personajes, como el vitromosaico de Diego Rivera basado en un cuadro suyo y el de David Alfaro Siqueiros que es la representación en escultura del "Prometeo encadenado", realizado por el pintor en el mural del Hospital de la Raza; otros tienen esculturas de gran valor artístico como las de Sebastián Lerdo de Tejada, de Manuel Azpiroz y la de Melchor Ocampo; algunos tienen bustos de los personajes como los del Dr. Atl y Manuel López Velarde; otros tienen el rostro de los finados sacados de su máscara mortuoria como los de Diego Rivera y Amado Nervo y los hay, sumamente sencillos como los de José Clemente Orozco,  Virginia Fábregas y Juan O’Gorman.

Entre los escultores y diseñadores destacados que han realizado  monumentos en la Rotonda y cuya firma se encuentra en ellos, se encuentran: Octavio Adolfo Ponzanelli, Ernesto Tamariz, Víctor Gutiérrez, Enrico Alciati, José H. Morales, José Santiago León, S. Albano. Federico Cantú Fabila, Reynaldo Guagnelli, Zúñiga, Canessi, Armando Ortega, Beatriz Caso y los arquitectos Silvio Contri, Luis G. Olvera, Ubaldo Villa, Luis Martínez Luna y Sordo Madaleno.  

Fotografías: Ethel Herrera Moreno, “La Rotonda de las Personas Ilustres”, 2 de noviembre de 2010.
_________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

La obra de Vladimir Kaspé tapiza los libros de historia de arquitectura funcionalista-racionalista en el México de mediados del siglo XX.

Nace el 3 de mayo de 1910 (casualmente el día que se celebra la Santa Cruz) en Harbin, un poblado en la región de Manchuria cuando era parte de Rusia. A los 16 años se marcha a París a continuar sus estudios, donde estudia Arquitectura en la Escuela deBellas Artes donde conocerá al arquitecto mexicano -también estudiante- Mario Pani, quien lo acogerá a su llegadaa México tras la situación europea por la Segunda Guerra Mundial. Llega con su esposa en 1942 y ratifica sus estudios de arquitectura en la UNAM cuatro añosdespués, Universidad de la cual será profesor en Teoría de la Composición, asícomo de la Anáhuac, Ibero y La Salle. Muere en México en 1996.

La Universidad Iberoamericana (celebrando los 55 años del Departamentode Arquitectura y los cien años delnacimiento de Kaspé) inauguró en noviembre y diciembre de 2010 una exposición titulada “Vladimir Kaspé: arquitectura racionalista” curada por el Maestro Alejandro Aguilera [1], y próximamente se publicará un libro que llevará el mismo título, utilizando material fotográfico perteneciente al “ArchivoVladimir Kaspé”, que fue donado en comodato a la Universidad La Salle.

La obra de Kaspé consta de 191 obras -anteproyectos y construcciones-, entre 1942 y 1981, sin embargo la exposición hizo especial énfasis en mostrar su etapa racionalista, aprovechando las excelentes fotografías de época tomadas por Guillermo Zamora, reconocido fotógrafo de pintores como Kahlo, Rivera, Nishizawa, Chávez Morado y arquitectos como Pani, de la Mora, Barragán, Sordo Madaleno, del Moral y Álvarez.

En toda su obra destaca su elegancia en el trazo de plantas y fachadas, la sencillez en la utilización de pocos materiales, la armonía y la funcionalidad de los espacios, su lógica estructural y constructiva. Son varias las obras que construye dentro de la Delegación Miguel Hidalgo, como la Escuela Secundaria Albert Einstein sobre la Calzada México Tacuba; las casas en Montes Cárpatos, Sierra Tarahumara y Juan O’Donoju (1952-1956) en las Lomas de Chapultepec; ó el tan mencionado Súper Servicio Lomas (1948), importante edificiode usos múltiples que se encuentra desprotegido por las autoridades del patrimonio arquitectónico de la ciudad y valorado por los vecinos, quienes denuncian su inminente demolición para la construcción de una gran torre. Otro edificio importante lo construye en Lomas de Sotelo, conocido como el Centro Deportivo Israelita (1955-1958) sobre el Boulevard Ávila Camacho, pero es interesante particularmente la obra que emprende en la colonia Polanco, de la cual escribiré más ampliamente a través de 5 de sus mejores obras de vivienda, educación y deportivas.

[1] CRÉDITOS/Coordinación General y Curaduría:Alejandro Aguilera González; Diseño Gráfico: José Alejandro Ayllón Ortiz; Investigación:Alejandro Aguilera González, José Alejandro Ayllón Ortiz, Bertha Yuriko, Silva Bustillos, Graciela García Bringas; Fotografías:Guillermo Zamora Serrano; Apoyo documental y asesoría: Rogelio Barrón Fierro; Supervisión General: Carolyn Aguilar Dubose.
Fotografía: Guillermo Zamora, tomada de la exposición “Vladimir Kaspé: arquitectura racionalista”, U. Iberoamericana.

Edificio de Apartamentos (1947-1949) / Rubén Daríoesquina Wallon
.

A tan sólo una cuadra de Mariano Escobedo y de “La Millita” que da a Campos Elíseos, se localiza una esquina memorable para la ciudad, me refiero al cruce de Rubén Darío y Wallon, donde se levantan en cada esquina dos de los mejores edificios de vivienda del siglo XX en México. Curiosamente proyectados y construidos por los dos amigos: el Arq. Mario Pani y el Arq.Valdimir Kaspé. El primero edifica el de la esquina Sureste con un bellísimo edificio en tabique aparente, dejando libre la esquina con un jardín común queda acceso al conjunto. El segundo, toma la esquina Noreste con fachadas terminadas en cantera, ladrillo y concreto, y expone una de las fachadas más plásticas y libres del racionalismo en México; pareciera una fachada que baila, que se ondula, que se remete, que brota, que surge. Ahí, en el nivel superior,vivió y trabajó el propio Arquitecto Vladimir Kaspé.

Al interior vuelven a surgir las curvaturas de los muros, en el patio posterior enforma de medio pétalo y en los muros ondulantes al interior de algunos departamentos y en el vestíbulo de acceso.

Tuve la oportunidad de entrar a conocer uno de los departamentos y me sorprendió su sencillez y las decisiones que tomó en la distribución de los espacios, como el privilegiar la esquina con la ubicación de la sala comedor, colocando en el acceso al departamento una de las habitaciones con su baño y otra en el otro extremo del departamento dejando a un lado la importancia de separar los espacios públicos y privados. Sin embargo, mantiene las constantes en su obra, como la correcta vestibulación de los espacios comunes ocupando el mínimo de área, la ventilación de baños a través de las fachadas o cubos de luz internos.

Es poco visible en las fachadas exteriores, pero en la parte Este del predio los departamentos son de dos niveles y de la esquina a la fachada Sur, los departamentos son en un solo nivel.

Toda la planta baja tiene un sutil tratamiento de los portones para cada automóvil, con columnas sueltas aparentes que dan la impresión de irse remetiendo, cuando en realidad la fachada ondulante va generando ese movimiento. La esquina se abre orgánicamente con dos placas de piedra curveadas que dirigen al vestíbulo principal.
Fotografía: Guillermo Zamora, tomada de la exposición “Vladimir Kaspé: arquitectura racionalista”, U. Iberoamericana.

Liceo Franco Mexicano (1950-1958) / Homero 1521
.

Se le encarga al Arq. Kaspé, el proyecto de uno de los colegios franceses más reconocidos en México, con la consigna de albergar todos los niveles educativos de jardín de niños a bachillerato en un extenso predio de una manzana, pero se le pide utilizar materiales económicos y sencillos para su realización, empleando básicamente 5 materiales: tabique aparente, piedra, concreto, acero y vidrio.

En la esquina de Homero y Plinio, el acceso se convierte en un juego volumétrico en fachada con una ventanería a doble altura, un espacio completamente abierto, luminoso y con un gran mural a manera de díptico, reflejando en cada uno aspectos de la nacionalidad francesa y mexicana. De éste acceso se desprenden hacia cada calle dos volúmenes horizontales en concreto y tabique aparente, que alojan las aulas, talleres y laboratorios, protegiendo con parteluces la fachada con orientación Sur.

En diversas ocasiones se le han realizado intervenciones al edificio original, sin embargo se ha respetado en su mayoría la propuesta de Kaspé. Por ejemplo, ahora el Liceo cuenta con otro acceso importante en la esquina que da a la Avenida Ejército Nacional y Ferrocarril de Cuernavaca, donde un inmenso muro curveado de tabique aparente deja libre la esquina que anuncia el Liceo Franco Mexicano y una escalinata de concreto como pequeño anfiteatro remata al centro con una modesta puerta central. Además se ha cerrado por completo toda la manzana con nuevos edificios perimetrales y es importante anotar que es uno de los primeros colegios en instalar sistemas que hagan más sustentable el edificio, como la captación de agua pluvial, entre otros.
Fotografía: Guillermo Zamora, tomada de la exposición “Vladimir Kaspé: arquitectura racionalista”, U. Iberoamericana.

Club Deportivo Privado (1955) / Aristóteles 239
.

Kaspé proyecta un interesante edificio con un programa muy particular, un club deportivo privado para una familia numerosa. Una fachada sumamente contemporánea se levanta sobre la calle. Una gran placa-muro en piedra caliza impide la visibilidad hacia el interior y sólo una franja de cancelería negra en forma de L invertida se deja en el acceso y sobre la misma placa. La planta del edificio tiene también forma de L, dejando al centro la alberca.

Actualmente la fachada original ha sido gravemente alterada con la abertura de nuevos vanos en el muro de piedra caliza con el establecimiento de un nuevo restaurante y el resto del edificio está ocupado por la “Euskal Etxea” que quiere decir “Casa Vasca” o Centro Vasco.
Fotografía: Guillermo Zamora, tomada de la exposición “Vladimir Kaspé: arquitectura racionalista”, U. Iberoamericana.

Edificio de Apartamentos (1958) / Dickens esquinaPlatón
.

He recorrido en innumerables ocasiones la calle de Dickens porque me parece la más bella y representativa de la buena arquitectura en Polanco. El edificio de Kaspé siempre llamó mi atención, aún más que todos por su espectacular juego de volúmenes escalonados en la esquina, primero una habitación cerrada que se liga a una terraza cuadrada en la esquina que después continúa en una terraza alargada sobre la calle de Dickens y termina en un último escalonamiento en un espacio cerrado y un gran muro placa que limita el predio. El juego volumétrico me parecía sensible, fuerte, y propositivo para la ciudad. Ahora, a partir de la exposición fotográfica me sorprende aún más saber que fue uno de los primeros edificios en dicha calle, lo cual significó la pauta a seguir en futuras construcciones que se adaptaron armónicamente al entorno.

Dos departamentos se ubican en el primer nivel y en los siguientes, otros cuatro departamentos se desarrollan en un nivel completo con vestíbulo, sala con chimenea, comedor, estudio, cocina, alacena, áreas de lavado, servicio, 3 habitaciones con amplias zonas de guarda y baño, amplias terrazas al frente y todos los espacios correctamente ventilados e iluminados.

Importante para la época, el que haya considerado dos lugares de estacionamiento por departamento, un núcleo central de circulaciones verticales (elevador yescalera) el cual ocupa un mínimo espacio, un vestíbulo diferenciado en planta baja, una vivienda digna para el conserje y una pequeña área ajardinada en la esquina posterior.
Fotografía: Guillermo Zamora, tomada de la exposición “Vladimir Kaspé: arquitectura racionalista”, U. Iberoamericana.

Centro de Reeducación Física y Estética (1973) / Lopede Vega 316, frente al Parque Uruguay
.

En un terreno típico de Polanco, rectangular y alargado con poco frente, se levanta este Centro en un edificio desarrollado en cuatro niveles.

La fachada se remete del paramento de la calle y anuncia su acceso con una escalera escultórica al frente, que lleva al vestíbulo principal en una triple altura con un gran ventanal que aprovecha la vista arbolada hacia el Parque Uruguay.

La planta baja la utiliza de amplio estacionamiento para los clientes del Centro. En el primer nivel de recepción, se ubicaban los baños y regaderas, cabinas de tratamientos de belleza y en la parte posterior salones de acondicionamiento físico.

Con la renovación para alojar al Consejo Británico en México, se enfatizó aún más el volumen del elevador forrándolo con mosaico veneciano en color rojo-anaranjado y la escalera que sube a todos los niveles que son visibles a través de la doble altura del acceso.

La intervención realizada comprueba una vez más, cómo con buenos proyectos de origen y arquitectos sensibles, un edificio puede permanecer en el tiempo dignamente y sin grandes alteraciones a su aspecto original.

La calidad arquitectónica de las obras anteriores, ha permitido que su estilo perdure en las calles de la colonia y se distingan, cosa que no ha sucedido con muchas otras obras de los años 50 y 60 en la zona, las cuales han sido paulatinamente demolidas o transformadas drásticamente quitándole el estilo original con falsas renovaciones, que contradictoriamente le van restando valor al inmueble.

La cancelería original, la proporción de las ventanas, la piedra en su formato y textura original, los vanos y macizos de las fachadas exteriores e interiores son, entre otros, el sello que cada arquitecto ha impreso a su obra y es lo que los diferencia a unos de otros. Ojalá sus habitantes sean cada vez más sensibles con el lenguaje arquitectónico que grita su propio edificio.

Ahora, sal a la calle y conoce estos edificios en vivo, que ahí están a la espera de ser reconocidos.

Exposición itinerante
que estará durante enero-febrero de 2011 en el Centro Cultural Vladimir Kaspé en la Universidad La Salle. Benjamín Hill 43, Col. Condesa, Cuauhtémoc, Distrito Federal, Metrobús De La Salle o Metro Patriotismo. Mayor información: Tel. 5278 9573 / Lu-Vi: 10 AM a 6 PM

Informes sobre publicación: Universidad Iberoamericana, Departamento de Arquitectura / Tel. 5950 4121
________________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx
Casa Taller de David Alfaro Siqueiros, Polanco 2010.
Fotografía: María Bustamante Harfush.

Siempre he admirado profundamente a la gente que dona su patrimonio, su biblioteca, su legado personal y sus propiedades, a la cultura para la gente de México. Y más aun me admira éste gesto en un personaje como David Alfaro Siqueiros quien a pesar de ser encerrado por cuestiones políticas y exiliado de su propio país, le agradece al pueblo de México donando su propia casa y taller ubicado en Tres Picos 29, en la colonia Polanco, en la Delegación Miguel Hidalgo [DMH].

Además de la construcción, donó un importante acervo que puedes consultar ahí, tales como pinturas, obras gráficas, dibujos, expedientes, fotografías, largometrajes, videos y sus más de dos mil libros. Siqueiros muere el mismo año en que yo nací y es enterrado en la Rotonda de los Hombres Ilustres en el Panteón Civil de Dolores [DMH]. Su tumba está claramente identificada por una escultura al estilo Siqueiros realizada por uno de sus alumnos, un hombre poderoso con fuerza, en movimiento que apunta hacia la tierra.

Su casa-taller me fascinó la primera vez que la conocí. Una casa funcionalista, de tres niveles, con exterior muy cerrado, callado, humilde, diseñada y construida en 1951 por el ingeniero poco conocido José Guerrero Arocha. Una pequeña puerta abría al estrecho vestíbulo y un pasillo obscuro conducía a la sala y a la escalera que unía con la parte privada de la casa. La sala era alucinante porque los muros, todos los muros y los techos, todos los techos, tenían murales realizados por él y entre los fuertes trazos y su peculiar manera de hacer dramática la perspectiva -llamada ‘poliangularidad’-, se encontraban insertados a pequeña escala, algunos de sus murales más famosos como el que realizó para el Polyforum Cultural Siqueiros.

Al subir por la escalera –que luego se vuelve rampa-, uno remataba en el cuadro que le hizo a su esposa Angélica Arenal en 1947 y junto a éste había enmarcada una carta de amor de ellos. Y uno de pronto se daba cuenta que estaba en un espacio personal, donde había vivido y trabajado su arte y que ahora uno entraba en esa privacidad. Este 2010, le hicieron una nueva remodelación a la casa que está bajo el resguardo del INBA y con el afán de adaptarlo a las condiciones y necesidades de los museos actuales, de darle servicios como cafetería, guardarropa, tienda, bodegas, etc. también tenían el objetivo de darle una apertura, para hacerlo más visible al transeúnte ya que es quizás uno de los museos más escondidos del INBA y con poca afluencia.  


Nuevo acceso a la Sala de Arte Publico Siqueiros, Polanco 2010.
Fotografía: María Bustamante Harfush.

La apertura se dio abriendo por completo toda la fachada en la planta baja, dejando visible prácticamente todo el interior. Así es que ahora la gente que pasa por la banqueta voltea a verlo, ve todo y no ve nada, prefiere no entrar a un espacio intimidante, que pudiera costar aunque en realidad es gratuito los domingos y hay descuentos para estudiantes y adultos mayores. Pero la gente que va al Bosque de Chapultepec siente una especie de temor de entrar a un espacio tan imponente y piensa en que ya vio todo desde el filo de la puerta. Se ha perdido el encanto de descubrir lo que guardaban sus paredes, ha quedado expuesta, desnuda, y sólo un video al entrar a la casa nos trae al presente al gran artista Siqueiros.

El gran vestíbulo que se ha creado al frente es a la vez recepción, guardarropa y da la impresión de una tienda de mobiliario contemporáneo y libros. Es moderno, actual, predecible, incluso se ve bien, pero yo prefiero esa sensación que causa el saber que se está entrando a la casa de un gran maestro del que conoces su vida y obra, pero no su espacio, sus libros, sus muebles. Es ese descubrir a la persona y su entorno, sus gustos personales, su ventana, la luz, el silencio del espacio que alguna vez habitó.

Si bien Siqueiros quería que fuera “un centro de experimentación público para el arte que está por venir, en un espacio abierto al presente, donde su legado esté en dialogo constante con las preocupaciones teóricas y creativas del arte actual,” luego entonces es muy probable que le agradara al mismísimo Siqueiros esta renovación, con el fin de que a partir de ésta intervención espacial, no haya mexicano que no conozca su casa taller en Polanco, donde vivió una buena parte de su vida, de la misma manera que son visitadas la Casa Taller de Diego Rivera, Frida Kahlo y Luis Barragán.

Ubicación: Tres Picos 29, Col. Polanco, Miguel Hidalgo, Distrito Federal, Metro Auditorio y Polanco.
Tels. (55) 5203 5888, 5531 3394 / Martes-Dom: 10 AM a 6 PM
__________________________________________________________________________



MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

Vista aérea del Colegio Franco Inglés ubicado sobre la Calzada de la Verónica, antes de las obras del Circuito Interior –hoy  Bicentenario-, donde actualmente se encuentra Plaza Galerías. Fotografía enviada por Don Alfredo Borja, Cía. Mexicana de Aerofoto, ICA, No. 440.


El Colegio Franco Inglés fue mi colegio, donde cursé toda la primaria, secundaria y preparatoria. Recibí de parte de Don Alfredo Borja esta fotografía, me causó grata sorpresa por lo que ahora quiero compartirles algo de sus más de 100 años de historia.

Maurice Rousselon funda el Colegio en 1906 con 66 alumnos y lo llamó Institut Franco Anglais Sainte Marie, cambiando su nombre poco después por Colegio Franco Inglés.
Al principio fue colegio de varones, destacándose numerosos alumnos tales como: Guillermo López Portillo, jurisconsulto y escritor; Agustín Legorreta fundador del Banco Nacional de México; David Alfaro Siqueiros el gran muralista; Julio Barreda; Enrique Lascurain; O’Gorman, entre otros.

El número de alumnos creció rápidamente a 350 y se vio la necesidad de construir el nuevo Colegio inaugurado el 11 de febrero de 1912 en la Calzada de la Verónica, en lo que en tiempos prehispánicos, se llamó Mazatzintlamaco.

El colegio estaba construido sobre un extenso terreno de 5 hectáreas, estaba dividido en dos: el “colegio chico” para párvulos y el “colegio grande” para los mayores, donde estaba el gran patio de 9,750 m2. Tenía espaciosos campos deportivos, alberca, un edificio de 180 metros de largo en dos pisos y otro de 60 metros de largo donde albergaban 40 salones de clases, dormitorios de los internos y laboratorios.

Había una sala de teatro, enfermería, capilla, comedores y salas de estudio. Había un servicio de trenes que llegaba a media cuadra del Colegio. Y los alumnos tenían horario de 8 de la mañana a 5 de la tarde.
Había internados, medios internados y los que salían a comer a su casa y volvían por la tarde a estudiar nuevamente.

Las cuotas de inscripción eran de 5 pesos anuales, la primaria costaba 9 pesos, la secundaria 12 pesos y la preparatoria 20 pesos anuales. Al principio, las clases se impartían en español y en francés; después en español y en inglés.

Para 1929 el Colegio contaba con 525 alumnos, de los cuales 40 eran internos. El Colegio Franco Inglés o “El Franco”, fue el primero en introducir en México el servicio de transporte escolar, el Futbol Americano, el Beisbol y el Escultismo Mexicano.

Lo anterior aunado a su excelente enseñanza, le dieron el reconocimiento como el mejor colegio de la Ciudad de México. El esplendor fue decreciendo, habría que imaginar que en 1933 tenía 960 alumnos y para 1935 apenas llegaban a 119, al suprimir la primaria y secundaria, cerrando sus puertas por un breve tiempo.

El 10 de febrero de 1950 vuelve a abrir sus puertas y a posicionarse como una de las 10 mejores de todas las incorporadas a la UNAM. En 1975 se abandonan las instalaciones de la antigua Calzada de la Verónica y Melchor Ocampo para ir a buscar su nueva sede, aparentemente “las obras de construcción que se estaban realizando del ‘anillo’ interior, hacía imposible permanecer por más tiempo en el antiguo islote de Mazatzintlamaco”.

Durante 3 años estuvieron buscando el terreno ideal para la nueva sede en: Satélite, Desierto de los Leones, Huizachal, El Pedregal, entre otros, hasta que se decidió por una zona recóndita donde habría varios nuevos colegios –algunos de padres y monjas- como el Cumbres, Rosedal, Regina, Vista Hermosa, etcétera. Y se compraron los terrenos cerca del pueblo El Olivo, en la loma de Casa Vieja de la antigua Hacienda de Jesús del Monte, en la Delegacion Cuajimalpa donde se ubica actualmente. Los terrenos pertenecían a Don Juan Silviano Pérez González quien en un “volado” con el Padre Villaseñor –director del Colegio-, obtuvo el precio de 50 pesos el metro cuadrado.

Con tres años de anticipación avisaron del cambio al lugar a donde todos decían “era en otra parte del Universo!” y el número de alumnos volvió a decrecer. La construcción del nuevo edificio la realizó IPSA -una compañía dependiente de ICA- y en tan sólo 4 meses, en plena época de lluvias -de mayo a septiembre-, más de 400 personas trabajando día y noche, lograron construir la nueva sede que abrió sus puertas en septiembre de 1975.

Mientras tanto, el antiguo colegio era demolido para levantar entre sus patios, campos de juego, internados y salones de clase las nuevas edificaciones como Plaza Galerías.

Yo llegué al “Franco” en 1980, a cursar el primer año de primaria y el nuevo plantel siempre me pareció nuevo, moderno, funcional, con mucho campo virgen alrededor donde jugar escondidillas, laberintos de tierra, barrancas, flores, montañas. Desde entonces el número de alumnos ha sido constante y sigue formando alumnos que en sus distintas áreas profesionales han realizado importantes aportes al país.
Dibujo en perspectiva del nuevo Colegio Franco Inglés ubicado en El Olivo, Loma de Casa Vieja en la antigua Hacienda de Jesús del Monte en la Delegación Cuajimalpa. Fotografía del anuario homenaje a sus 75 años del Colegio Franco Inglés: 1906-1981.
____________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

En 1997 visitéel edificio del Ex Arzobispado enTacubaya –ubicado sobre Av. Observatorio-, la Mapoteca Orozco y Berra en el mismo sitio y el Restaurante Casa Merlos que está a la vuelta de la manzana sobre lacalle Victoriano Zepeda ysimplemente recorriendo y observando las casas y las fachadas me sorprendióleer en una placa negra con letras doradas “Estación Sismológica de Tacubaya” UNAM. No imaginaba lo queencontraría detrás de un simple portón de herrería negra.

El Sr. Alonso Trejo Ibarra abrió la puerta,al sitio y a sus recuerdos. Sin conocerme, me invitó a tomar un café con lechey pan dulce delicioso en compañía de su esposa.Deinmediato comenzó a contar la historia del lugar que por décadas había estadocuidando y de la maravillosa historia de la Estación Sismológica que había registrado todos los Sismos de la Ciudadde México y del País desde 1910 hasta el terremoto de 1985, cuando seconstruyeron nuevas instalaciones en la UNAM.

Lamaquinaria alemana, los documentos históricos y la singular arquitectura seguiríanintactos, resguardados y protegidos por él hasta su muerte, algunos años mástarde.Él mismome platicó entre otras cosas, de las ‘banquetaspara enamorados’ en Tacubaya, dondesólo cabía la pareja abrazada, y del lecherodejando los garrafones de vidrio en el escalón de la puerta sin que nadie losrobara de ahí.

A sumuerte, quedó el sitio en total abandono y pensé que era una lástima que ningúnciudadano lo conociera y que estuviera de puertas cerradas al público general.Siempredecía que era un lugar que debía de convertirse en Museo de Sitio y que sus puertas debieran de estar abiertas.
Hoy, el recinto está completamente restauradopor la UNAM, y se ha realizado una museografía especial para mostrar todaslas maravillas del sitio y de la profesión.
Este 5 de septiembre de 2010, se abren al públicogeneral nuevamente sus puertas para celebrar sus primeros 100 años.

Tengoel gusto de compartir con ustedes un escrito que realizó el Dr. Manuel Mena –gran conocedor delsitio e impulsor de su rescate con quien estuve en contacto a raíz de suinminente restauración-; escrito que estoy segura ampliará su interés porconocer el Museo.      


LA ESTACIÓN SISMOLÓGICA CENTRAL DE TACUBAYA: 100 AñOS
Museo de Desastres Geofísicos y Geológicos  

MANUEL MENA JARA
Instituto de Geofísica, UNAM
mena@geofisica.unam.mx  

La Estación Sismológica Central de Tacubayaes parte importante del patrimonio histórico y científico del país. Seencuentra enclavada en una zona de gran trascendencia para la historia deMéxico, ubicado entre el edifico colonial del ex arzobispado, el edificio delobservatorio meteorológico, el museo cartográfico y la Preparatoria 4.  

Antecedentes
El primero de abril de1904 se reunieron en Francia representantes de dieciocho países, entre ellosMéxico, con el fin de crear la Asociación Sismológica Internacional y mejorarla instrumentación sísmica a nivel mundial. Para cumplir con los compromisos adquiridosen esa reunión, el Gobierno mexicano decretó, en ese mismo año, la fundacióndel Servicio Sismológico Nacional(SSN).

Comoprimer paso se planteó la instalación de la Estación Sismológica Central de Tacubaya, la cual se empezó aconstruir a partir de septiembre de 1908, en el extremo noreste delObservatorio Astronómico Nacional y fueinaugurada como parte de las fiestas del Centenario el 5 de septiembre de 1910
Para suconstrucción se tomaron en cuenta las principales características de losobservatorios sismológicos más adelantados de su época y se le dotó deinstrumental de punta en el campo de la sismología de principios del siglo XX. 

Laestación de Tacubaya consta de: eledificio que servía como oficina, que en sí mismo constituye un monumentoporfiriano que vale la pena conservar, y dos pabellones construidos exprofesopara albergar una colección de sismógrafos. De hecho, siete de estos todavía están en operación y constituyen probablemente el sistema másantiguo de América, que ha operado por mayor tiempo y de forma continua. Como ejemplo, basta mencionar el sismógrafo “Wichert”,de fabricación alemana, con una masa de 17 toneladas, que hasta donde sabemossólo quedan dos en el mundo

Toda esta red, incluyendo la Estación Centralde Tacubaya, quedó a cargo del InstitutoGeológico Nacional, dependiente de la Secretaríade Minería y Fomento, y en 1929 pasó a ser parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quedando adscritaal Instituto de Geofísica a partirde 1948
Al ser la sede del SSN, en el aspectoinstrumental, administrativo y de investigación, en las instalaciones dela estación se encontraba depositado, además del instrumental citado, todo el acervo de sismogramas existente enel país, lo que constituye lahistoria sismológica de los últimos 100 años.

Actualmente estos documentosse encuentran debidamente resguardados en la Biblioteca de Ciencias de la Tierra en Ciudad Universitaria de la UNAM.

REMODELACIÓN DE LA ESTACIÓN SISMOLÓGICA DE TACUBAYA 
Como semencionó anteriormente, es indudable que la Estación Sismológica de Tacubayaconstituye un elemento valioso de la ciudad, de la Universidad y de la historiade la ciencia en México; su rescate y puesta a disposición de los universitariosen particular y de la sociedad en general debe inscribirse dentro del rescatepatrimonial y cultural de la ciudad y del país.  

A partir de ello hemos transformado la antiguaestación sismológica en un espacio cultural y de usos múltiples, en el cualpuedan coexistir tanto un “museo vivo” como salas de exposición y cursos oconferencias
. Esto último significa convertir este centro en un espacio en el que podamos recordar, deuna manera interesante, la vulnerabilidad de esta ciudad y del país a fenómenosde tipo sísmico, volcánico o geológico

Finalmente,la ubicación de la estación, al poniente de la Ciudad de México, abre unamagnífica oportunidad para formar uncomplejo cultural en esta parte de la ciudad, avocado a las ciencias de latierra, con la inclusión de la EstaciónSismológica de Tacubaya, la unidad temática entre el Museo de Cartografía, el ObservatorioMeteorológico Nacional y las facilidades del Instituto Panamericano deGeografía e Historia

Asimismose proporciona a los expertos un lugar ideal para organizar: diplomados, congresos o una plataforma parael intercambio de opiniones sobre la naturaleza de los desastres y las técnicasde mitigación de los mismos
Paraconmemorar el centenario de la EstaciónSismológica Central de Tacubaya, el Institutode Geofísica de la UNAM, inaugura la exposiciónde Instrumento Geofísicos 1910-2010
5 de septiembre del presente año a las 12:00 del día.
CalleVictoriano Zepeda Núm. 53,
Col.Observatorio
Del. MiguelHidalgo[Atrás dela prepa 4]       

____________________________________________________________________



MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

Our Cities Ourselves [Nuestra ciudad, Nosotros mismos] es una exposición que muestra la visión de 10 fascinantes ciudades vistas desde el punto de vista de 10 arquitectos líderes en el mundo. Ciudades que han dado pauta en cuanto a transporte sustentable y que son un terreno fértil para futuras transformaciones.

Son además ciudades donde el Instituto de Políticas del Transporte y del Desarrollo [www.itdp.org.mx] trabaja actualmente, en países como Argentina, Colombia, Estados Unidos, India, Sudáfrica, etcétera, las cuales tienen el potencial de crear una transformación urbana que les es necesaria. Ciudades en desarrollo y con una expectativa de gran crecimiento urbano para los próximos 20 años, que tienen hoy la oportunidad de evitar los errores cometidos por ciudades ya desarrolladas, como la dependencia al auto que se da en las ciudades de Estados Unidos.  

Se eligió un despacho para cada ciudad que tuviera un conocimiento cercano de la ciudad y que plantearan una propuesta innovadora de diseño urbano, haciendo énfasis en el transporte sustentable. Los resultados combinaron creatividad y pragmatismo y mostraron que es posible diseñar una ciudad para nosotros mismos.  

En el caso de México, el proyecto lo desarrolló desde hace varios meses el grupo arquitectura 911sc [www.arq911.com], quienes me contactaron en Febrero de 2010 para saber más de la zona de Tacubaya, sitio elegido para elaborar una propuesta visionaria, donde a partir de retomar aspectos importantes de su historia, urbanismo, arquitectura y medio ambiente, pudieran generar un proyecto donde con elementos puntuales que pudieran aplicarse actualmente, signifiquen un cambio positivo para la zona hacia el 2030.  


Tacubaya, con su grandiosa historia e importancia durante siglos, es quizás el poblado mas  avasallado por el crecimiento de la ciudad de México. A pesar de ser considerado un sitio paradisiaco, donde se construyeron hermosas casas de campo durante el siglo XVIII, XIX y XX; a partir de 1950 comienza una acelerada decadencia y destrucción de su centro principal.
La construcción de la Línea 1 del Metro Tacubaya que fue como una bomba que destrozó la traza urbana original, la plaza y el portal de Cartagena; la tala de los fresnos sobre la Calle Real, hoy Avenida Jalisco y la ampliación de la Calzada Tacubaya y del Calvario, hoy Vasconcelos y Revolución; los pasos a desnivel en Av. Observatorio, Constituyentes, Parque Lira; el desorden -latente desde hace décadas- del paradero de autobuses, taxis y metro; el transcurrir diario de más de 100 mil personas por ese nodo caótico; el ambulantaje y el mercado; el entubamiento de los ríos Becerra y Tacubaya -hoy Viaducto-, nos dan idea de la gran transformación que sufrió esta zona que se debate entre ser la residencia oficial del Presidente del país y a la vez una de las colonias más conflictivas e inseguras de la ciudad.

La propuesta busca resolver ésta problemática al realizar una gran plaza sobre las principales vialidades y las salidas del Metro Tacubaya. Con ello se busca revitalizar las calles, creando espacios adecuados para peatones, ciclistas, autobuses y metrobuses. Se propone edificar también una estación multimodal que concentre los distintos medios de transporte alrededor del Metro Tacubaya, generando a su alrededor espacios para caminar, plazas para estar y líneas de rodamiento para bicicletas.

A través de estas vistas digitales, podrán apreciar algunas de las ideas planteadas como el reverdecimiento de algunas calles, el ordenamiento peatonal y vial –autos, bicicletas y metrobuses-, la colocación de bolardos para la conformación de plazas y pasos peatonales claramente definidos y señalizados, la construcción de equipamientos adecuados que den vida y seguridad a la zona circundante a la gran plaza planteada, mobiliario urbano ordenado y limpio, entre otros.

Créditos: Agradezco la facilitación de la información aquí mostrada a José Castillo, Akemi Sato y Xavier Treviño de arquitectura 911sc e ITDP México. Our Cities Ourselves 
Esta expuesta de Junio 24 a Septiembre 11, 2010 Center for Architecture
536 LaGuardia Place, NY, NY 10012
(212) 683-0023
Lunes a Viernes: 9am a 8pm
Sabado: 11am a 5pm http://www.ourcitiesourselves.org/index.php/exhibition/city/mexico_city/  

     
___________________________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

Breviario: Giselle Leyva Petit me contactó para solicitarme alguna información que pudiera orientarla en la investigación que ha estado realizando al editar las memorias de su bisabuela –Doña Carlota Morales del Río-.

El libro se titula “El Eco de Mi Vida: Mirada de una Dama Porfiriana a la Transición Revolucionaria”. Doña Carlota, se casó a finales del siglo XIX con un reconocido médico de Tacubaya, el Dr. Fernando Ortega, y contaba que “le llamaban el San Rafael de Tacubaya porque en su botica recibía de manera gratuita a ‘los pobres’ de Tacubaya y les regalaba las medicinas. Él murió en la primera década del XX y miles de personas vinieron a su funeral con el corazón entristecido”. Si el que lee estas líneas sabe algo más al respecto que pueda serle de utilidad, no deje de escribirle a su correo electrónico adjunto.
 
Quiero agradecerle a Giselle el interés que tiene de compartir a través de éste medio su conocimiento y las anécdotas familiares a través de un extracto del libro, el cual como podrán apreciar va construyendo la micro historia que todos queremos saber de Tacubaya.
                                                          Atentamente  María Bustamante Harfush

GISELLE LEYVA PETIT
Invitada Especial
gisleyva@bgc.com.mx


Carlota Morales del Río [1873-1967] y su marido, el Dr. Fernando Ortega Muñíz



“…En otras palabras, había madurado, había sufrido y ansiaba orientar a otras mujeres indefensas a salir avante ante las vicisitudes de la vida, con sus propios méritos. Llevada por este sentimiento y con el apoyo amplísimo de Fernando,[1] trabajé incansablemente para que el Congreso de Madres -al que pertenecía y que estaba formado por un grupo de damas de la sociedad de Tacubaya-, tuviera un completo éxito.
 
Expuse un proyecto a las mencionadas damas y éstas me prestaron su apoyo para recaudar fondos y crear un “asilo” diurno para los hijos de los obreros, a fin de que pudieran dejar a éstos bien cuidados durante las horas de trabajo.
Secundado mi proyecto por la mayoría de las señoras del Congreso, se formó una especie de Comité Local, encargado de organizar una kermés con fines benéficos que resultó -por lo animada y lo novedoso de sus puestos-, lucidísima y, además, muy productiva para nuestros fines.

Puedo decir, sin jactancia alguna, que sin darme cuenta, fui la precursora, con mi idea, de las “guarderías” infantiles que hoy en día, gracias a Dios, funcionan en la mayoría de las dependencias gubernamentales e instituciones privadas.
 
El hermoso parque[2] donde tuvo efecto la fiesta se llenó por completo de numerosa y brillante concurrencia, deseosa de divertirse y de contribuir a la vez con su óbolo al éxito de la benéfica institución a la que se destinaba. Virginia Fábregas fue invitada por nuestro Comité, con objeto de que representase una obra que atrajera más público y en el salón teatro que se instaló, se verificó la actuación de tan eximia actriz.

Lució su talento y conquistó grandes aplausos por haber tomado parte, de modo tan noble, en la benéfica kermés. Llamó mucho la atención del público la novedosa idea de que la ornamentación de los puestos de confeti era de acuerdo con el color de los papelitos que se vendían….
 
…Días más tarde, fuimos un grupo de señoras a darle las gracias a Doña Carmelita Romero Rubio de Díaz,[3] Fundadora del Congreso de Madres de la Casa de la Obrera, que no pudo asistir a la kermesse pero envío su óbolo, habiéndome correspondido a mí el honor de tomar la palabra a nombre de la Sociedad de Madres, para explicarle los fines a que se destinaría dicho evento.

Mis palabras fueron publicadas en la Revista “Arte y Letras”, con halagadores conceptos.”
 
[1] Se refiere al doctor en cirugía Fernando Ortega y  Muñíz, quien se casó con Carlota cuando ella quedó viuda a los 28 años con 6 hijas. De ese segundo matrimonio nace la abuela Chabela, quien redactó las notas que le fue dictando su madre para hacer este libro y que ahora Giselle Leyva Petit ha transcrito e ilustrado.
[2] Pudiera referirse a la Alameda de Tacubaya y a los hijos de los obreros de la zona, como un primer proyecto.
[3] Esposa de Don Porfirio Díaz.

___________________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx



Esta mañana han desfilado ante mis ojos cientos, miles de Niños Dios vestidos de inimaginables maneras.  Es 2 de febrero y el atrio del Convento de Santo Domingo en Tacubaya se ha convertido en una pasarela de los más bellos y antiguos Niños Dios de la ciudad. Sobre sus baldosas de piedra van y vienen mujeres y hombres buscando la bendición para su Niño Dios en la Iglesia de la Candelaria.   Ésta tradición ha permanecido admirablemente por siglos, de generación en generación.  Me tocó ver el caso de una pequeña niña cargando su propio e individual Niño Dios de cartón vestido como soldadito, una joven con el suyo de plástico con pañal y telas blancas, la madre portaba uno de pasta envuelto en un rico ropaje de seda color azul brillante y el de la abuela tenía más de 125 años en su familia, era el más pequeño, de madera y estaba vestido suavemente con franela de color verde pastel.  
Los hay de todos tipos: tradicionales, vestidos como bebés recién nacidos, los hay futbolistas, apaches y con telas desde colores amarillos, verdes, rosas y blancos con lentejuelas.   He retratado los más bellos rostros.  Algunos, recobran vida en su propia perfección.  Hubo una persona que me contó que el suyo hacía travesuras.  Cuando llega a casa “se quita sus zapatitos y se acurruca en un lugar que le gusta”.  Era verdaderamente el niño Dios más vivo que vi.  Su rostro dormido, fácilmente puede ser confundido con un niño real recién nacido.  

Aunque se celebra en otras zonas de la ciudad, es aquí en donde la tradición se convierte en ritual.  Todas las personas que llevan Niños Dios, los cuidan con esmero, los cargan de manera sagrada y con un dejo de familiaridad.  Pareciera en todos los casos que llevan bebes recién nacidos y que como tales requieren de ese cuidado.  Algunos los acurrucan en sus brazos, los tapan y luego los descubren para que los demás veamos su bello rostro.   Todos sin excepción están orgullosos de tenerlos y de seguir la tradición.  Se preparan para esta visita.  Algunos llegan caminando, son del barrio, de las colonias aledañas, pero otros llegan en Metro y en Taxi de zonas lejanas.   Si uno se detiene un poco, podrá observar cómo la zona se llena de Niños Dios.  Los ves cruzando las calles, la Avenida Revolución, saliendo de un auto, sentado en alguna banca, acostado sobre alguna barra, andando por la banqueta.   Al final, se congregan en pequeños grupos alrededor de la Virgen de la Candelaria, la cual está profusamente decorada alrededor con flores alegres.  El Padre de vez en cuando los une como ramos y les lanza agua bendita a todos, purificando el acto, es entonces cuando todos los Niños Dios son levantados para alcanzar una gota. 

La celebración ha culminado, unos se van y otros siguen llegando.   Es día de fiesta y ahí, a un costado de avenida Revolución se nota.  Hay inmensos puestos con flores frescas de alelí, blancas, violetas, moradas, para entregar a la Virgen.  También hay puestos de pan de pueblo recién elaborado, un puesto de tamales oaxaqueños, atole de arroz y buñuelos grandes con miel o azúcar y uno se olvida de que está en la Ciudad de México, a un lado de una transitada y ruidosa avenida y simplemente se deja llevar por la música de banda que es tocada bellamente por invidentes en el claustro del Convento Dominico del siglo XVI más hermoso que existe.   Es día de celebración.  El pueblo y Dios están unidos.  Es día de La Candelaria en Tacubaya.

____________________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx


                                “Levanto mis ojos hacia Ti y te veo dulce y risueño;      
              convidándome a abrirte mi corazón y a contarte todas mis amarguras.
              ¿Me oyes querido Niño? El corazón me dice que sí.

El Santo Niño de las Suertes, duerme apacible junto a la ruidosa avenida de Tacubaya: Observatorio. En el número 72 se encuentra el Convento del Dulce Nombre de María y Bernardo, y ahí en una pequeña y acogedora capilla se alza al centro un nicho de madera perfectamente iluminado; el fondo de terciopelo rojo está forrado con cientos de milagritos dorados: medallas, espadas, corazones, brazos, piernas, niños, santos y vírgenes, obsequiados por los agradecidos destellan su luz al Santo Niño. La cama donde descansa el Santo Niño está perfectamente tendida.  Se trata del modelo a escala de una antigua cama de latón y su colcha, hermosamente bordada con encajes. Él reposa su cabeza de manera un tanto incómoda sobre sus manos, las cuales están apoyadas sobre un cráneo humano que nos observa.

El Niño duerme, pero escucha. O al menos eso parece, le hablan niños, padres, jóvenes y ancianos. Le rezan, lo besan, tocan el vidrio que lo protege en señal de súplica y de agradecimiento. Dice la gente que es milagroso, a decir por todos los regalos que le dejan: pelotas de plástico, carritos, globos, todo para que un niño juegue y sea feliz.
El Santo Niño está por cumplir el primer domingo de enero 204 años y sería un buen momento para que te acerques a conocerlo en su fiesta.

Cuenta la historia que en 1806, cerca del poblado de Tlalpan, iban dos misioneros cuando escucharon en medio de la nada el llanto de un pequeño. Cuál fue su sorpresa al darse cuenta que yacía un niño desnudo de pocos meses entre los matorrales, al tomarlo en sus manos se hizo el milagro, pues el pequeño niño quedó transformado en el mismo que vemos hoy en día en el Convento ubicado en Tacubaya. Se dice que al mismo tiempo, brotó un manantial de agua en la hacienda “San Juan de Dios” Tlalpan, al cual se le dio el nombre desde entonces de “Ojo del Niño”. Los sacerdotes al ver que el Santo Niño era una maravilla y un caso insólito al estar unido a una calavera que le sirve de almohada, fueron a presentárselo al Ilustre Señor Arzobispo Don Francisco de Lizana Beaumont, “que al recibirlo con mucha devoción, quedó estático y dijo: ¡Oh misericordia de Dios! ¡De cuántas maneras te muestras a los hombres y cuán grande es tu bondad; puestas unidas la naturaleza divina con la humana.”[1]
El primer pensamiento que le vino a la mente al Arzobispo fue donar esta aparición a las Religiosas del Convento de la Purísima Concepción, sin embargo, al consultarlo con el Cabildo, convinieron en que se rifara para que fuera el propio Santo Niño quien escogiera a cuál de todos los Conventos quisiera ir. De la suerte echada debe su nombre. El primer Convento que salió en la rifa fue el de San Bernardo. Sin embargo, el Señor Arzobispo pidió que se repitiera nuevamente el sorteo y volvió a salir San Bernardo. El Arzobispo pidió que se volviera a realizar la rifa sacando de la caja, la papeleta donde venía escrito el de San Bernardo, debido a la suma pobreza en que se encontraban las religiosas de ese Convento y por esa razón pensaba que era mejor que el Santo Niño fuera a dar a manos de otra Comunidad que pudiera darle sustento con menos problemas económicos. Pero, otro milagro más confirmaba el suceso de la aparición del Santo Niño, pues al hacer por tercera ocasión la rifa, salió con letras doradas: “Bernardo.Viendo el Prelado que por tercera ocasión y de manera tan prodigiosa, decidió mandar la figura con las religiosas de ese Convento, no sin antes entregarles diversas Indulgencias. Las Religiosas Bernardas recibieron este tesoro “como un don del cielo” y llenas de gratitud han procurado sostener su culto con el mayor empeño. Basta con visitar su morada para apreciar el gran esfuerzo y la dedicación que las madres del Convento realizan para que la gente pueda visitarlo.

Actualmente, son menos de 30 las “madres contemplativas” que habitan la antigua casa de Tacubaya. Su labor principal es cuidar al Santo Niño de las Suertes –el cual ha estado con ellas por más de dos siglos- y que su particularidad a decir por la Madre Teresa es que a diferencia de “las otras órdenes religiosas, las cuales se encargan de hablar al hombre de Dios, ellas en cambio -a través de la oración-, le hablan a Dios del hombre”, a eso nos dedicamos desde 1540, cuando se estableció en México el convento de la Concepción, el cual fuera el primer convento de clausura en toda América Latina. Para subsistir, tienen una pequeña tienda con veladoras, estampas del Santo Niño, milagritos, rompope, buñuelos, nueces garapiñadas, nueces con chocolate, y muchas otras delicias de Convento. Con eso, apenas logran mantener la casa que habitan, la cual por los años cada vez requiere de mayor atención. Durante años han estado ahorrando para edificar una digna iglesia para el Santo Niño y un nuevo Convento cerca de Xochimilco. Su idea es vender su actual Casa-Convento en Tacubaya para poder sufragar los gastos que representa realizar el otro proyecto.
Para nosotros como tacubayenses, nos gustaría que el Santo Niño no se fuera de aquí y las hermanas tampoco. Uno se acostumbra a que las cosas no cambien de lugar y las personas tampoco. Sería ideal que pudieran mantener ambas propiedades y nos dieran el privilegio de seguir conservando al Santo Niño y verlo dormir apaciblemente mientras sigue haciendo milagros.

Diciembre 2009.

[1] Pequeño panfleto que realizaron las religiosas del Convento del Dulce Nombre de María y Bernardo. Av. Observatorio No. 72, Tacubaya, México, DF.

__________________________________________________________________________


La revolución y la paz

CASA DEL PARQUE LIRA, 1930. De la Fototeca del Instituto nacional de Antropología e Historia.
MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

Algunos meses previos a 1910, solían reunirse las familias de abolengo y aquellas con altos puestos del gobierno de Porfirio Díaz para planear las festividades y los proyectos que se desarrollarían -como hoy en día- para la celebrar el Centenario de la Independencia Nacional.

Una sociedad vestida a todo lujo, se reunía en las exclusivas mansiones y casonas con mansardas, pináculos y grandes portones para organizar nuevos eventos y negocios en torno al tema de la Independencia, incluso dejaban de viajar al extranjero con tal de cumplir con el deber de estar presentes en las fiestas del Centenario.

Uno de estos importantes proyectos se quería desarrollar en Tacubaya, específicamente en la propiedad del Parque Lira, información poco conocida, la cual quedó impresa en un pequeño boletín promocional -obsequio de un querido compañero y Cronista de Churubusco- y en donde se narra todo el proyecto para un nuevo Club Nacional de México.

En el folleto destaca una página en donde dice “De no menor importancia que el fin social es el moral y patriótico que anima al Club. Se propondrá celebrar las grandes festividades nacionales como uno de sus fines patrióticos. Aproximándose el Centenario de la consumación de la independencia, nada más apropiado para la solemne conmemoración de ese acontecimiento glorioso que presentar a la faz del mundo y a la de la patria en particular, un espectáculo de unión, de solidaridad y de concordia de los mejores elementos de nuestra sociedad. Para entonces, la obra del Club, tanto social como materialmente, habrá llegado a su pleno desarrollo y ninguna ocasión mejor que ésta para hacer su solemne inauguración.”  Sin embargo, todo esto no llegaría a materializarse ni social, ni físicamente, la Revolución Mexicana había estallado y coartado todo intento de celebración. En Tacubaya como en el resto del país, 1910 fue un año de reflexión más que de festejo.
IMAGEN DEL FOLLETO DE PROMOCION. Circa 1909.
Del Archivo del Cronista de Churubusco, Lino Lebrija

El proyecto quería desarrollar en ese hermoso espacio un hotel con todas las comodidades modernas como “baños, calefacción, teléfono”, etc. el cual ocuparía la antigua casa -hoy demolida- del Conde de la Cortina en los terrenos que hoy conocemos como el Parque Lira con sus seis hectáreas, desde donde se podía observar en “lontananza el prodigio del valle de México y los volcanes majestuosos al oriente”; se edificaría un teatro de verano, un boliche, bungalows, invernaderos, mesas de lawn tenis, cenadores, salones de baile, restaurante, lagos, fuentes, estanque, miradores, cuevas y grutas para el juego de los niños.

Además, ofrecerían servicios como “peluquería, peinadoras, masage (con ‘g’), manicuras, etc. Los hombres de negocio podrían enviar correspondencia postal, telegráfica e inalámbrica para todas las partes del mundo y estar al corriente de las cotizaciones de Bolsa de cualquier centro financiero, y habrá un cuerpo de taquígrafos y mecanógrafos para quienes deseen.”

El hotel, sin servir precisamente de sanatorio, tendrá condiciones inmejorables para el recobro de la salud alterada por la fatiga y por tráfago de la vida de negocios, para aquellas convalecencias que pidan aire libre y emociones gratas, al mismo tiempo que un ambiente social exquisito.”

Para acceder al parque desde la Ciudad de México, se promocionaban servicios de auto-camiones propios del Club y también recordaban la existencia de trenes eléctricos que tenían un ramal hasta la entrada principal. Y anunciaban el arreglo y la pronta terminación de dos calzadas para automóviles.

En el salón de lectura se encontrarían los periódicos y las revistas de todo género del país y del extranjero.” Y también procuraban todo un plan para la cultura física a través de gimnasios, una academia de equitación, una escuela de tiro, natación, golf, patines, botes y canoas. Y para las damas sugerían actividades más acordes como la floricultura, avicultura, apicultura, piscicultura, hortalizas, etc.

El folleto se imprimió con el fin de llevarlo a cabo para conmemorar el año de 1910 y es un proyecto que quedó suspenso como muchos otros que hubo.

La revuelta poco a poco se comenzó a encender. Para algunos, sólo sería una “llamarada de petate”, “una tormenta que no tardaría en amainar” y que la paz o al menos “el regreso de Don Porfirio Díaz parecía inevitable” hasta que la Revolución Mexicana se hizo inminente y los grandes planes que se estaban fraguando de último momento tuvieron que ser suspendidos.

Las noticias que llegaban a la Capital del incendio de algunos  ingenios, del descarrilamiento de un tren en Zacatecas, la inminente presencia de los revolucionarios acechando cada vez más cerca la Capital y el exilio de Díaz a Francia hicieron que muchas familias del Gabinete Presidencial emprendieran solidariamente la huida. Algunos a Europa, otros a Estados Unidos, pero todos con la idea de pasar tan solo unos días en sus casas de campo en otros países. Se creía que sería algo pasajero y que pronto volvería a restablecerse la paz; que retomarían sus puestos políticos y empresariales nuevamente, pero no fue así. Los “huarachudos y sombrerudos” como clasificaban a los campesinos en lucha, fueron tomando al país.

Como lo relata Carlos Fuentes en su libro “La región más transparente” las familias de abolengo fueron perdiendo sus tierras, sus haciendas pasaron a otras manos, pero mantenían la esperanza de volver y retomar sus puestos dignos, con la misma clase con la que habían dejado su tierra. Años después, cuando la calma había vuelto, algunas familias buscaron regresar a México en los años veinte y treinta y volvieron a sus casas de ensueño. Algunas estarían tal cual las dejaron al cuidado de sus sirvientes, otras estarían completamente en ruinas, deshabitadas o transformadas.

Ahí mismo, Doña Lorenza Díaz de Ovando –personaje de la novela- dice que “las casas de sus conocidos se habían transformado en pastelerías, las caballerizas estaban en ruinas y la de Don Rodolfo era ahora un Centro Social Español. Sus conocidos son ahora contadores, comerciantes, agentes viajeros y al que bien le va es profesor de historia”.

La casa de Los de Ovando y de tantas otras familias de abolengo se fueron fraccionando, “primero el jardín, para que construyeran unos libaneses sus apartamientos; luego la caballeriza, para unos abarrotes; por último la fachada de la casa, lo salones, la planta baja, para una tienda de modas.” Cuatro piezas o habitaciones es todo lo que les queda…

Ahora bien, sí hubo proyectos para celebrar el Centenario de la Independencia de México, que llegaron a finalizarse e incluso a inaugurarse en días previos al 15 de septiembre ya que con gran antelación, por mandato del entonces Presidente Porfirio Díaz, se comenzó la edificación de diversos Palacios de Gobierno, de Comunicaciones, Educación y Cultura e importantes Pabellones que nos distinguían en las Ferias Universales.

Dentro de las construcciones menos conocidas, está el edificio del Servicio Sismológico Nacional en su Estación Sismológica Central, inaugurado el 6 de septiembre de 1910 por el Secretario de Estado y del Despacho de Fomento, Colonización e Industria a un costado del Observatorio Astronómico Nacional,[1] ambos ubicados en las Lomas de Tacubaya. (Ver imagen en Galeria de Fotos)

Estos edificios de equipamiento impulsados durante el periodo porfirista, marcaron una nueva época de investigación y civilización. El Sismógrafo de Tacubaya es único en su tipo y todavía a finales del siglo XX su fina máquina alemana seguía funcionando a la perfección, registrando los sismos que aquejaban a la Ciudad de México. 

A partir del sismo de 1985, se edificó una nueva central en la UNAM y la Estación de Tacubaya pasó al abandono, sólo una persona sabía cómo arreglar la máquina -Don Alonso Ibarra Trejo-, quien vivió y resguardó el recinto hasta la fecha de su muerte. Actualmente el edificio original está siendo restaurando para convertirlo en museo de sitio, lo cual representa una gran oportunidad para apreciar su arquitectura, instrumentos e historia.

Antes de 1910, había una cierta paz, los jardines, las casas, los carruajes y vestidos, todo era fiesta y algarabía; con la revolución nuestro país, nuestra ciudad, sus casas y Tacubaya cambiaron.

Al terminar la lucha, regresó nuevamente la paz, pero las casas, las personas ya eran diferentes. Hoy en día estamos celebrando 200 y 100 años respectivamente, nuestro país está en paz, pero todo lo demás está revuelto. ¡Que viva Tacubaya! ¡Que viva México!

[1] Observatorio construido en las Lomas de Tacubaya en 1884, el cual estuvo considerado a la altura de los mejores del mundo y donde quedaron registrados eclipses lunares, solares y distintos planetas. También en 1920 se fijó que desde ahí se emitiera la hora nacional (tomando como base la de la Capital) y fuera transmitida telegráficamente a todos los Estados de la República. Ésta sede permaneció hasta 1963 cuando debido a la visibilidad del cielo se planteó su reubicación a la Estación en Tonanzintla, Puebla.) Pocos años después se levantaría en su lugar la actual “Prepa 4”.
_____________________________________________________________________


EL CASO DE TACUBAYA

PORTAL DE LAS FLORES. Fue demolido al ampliar la Avenida Revolucion a 8 carriles.
Fotografía Archivo de la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

La zona de Tacubaya es uno de los casos más dramáticos en la historia de nuestra ciudad. De ser una zona paradisíaca e idílica, a donde la gente iba a refugiarse por gozar de mejor clima y de todas las fortunas de la tierra: agua, ríos y cascadas, árboles, frutos, vegetación, lagos, casas de campo, una de las mejores vistas de la cuenca de México, en tan solo veinte años sufrió una gran devastación.

Desde los años sesenta comenzó la cuenta regresiva de su deterioro.  Se demolió sin ton ni son, el Portal de Cartagena, edificación localizada en la Plaza del mismo nombre.  En su lugar se hicieron las modernas salidas del Metro Tacubaya, sin conservar el mas mínimo trazo y aquellas características que por siglos le habían dado identidad y se había reconocido como el centro de la población.  Fue como una gran bomba que se expandió y de la cual aun no se ha podido recuperar.

Se demolió el Portal de las Flores, que a su vez marcaba el acceso a la Alameda de Tacubaya.  En su lugar quedo la expansión a ocho carriles de la Avenida Revolución.

Se demolieron los Portales de San Juan y de La Magdalena a donde la gente iba a tomar el agua desviada del río de Tacubaya.

Se tiraron los árboles de fresno que grandes se alzaban en la Calzada Real, y que llevaban de la Capital hacia Toluca y Michoacán.  Hoy es la avenida Jalisco.  Físicamente no queda ni rastro de lo que era, ni el nombre se salvo.

Los lagos artificiales que tenían las grandes casas y propiedades privadas se fueron rellenando para construir sobre estos, y el que queda en el Parque Lira, esta seco desde hace muchos años. Uno sirve para jugar ‘a las trais’ y el otro tramo sirve de pista para los ‘patinetos’.

De todas las grandes casas que había en las Lomas de Tacubaya, se cuentan con los dedos de la mano las que quedan en pie.

En 1997, el Gobierno del Distrito Federal a través de la SEDUVI, comenzó una catalogación de los monumentos históricos y artísticos que había en la zona.  Una zona delimitada erróneamente por algunas principales avenidas.  Ahí, tuve la oportunidad de participar y resultaron 284 edificaciones con valor patrimonial.  Sin embargo, tras 10 años de esto,  ni siquiera esta catalogación ha servido para frenar la destrucción constante de casas y edificios que forman parte de la historia de Tacubaya y de nuestra ciudad.  Por mencionar tan solo un par de ejemplos, cito una edificación de gran importancia y originalidad como la Casa de los Perros en la calle de José Ceballos que fuera una de las pocas casas que conservaba su torreón mirador y una fachada única en toda la ciudad; y otras de menor factura como la ubicada en Observatorio 52 fueron prácticamente destazadas, dejando solas, las fachadas vacías y mutiladas. 

Por otra parte, recientemente se hizo la revisión al Programa Delegacional de la Miguel Hidalgo y en el había al menos dos importantes colonias que no estaban consideradas como Zonas Patrimoniales: San Miguel Chapultepec (SMCH) y Polanco. Esta revisión nos dio la oportunidad de trabajar una propuesta para que se consideraran ambas Zonas Patrimoniales debido al gran número de edificaciones con valor arquitectónico, histórico o artístico. En SMCH mas de cien edificaciones lo confirmaban y en el caso de Polanco mas de trescientas.

Aun la Asamblea Legislativa no ha autorizado la versión final, y por lo tanto no se han aprobando estas dos modificaciones, sin embargo, mientras no sean consideradas Zonas Patrimoniales correrán aun mayor riesgo de transformarse ante la demolición constante de su patrimonio construido.
OBSERVATORIO 52. Casa demolida por completo en su interior. Solo se conservo la fachada principal.
Fotografía tomada por la Cronista en Mayo de 2008.
_____________________________________________________________________


La Arq. María Bustamante Harfush, Cronista de la Miguel Hidalgo, Tacubaya, nos invita a ver los siguientes videos en www.youtube.com

El triángulo de Tacubaya, Historia del cine Hipódromo Condesa
Video del Instituto Mora sobre el Edificio Ermita. Arquitectura e historia.

Proyecto Luis Barragán
La Casa Gilardi. Bellas imágenes de esta casa única, ubicada en San Miguel Chapultepec.
_____________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

MOLINO DE SANTO DOMINGO. El primer molino de trigo en América.
Fotografía tomada por la Cronista en 1997.
Debido a los caudales de los ríos que bajaban del Desierto de los Leones y de Santa Fe y sobre todo a las caídas de agua del río de Tacubaya, se hizo posible el establecimiento de más de siete molinos de trigo en sus lomas. Los torrentes de agua movían las grandes ruedas de piedra que molían el trigo.

El camino hacia los molinos se daba por la actual avenida Observatorio, calle principal de Tacubaya. Por ese camino de tierra y piedras, los vecinos iban con sus mulas y carretas cargadas de trigo para llevar a la molienda.

Hacia 1524 “fue el propio Hernán Cortés quien se adjudicó por primera vez las lomas de Tacubaya, instalando las más antiguas moliendas de trigo al aprovechar las ‘heridas del molino’ (caídas de agua), que había en las barrancas de ese lugar y que formaban el río que se llamó después de Santo Domingo”[1]

Sin embargo, al marcharse Cortés a España en 1528 por mandato real, los oidores de la primera Audiencia encabezados por Nuño de Guzmán, ocuparon todos los molinos montados por el conquistador.

Existen diversos documentos que confirman que la construcción de estos molinos perjudicó mucho a los pobladores de Tacubaya, ya que tuvieron que trabajar arduamente en su construcción y provocó el despojo de agua para el poblado, con la cual vivían y regaban sus sembrados.

Para 1571, Nuño de Guzmán contrae una gran deuda con la Caja Real y se vio obligado a vender su molino y las tierras cercanas a los religiosos del Convento de Santo Domingo, nombrándolo así desde entonces.

Para fortuna de los Dominicos, el establecimiento del Convento de Santo Domingo al pie de las Lomas de Tacubaya y la compra de los Molinos  se da prácticamente en los mismos años, siendo para ellos una gran oportunidad para mantener y proveer sus diversos conventos edificados como el de Azcapotzalco, Tacubaya y San Ángel. Y confirma la teoría de que al establecer un convento buscaban la manera de hacer una industria agrícola o de otra índole, dependiendo de las características del sitio para arraigarse entre la población y mantener sus conventos.

Una vez dueños de esas tierras, “los padres dominicos construyeron otros molinos, como el de San José, agrandaron el Del Portal (luego conocido como Molino Grande), edificaron las trojes de Santa Rosa y de San Cristóbal, y la capilla (que a la fecha existe), plantaron olivos y un jardín: construyeron también varios depósitos de agua.”[2]  Todavía se siguió utilizando el molino con una rueda Pelton, hasta que fue suspendido en 1952 por el entonces Jefe de Gobierno (Regente) Uruchurtu.  A pesar de los diferentes propietarios que tuvo posterior a los Dominicos, los “linderos, bardas y cuartos de las diferentes dependencias de la finca eran los mismos hasta 1970.”[3]

Desafortunadamente hoy en día no queda ninguno de los molinos de Tacubaya en funcionamiento. Los que quedan en pie están ocupados por otras dependencias y tienen otros usos y ninguno quedó como museo o simplemente como un espacio abierto al público que magnificara la importante empresa que se llevo a cabo en Tacubaya por más de cuatro siglos.

Varios fueron demolidos con el paso del tiempo y otros como el de Belén de las Flores lo ocupa todavía el Ejercito para guardar uniformes; el de El Rey lo ocupan como oficinas del Gobierno Federal; el de Santo Domingo lo compraron algunos particulares para hacer ahí sus espectaculares residencias haciendo un exclusivo conjunto difícil de visitar. De esta manera, estas importantes edificaciones son hoy en día prácticamente desconocidas para la mayoría de los ciudadanos.

Yo los invito a conocer los espacios que nos legaron los Dominicos que vinieron a México hace ya casi cinco siglos; a que nos acerquemos más a nuestra historia y a que la valoremos.

[1] Desentis y Ortega, pp.4, citado dentro del articulo de Martha Delfin de Sáez titulado: EL MOLINO DE SANTO DOMINGO EN TACUBAYA, en la revista Tacubaya Vieja, Vol. 2, No. 16, mayo-junio de 1994, pp.4-5.[2] Desentis y Ortega, Op. Cit., p. 5.[3] Desentis y Ortega, Op. Cit., p. 6.
TROJE DE SANTO DOMINGO. Actualmente existe un proyecto para convertirlo en viviendas exclusivas.
Fotografía tomada por la Cronista en 1997.

______________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

CONVENTO DE SANTO DOMINGO. uno de los conventos mas antiguos de America, ubicado sobre Av. Revolucion, frente a la Alameda de Tacubaya.
Del Archivo personal de la Cronista; Fototeca del INAH
LOS DOMINICOS LLEGAN A LA NUEVA ESPANA

Los primeros en llegar fueron los Franciscanos en 1523, pero para 1526 llegaron los frailes predicadores de la Orden de Santo Domingo y finalmente en 1533 los Agustinos. Este lapso de dos años fue determinante para que los Franciscanos ocupasen los mejores territorios de la Nueva España, pues no tenían ninguna otra orden con la cual “competir”.

Los primeros frailes Dominicos llegaron a la Nueva España en 1526 y desembarcaron en el puerto de San Juan de Ulúa. Desde 1508 habían querido enviar a algunos frailes pero los superiores de los conventos no los querían dejar partir porque creían que el número de miembros de sus conventos se vería fuertemente disminuido.  En 1510 vinieron únicamente tres frailes provenientes del Convento de San Esteban en Salamanca y años más tarde llegaban cinco frailes más.

Los Dominicos primero se hospedaron con los Franciscanos, pero al poco tiempo se trasladaron al terreno donde edificarían el Convento de Santo Domingo en lo que hoy es el Centro de la Ciudad de México. De los dieciséis frailes que llegaron, cuatro murieron por enfermedad al poco tiempo y varios más se quisieron regresar a España pretextando enfermedad. Así tres frailes dominicos dieron inicio a tan grande empresa: Domingo de Betanzos, Gonzalo Lucero y Vicente de Las Casas.

Siendo tan sólo tres no era fácil comenzar a evangelizar y sobre todo a dispersarse. No llegaban los refuerzos de frailes e inclusive les dieron el hábito a varios españoles para poder incrementar a sus integrantes.

En España los prelados dominicos se rehusaban a enviar más frailes a América, por los peligros y las necesidades.  Sin embargo en 1527 se otorgó el permiso para que los frailes vinieran a América y hubo una gran demanda  de religiosos que solicitaban venir. Tras extensos viajes, enfermedades y malas condiciones sólo algunos alcanzaban a llegar.  Para 1531, contaban ya con cincuenta  religiosos Dominicos.

En una primera etapa, las diversas órdenes se reunieron para organizar sus planes de acción y eligieron los lugares para la fundación de sus conventos, la cual se dio inicialmente de manera desordenada y posteriormente se fijaron condiciones de distancia entre conventos para evitar problemas de jurisdicción.

LOS DOMINICOS SE ESTABLECEN EN MEXICO

Al principio, los Dominicos se concentraron en la región central del país: México, Puebla y Morelos, después fue necesario ubicarse más lejos para no competir con otras fundaciones religiosas. Establecen conventos en la región Mixteca, en los Valles Centrales, en la Sierra de Oaxaca, zonas que administraban de manera exclusiva. Posteriormente se establecieron en Chiapas, Guatemala y Nicaragua.

En menos de setenta y tres años, los Dominicos establecen cincuenta y ocho conventos. En lo que hoy conocemos como la Ciudad de México establecieron siete: el de la Ciudad de México (1526), Coyoacán (1528), Azcapotzalco (1540), Tláhuac (1554), Mixcoac (1562-1578), Tacubaya (1578) y San Ángel (1599).

LOS DOMINICOS EN TACUBAYA

Fue de esta manera como la dominación novo hispana estuvo fuertemente ligada a la fundación de pueblos bajo el poder de los religiosos llegados de España: Agustinos, Franciscanos y Dominicos principalmente. La repartición del territorio se realizó con fines evangélicos, siendo los Dominicos, los encargados de adoctrinar a los indígenas de Tacubaya.

En 1548 se expide una cédula en donde se requería de la construcción de monasterios en los pueblos de indios “…así hubieren tres religiosos en la zona se llegaban a hacer, humildes y moderados”[1] siendo los mismos religiosos quienes dirigían las obras y los indígenas quienes las realizaban.

A pesar de la gran magnitud de estas obras, es de notar que no había arquitectos en toda la Nueva España.  Las construcciones se hacían conforme a planos y dibujos elaborados en España y en dos años ya se habían realizado, por parte de las tres órdenes, más de setenta conventos.

A pesar de la existencia de dichos planos, los elementos naturales del sitio eran los que establecían las reglas para la construcción de dichos monasterios: “Ocasionalmente cuando los frailes deseaban urbanizar poblaciones localizadas a orillas de grandes depósitos de agua, la tradicional traza de parrilla, con su rigurosa centralización y extensión radial, resultaba inoperante.”[2] Tal es el caso de Tacubaya, en donde la plaza y convento central, quedaron totalmente aislados por el paso del río Tacubaya y las construcciones siguieron el curso de este.

Esto nos indica claramente que “…con el propósito de crear una comunidad cristiana, los frailes construían no solo una iglesia, sino todo un núcleo urbano, con sus dependencias y una actividad agrícola e industrial acorde con la población del área.”[3]

El primer establecimiento de los dominicos se dio al iniciar la construcción de la Parroquia de la Candelaria en 1556, sobre las ruinas de un antiguo templo consagrado a la Diosa Hihuacóatl, de donde viene el nombre de Xihuatecpa, que quiere decir: ‘el Palacio de la Señora’. Su fundador, Fray Lorenzo de la Asunción –quien también edifico el Convento de Azcapotzalco y el de Yautepec-, no solo cristianizó el lugar respetando su significado original, sino que  levantó otro palacio a la Reina del Cielo en su misterio de la Purificación,”[4].

Como en la mayoría de los pueblos indígenas del Valle de México, este antiguo templo se encontraba al centro de la población, en la intersección de las calzadas. Por lo que la disposición urbana indígena se consideró bastante adecuada, y por lo tanto, más fácilmente adaptable que los modelos europeos contemporáneos. Poco a poco los indígenas fueron levantando sus chozas alrededor del templo y con el tiempo, abandonaron ‘los altos de Tacubaya’ en el sitio conocido como Coamacatitlán, conformando así  lo que mas tarde seria la Villa de Tacubaya.

Las épocas que comprenden de 1560 a 1570, así como de 1590 a 1600, son consideradas como las de mayor actividad constructora de los padres dominicos en Tacubaya.  Esto se explica debido a que en 1570 llega una segunda doctrina dominica a San José de Tacubaya. “…y antes del fin del siglo se habían fundado dos más: Santo Domingo Mixcoac y San Agustín de las Cuevas.”[5] Finalmente, dos siglos después, en 1752, fueron secularizados todos los monasterios de la Nueva España, con excepción del de Tacubaya, el cual quedó en manos de los dominicos hasta 1756.

El convento de Santo Domingo es uno de los más antiguos de América y uno de los más bellos ejemplos de arquitectura religiosa.  Su distribución es similar a muchos de los que edificaron en el país. Sin duda se basaban en los mismos planos y tenían como antecedente los conventos que habían estado construyendo.  Todos cuentan con su claustro, hermoso patio de bellas proporciones, la capilla generalmente orientada de oriente a poniente con su coro. Todas sus construcciones presentan un mismo sistema constructivo.

Sus fachadas eran de una gran elegancia y simpleza. Son poco decoradas, sin embargo, igual se pueden encontrar piedras de cantera finamente decoradas con la fecha de construcción y los barrios indígenas que participaron en su construcción como se puede observar en las esquinas de los arcos del claustro en Tacubaya o en conventos en el estado Morelos.

Sorprende que habitantes de la ciudad y aún más, que residentes de Tacubaya no conozcan este espacio. ¿Cuántos hemos circulado a su costado, ya sea caminando o en auto por la Avenida Revolución y no sabemos de su existencia?

El convento con su iglesia y atrio, esta frente a la Alameda de Tacubaya poco antes del Viaducto. Así escondido, sigue conservando por siglos su arquitectura y sus tradiciones como el día de la Candelaria en donde cada 2 de febrero se reúnen cientos de Niños Dios, vestidos de diversas formas, para recibir la bendición año con año, acompañados de tamales y flores que tapizan la banqueta.
[1] De Gante, Pablo C., LA ARQUITECTURA DE MEXICO EN EL SIGLO XVI, Editorial Porrúa, SA., 2ª. Edición, México, 1954, p.23.[2] Kubler, George, ARQUITECTURA MEXICANA DEL SIGLO XVI, Traducción por Roberto de la Torre, Graciela de Garay y Miguel Ángel de la Torre, México, Fondo de Cultura Economica, 1984, p. 93.[3] Kubler, George, Op. Cit., p. 90.[4] Romero, Fray Fernando, Notas sobre la fiesta del Templo de la Candelaria en Tacubaya, TACUBAYA VIEJA, Ano 1, No. 4, febrero 1993, p. 10.[5] Gerhard, Meter, MEXICO: 1742, Geografía Histórica de la Nueva España 1519-1821, Traducción de Stella Mastrangelo, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas e Instituto de Geografía, VI, México, 1986, p. 103.
_____________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista de la Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

Fotografia: Archivo personal del Arq. Manuel Berumen Rocha,
Cia. Mexicana Aerofoto, S.A. 5949.

Al principio, todo era nomás puro campo, plano y tendido. Un par de ríos se deslizaban por sus costados y una suave loma se alzaba al fondo, allá por donde se esconde el sol. Por el otro lado, a lo lejos, la ciudad de México parecía flotar sobre un gran espejo de agua.

Solo se escuchaba el viento, un gallo perdido, el trinar de los pájaros escondidos en las copas de los árboles, grillos invisibles cantando sin cesar y se intuía el pasar de algunos habitantes a través de parajes de tierra, piedras, plantas silvestres y arbustos acomodados al azar. Riachuelos corriendo y saltando aleatoriamente por los bordes de tierra zigzagueantes que les iban indicando su destino.

Ahí, donde todavía no había nada construido, se fueron estableciendo poco a poco tejavanes, ranchos, haciendas y molinos de diversos propietarios que acabarían por bautizar con su propio nombre a las futuras colonias como “Anzures”, “Polanco” y “los Morales”.

Ya había quién cuidara la tierra y poco a poco fueron domando su paisaje. Sobre el campo, se fueron trazando nuevos cuadros de colores con distintos cultivos, como si fueran colchas con distintas texturas entrelazadas. Le dieron de beber a la tierra fértil encauzando los ríos existentes a través de canales rurales y les dieron un nombre: al del lado Norte se le llamó “San Joaquín” –hoy Circuito Interior- en honor al Templo de los Carmelitas Descalzos ya establecidos a su lado desde el siglo XVI y al del lado Sur se le conoció como el “de Polanco” o de “los Morales” –hoy Campos Elíseos- en honor a sus antiguos propietarios del siglo XVII y XVIII.

Se comenzaron a trazar caminos de tierra para acceder a los sembradíos de alfalfa, trigo y maíz, y se plantaron a sus costados árboles de eucalipto, sauces llorones, cedros y pinos que aún podemos ver en avenidas como: Ejército Nacional, Masaryk y Horacio respectivamente. Sin embargo, difícilmente podían haber imaginado en lo que se convertirían “las tierras de los Morales”.

El campo acababa de adornarse con una bellísima hacienda con molino y capilla. Vacas, gallos, puercos, todos convivían privilegiados por estar ahí.

A mediados del siglo XIX y principios del siglo XX, se vislumbraba ya un importante cambio en la propiedad de la tierra. Se intuía ya un crecimiento forzoso de la Ciudad de México sobre todo hacia el poniente.  El aumento de la población, los nuevos medios de transporte, los planes porfiristas de expansión y desarrollo hacían evidente el cambio drástico que sufriría el paisaje de los alrededores y la excelente oportunidad de negocio que existía al fraccionar en lujosas y modernas colonias los terrenos de cultivo.

Así como La Condesa, La Teja y Nápoles, la hacienda de Los Morales vendió una primera sección en 1938, y tuvo un éxito tan rotundo, que en pocos años se desarrollaron cinco secciones más a su alrededor. El paisaje se transformó en una forma increíblemente rápido, como una olla de palomitas reventando. Al mismo tiempo se iban rellenaban los predios con casas excelsas, modernos edificios residenciales e importantes fábricas de la ciudad de México: La Colgate-Palmolive, Chrysler, Grupo Modelo, etc. haciendo una curiosa combinación entre el campo, la ciudad, las fábricas y los panteones. Más allá, no había mas nada. Así el Polanco que hoy conocemos, había surgido.
____________________________________________________________________


MARÍA BUSTAMANTE HARFUSH
Cronista Delegación Miguel Hidalgo
maria_tau@prodigy.net.mx

CASA EN CAMPOS ELISEOS 69. La cual fue demolida para construir un edificio.
Fotografía proporcionada por Fernando Cruz.
Polanco destaca por su ubicación, singular traza urbana y arquitectura. Los mismos fraccionadores de la “Hipódromo Condesa”, Raúl A. Basurto y José G. de la Lama vieron el potencial de desarrollar una exclusiva colonia sobre los terrenos de cultivo de la Hacienda de Los Morales. Por convenio con el Ayuntamiento de Tacubaya –hoy Delegación Miguel Hidalgo-, debían de ceder el 55% por ciento del terreno libre para espacios de embellecimiento y proveer de todos los servicios de infraestructura y equipamiento, con lo cual dejaron constancia de unas de las mejores propuestas de urbanismo que tenemos en la ciudad de México.

Sus límites naturales han sido el Bosque de Chapultepec al Sur, dejando como borde natural entre ambos el río de “Los Morales” –hoy Campos Elíseos y Darwin-; al Norte un paseo para cabalgar –hoy Ejército Nacional-; al Poniente el “Ferrocarril a Cuernavaca” y la loma de la colonia “Lomas de Chapultepec” y al Oriente la propiedad de “Anzures” y la calzada que conectaba Azcapotzalco con Tacubaya –hoy Mariano Escobedo-.

Su traza surgió del respeto a la naturaleza, siguiendo los caminos que ya dividían los campos de cultivo, bautizando las calles con nombres de importantes filósofos, escritores y políticos. Dejaron los árboles de eucalipto ya centenarios y los sauces llorones que tapizan el campo mexicano. Plantaron nuevas líneas arboladas con pinos y le dieron dignidad a los caminos de tierra, haciendo avenidas con camellón al centro como “Horacio”.

Aunque existen 3 parques, destaca el parque central -hoy Lincoln-, mejor conocido como parque “Del Reloj” o de “Los Espejos” donde se destaca la torre del reloj, los espejos de agua tan socorridos para las regatas de veleros a escala, la pajarera y un extraordinario escenario al aire libre que lleva el nombre de “Ángela Peralta”. Pero también, se diseñó especialmente el mobiliario urbano para toda la colonia. Se construyeron bancas con jardineras y letreros en placas de cemento, tabique y mosaicos de Talavera anunciando el nombre de la calle o educando a los habitantes el amor y el respeto a su entorno.

Al inicio, se estableció un Reglamento con todas las premisas para el diseño de las casas en un mismo estilo conocido como “neo-barroco” o “colonial californiano” por ser una mezcla entre el barroco existente en el Centro Histórico y las casas norteamericanas de los años veinte en California. Se pretendía tener un mismo código para crear la armonía que tuvo en un origen y funcionó.

En todas las casas prevalecían los mismos elementos: jardín alrededor, barda baja y decorada, torreones con techos de teja, balcones y ventanales con cantera y herrería sumamente elaborada, pórticos de entrada y escaleras espectaculares al interior. Las casas que estaban en torno al parque parecían gemelas, primas, hermanas. Durante décadas éste fue el estilo predominante y parecía una gran escenografía que reflejaba el auge económico que vivía el país.

Fue tal el éxito de venta de la primera sección de Polanco que se desarrolló aun antes que “Lomas de Chapultepec” -la cual había iniciado su desarrollo años antes-, y pronto se fraccionó en 4 secciones más, sobre todo el terreno que quedaba libre.

Se podría contar su historia a través de su arquitectura, ya que más de 500 obras de importantes arquitectos del siglo XX están aquí, en Polanco, terreno fértil también para que se construyeran entre 1940 y 1960 las casas y los edificios más modernos y funcionales. Por poner tan solo algunos ejemplos cito a Vladimir Kaspe quien construyó casas y edificios significativos para la historia de la Arquitectura en México como el edificio en Wallon 433; Mario Pani con el Conservatorio Nacional de Música y bellísimos edificios como el que se encuentra en Privada del Bosque; Francisco Serrano con el “Pasaje Polanco” sobre Masaryk y más de 40 edificios habitacionales como el de Emilio Castelar 107; Abraham Zabludovsky con varios edificios habitaciones siguiendo las nuevas tendencias europeas, como el edificio en Campos Elíseos 199 y Horacio esquina Schiller.

El urbanismo y la arquitectura son sin duda los que le han dado un carácter único a Polanco, el cual debe de ser difundido y protegido. Todavía en el 2008, no se ha logrado delimitar como Zona Patrimonial digna de preservarse, lo cual ha provocado una fuerte destrucción de su entorno. Durante los primeros años del siglo XXI, se registró la demolición más grande de casas que tenían un especial valor histórico y arquitectónico, las cuales han sucumbido ante la presión inmobiliaria, la falta de cultura arquitectónica y la poca apreciación de nuestro patrimonio. Pero sabes qué? Todavía tenemos un Gran Patrimonio en Polanco, conservémoslo.
Escrito por publicarse en el libro Polanco: Mosaico de Memorias a cargo de Margareth Djaddah y Mónica Unikel.
____________________________________________________________________


HUGO A. CARDOSO VARGAS
Cronista de Festividades
hugov@servidor.unam.mx

ARBOL DE LA NOCHE TRISTE EN LA CALZADA DE TACUBA EN POPOTLA, 2007.
Fotografía de María Bustamante Harfush
.

El paso del tiempo, así como la inexis­tencia de fuentes documentales fidedignas, propician que entre la historia y la leyenda se obscurezcan los fronteras. Uno de los ejemplos donde es­tos elementos se entremezclan es justamente el que se refiere al célebre Árbol de la Noche Triste. Porque una es la tradición y otra la verdad; por lo menos en lo que se refiere al sitio en que se supone lloró Hernán Cortés la derrota del 30 de junio de 1520. 

Hernán Cortés abandonó México-­Tenochtitlán el 20 de mayo de 1520 para enfrentar a Pánfilo de Narváez, enviado del gobernador de Cuba y dejó a Pedro de Alvarado al frente de las huestes españolas y sus aliadas indígenas. Cegado por su visión europea y, tal vez, azuzado por los tlaxcaltecas, Alvarado vio como un inminente peligro para la seguridad de sus soldados el que en el Templo Mayor se empezara a concentrar gran cantidad de indígenas. Lo que en reali­dad sucedía, era que los mexicas y demás grupos se preparaban para participar en los festejos relativos a Toxcatl, dei­dad correspondiente al quinto mes del calendario civil indígena. Casi al finalizar la celebración, Alvarado no sopor­tó más y cometió uno de los más grandes genocidios que registre la historia. 

Después de esa artera agresión, los espa­ñoles se refugiaron en el Palacio de Axayácatl, aposento donde estuvieron des­de su llegada a México. Desde ese día, el Palacio fue motivo de constantes ataques por los aztecas. 

A Cortés se le informó de lo que sucedía en el Anáhuac, pero como no terminaban las negociaciones con Narváez debió detenerse más de lo previsto en Veracruz. Por fin, llegó a la ciudad de México el do­mingo 24 de junio. La aparición de Cortés en el Palacio debió ser impactante. Con el gran espíritu que le caracterizó para sacar provecho aún en las situaciones más adversas, redobló las me­didas de seguridad y buscó romper el cerco; sus varios intentos fracasaron por la persistencia de los indígenas. 

En tales condiciones, Cortés empezó a preparar la salida por la Calzada de Tlacopan para llegar a tierra firme y se­guir hasta Tlaxcala, donde esperaba ser recibido y auxiliado por sus aliados. Decidió huir la no­che del 30 de junio de 1520. Los mexicas sabían que la salida más próxima al Palacio de Axayácatl era por la Calzada de Tlacopan o Tacuba; por ende, desde el inicio del sitio destruyeron varios de los puentes o canales que en distintos sitios inte­rrumpían la calzada. Sabedor de las cualidades de la calzada –como única vía de escape- y de las pre­tensiones de los indígenas de cortarles el paso, Cortés se dedicó a construir con la madera del palacio, puentes portátiles que vendrían a sustituir esos cortes. Así, el camino que recorrería por la Calzada lo salvaría porque no ten­dría ninguna interrupción. 

En tanto, Cuitláhuac –gran tlatoani y jefe supremo del ejército azteca-, apoyado por Cuauhtémoc, (no son las estaciones del Metro) planeó rendir a los espa­ñoles por medio del hambre y la sed, Incluso llegado el caso, pensaba exterminarlos en un com­bate definitivo. Tan pronto oscureció ese 30 de junio, la actividad en el palacio fue febril Cortés daba órdenes para terminar los puentes portátiles y todo lo que se llevarían sin olvidar organizar al ejército español (a su cargo) y sus aliados indígenas. 

Una vez concluidos todos los dispositivos, Cortés dispuso que la caravana estuviera dividida en tres cuerpos. La vanguardia, con los puentes y las armas, al mando de los capitanes Gonzalo de Sandoval y Diego de Ordaz y su misión consistía en restaurar las condiciones del camino y evitar el asedio de los indígenas. La parte central, donde se concentraban los tesoros y demás bienes materiales, estaba custodiada por el propio Cortés, ayudado por Alonso de Ávila y Cristóbal de Olid, mientras que la reta­guardia, que se encargaría de rechazar cualquier ataque de los indígenas, estaba al mando de Juan Velázquez de León y Pedro de Alvarado.

Pasaron sin problemas los primeros tra­mos, pero cuando la retaguardia logró salvar el primer corte o canal llamado de Texpalzinco, colocado en el cruce de las actuales calles de Tacuba y Eje Central fueron descubier­tos, se afirma, por una mujer que dio la voz de alerta. Al poco tiempo, la retaguardia fue atacada sin cuartel por los mexicas. El combate se prolongó hasta el siguiente corte, denominado de los Toltecas, que correspondería a la calle de Zarco y Paseo de la Reforma, donde la lentitud de la marcha y la prisa por salir del sitio, provocaron que se diera el más fiero de los combates. Las pérdidas de ambos lados fueron elevadas. 

Cuando llegaron a la altura de la actual avenida de Buenavista, la desorganización era evidente. Las órdenes no se respetaban, todos querían salvarse. Así pues, la tropa continuó su marcha pre­cipitada. Desde luego que aún en los límites del lago, los cuauhtlis y sus co­rreligionarios, dirigidos por Cuitláhuac y Cuauhtémoc, continuaban su persecu­ción propinando bajas entre los fugados. 

En tales condiciones se ha aceptado, sin ninguna prueba, que el sitio donde está el sabino conocido como "el Árbol de lo Noche Triste" en el antiguo barrio de Popotla, cerca de la villa de Tacuba, fue el lugar en que Hernán Cortés lloró la cruel derrota. Pero no es posible esta situación, por las siguientes razones: En primer lugar, cómo explicar que los efectivos de Cuauhtémoc y Cuitláhuac hayan suspendido su per­secución. Sin duda el ejército indígena no podía olvidar la muerte de tantos aztecas, de sus parientes y amigos caídos en manos de los españoles La actitud debió ser, en este caso, no sólo de coraje sino de verdadera indignación, que reclamaba lo venganza y sólo podría concluir con la muerte de los asesinos. Por eso, no pa­rece coherente un retiro prematuro a sólo 5 mil 700 metros de distancia del sitio del que salieron los españoles. 

En segundo lugar, el que Cortés deci­diera reposar en este sitio representaría un grave error estratégico, porque aparte de los que le perseguían desde México-Tenochtitlán, sin duda, los indígenas que se encontraban en Tacuba y Azcapotzalco, se iban a unir en contra de los españoles. Por lo que el exterminio era evidente, cosa que no sucedió. En tercer lugar, de acuerdo a las fuentes históricas se menciona que Cortés llegó a un sitio elevado y la pregunta inmediata es dónde hay en Popotla un cerro o cualquier otra elevación natu­ral o artificial (claro la Iglesia no cuenta). La respuesta es definitiva: no existió ni existe. En cuarto lugar, el sitio denominado por los cronistas como Otoncapulco, sin poder ser localizado definitivamente, está muy le­jos de ser ubicado en la zona de Popotla. Ante esto, la conclusión se hace evidente. No está a 5 mil 700 metros del Templo Mayor, o del Zócalo actual, el Árbol de la Noche Triste.

Pero, entonces, ¿dónde está el verdadero árbol de lo Noche Triste? La respuesta se hace evidente: en Naucalpan, y concretamente en los límites del pueblo de San Juan Totoltepec. El sitio exacto es, según la conseja popular del lugar, el lado derecho del llamado Río Chico de los Remedios, en una vértice complementado por la bar­da de la escuela primaria y la calle que lleva al pueblo, o la derecha del módulo de policía que está colocado en la glo­rieta del lugar. Las razones para esta afirmación, que no se agotan en la tra­dición oral del lugar, obedecen a las siguientes argumentaciones. En primer lugar, el hecho de que entre el Templo Mayor, o Zócalo, y este lugar existan un poco más de 14 kilómetros explicaría el por qué los mexicas abandonaron la persecución. La gran distancia, los constantes asedios al Palacio, la vigilancia día y noche y la inevitable confrontación noc­turna, hacen suponer un agotamiento de los aztecas. Pero no puede ser una razón suficiente para no haber atacado a los fugados de la ciudad. Además, algunas fuentes dicen que en Tacuba los mexicas fueron relevados por voluntarios de Tenayuca y Atzcapotzalco, cuyo ardor e interés por exterminar a los europeos no era similar al de los mexicas. 

En segundo lugar, está el hecho de que esta zona, la de San Juan Totoltepec era dominio de los otomíes, seguramente los mexicas y sus aliados no deseaban enfrentarse ya no sólo a los europeos y sus seguidores; sino además a los otomíes al invadir sus territorios. 

Hay que recordar que en San Juan Totoltepec se encontraba la frontera entre los integrantes de la Triple Alianza y sus tributarios los otomíes. Esto se comprue­ba, además, porque fueron los otomíes los que proporcionaron ayuda a los españoles por medio de sus caciques. Gracias a esta ayuda, se facilitó la salida con rumbo a Tlaxcala, donde se hicieron preparativos para el ataque final contra la capital del Imperio Mexica. En esta zona de San Juan se encuentra una elevación que correspon­de al llamado Cerro de los Remedios, en cuya cima se localizaba un adoratorio que además servía de observador desde el cual se veía la frontera entre otomíes y aztecas. Con el Cerro de los Remedios se inicia uno serie de elevaciones que dividen el Valle de 'México del Valle de Toluca; además existe la corriente de agua que debió refrescar a una maltrecha y sedienta muchedumbre. 

Para finalizar, debe recordarse que con­forme a la tradición, en este sitio fue donde Juan Rodríguez Villafuerte guardó la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que había acompañado a los europeos en su recorrido por tierras de Mesoamérica. Imagen que más tarde dio origen al santuario de Nues­tra Señora de los Remedios, santa, venerable y patrona de la ciudad de México. 

Por ende, sólo se puede llegar a una conclusión: el Árbol de lo Noche Triste está en San Juan Totoltepec y no -como se supone- en Popotla.


 
Top