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EDGAR ANAYA RODRIGUEZ
Cronista de sitios turísticos del D. F.
buenviaje2007@gmail.com


Fotografía proporcionada por Edgar Anaya Rodríguez

En junio de 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas nazis habían invadido Checoslovaquia. El día 10, en la aldea de Lídice, situada a 20 kilómetros de Praga, la capital, concentraron a todos sus habitantes -unos 500- separaron a hombres, mujeres y niños; a los hombres -alrededor de 200- los fusilaron, a las mujeres y a muchos de los niños -los que no podían ser reeducados y germanizados- los enviaron a campos de concentración para su exterminio. La aldea de Lídice fue dinamitada, desaparecieron casas, escuela, iglesia, cementerio y carretera, e incluso desviaron el arroyo y borraron el nombre del pueblo de los documentos y mapas alemanes. Acabaron con todo vestigio, en venganza porque los checoslovacos habían matado a balazos a Reinhard Heydrich, uno de los principales dirigentes nazis, jefe de las policía secreta y representante de Hitler en Checoslovaquia.

Tan pronto se conoció la noticia en el mundo, Lídice se convirtió en un símbolo de la lucha contra el nazismo. En nombre del presidente de los Estados Unidos, el secretario de Marina envió un mensaje a los nazis cinco días después: “... no han exterminado ustedes Lídice, le han dado vida eterna, le han dado un nombre que siempre vivirá en los corazones y en las mentes de la gente libre. Lídice vive y vivirá de nuevo...”.

Posteriormente, periódicos y revistas de los Estados Unidos iniciaron una campaña entre sus lectores para que de alguna forma renaciera el pueblo destruido. Se decidió entonces cambiar el nombre de la población de Stern Park, Illinois, por el de Lídice. Varios países siguieron el ejemplo, entre ellos México.

Dos meses y medio después de la masacre, el 30 de agosto de 1942, se realizó una ceremonia en la escalinata de la Escuela Superior de Guerra, ubicada en el pueblo de San Jerónimo, delegación Contreras. El entonces secretario de Gobernación, Miguel Alemán, en representación del presidente Manuel Ávila Camacho, agregó Lídice, para perpetuar en México la memoria de la pequeña aldea borrada del mapa. Desde entonces se llama San Jerónimo Lídice. En la ceremonia se escuchó a control remoto, desde Washington, la voz de Henry Wallace, vicepresidente de los Estados Unidos, quien expresó felicitaciones por el hecho.

El entonces regente de la Ciudad de México, Javier Rojo Gómez, hizo una declaratoria: “Hoy, 30 de agosto de 1942, en el corazón mismo de la patria mexicana, la pequeña ciudad de Lídice renace. De acuerdo con los poderes que las leyes mexicanas conceden, declaro que el nombre de la Villa de San Jerónimo, D. F., es adicionado a partir de hoy, con el de Lídice, que en los idiomas checo y eslovaco se traduce como casa del pueblo. ¡Viva Lídice!”.

Cada año se recuerda en San Jerónimo Lídice al pueblo exterminado de la entonces Checoslovaquia (se han hecho películas acerca de este hecho) con una ceremonia que se realiza en una plaza de unos 15 por 20 metros, situada a una cuadra de la Escuela Superior de Guerra, inaugurada en 1975 y conocida como plaza Lídice, Rosedal de la Paz, que se ubica en el cruce de las calles Corregidora y Magnolia.

Se nombra Rosedal porque el parque que se  une al sitio donde se ubicó la aldea de Lídice con la población actual del mismo nombre lo convirtieron en un hermoso jardín de rosales enviados por gente de todo el mundo. El museo de Lídice, es un monumento dedicado a las víctimas, la Flama de la Paz y una galería de arte se encuentran ahora en el lugar de la tragedia.

En la pequeña plaza Lídice de la Ciudad de México hay dos placas que recuerdan el hecho; la inferior, hecha con azulejo pintado, dice: “Lídice, lugar donde están sembradas vidas, de cuya sangre nacieron rosas, las que con sus perfumes ahogaron el fuego de las más cruentas armas. A cuarenta y tres años de distancia. México, D. F., 22 de junio de 1975”.  La placa superior, metálica, dice lo mismo pero agrega después un párrafo aclaratorio: “Con esta placa se propone la permanencia del mensaje abajo inscrito. Delegación Magdalena Contreras, 10 de junio de 1993”. Una placa ovalada de “Talavera” que dice “Plaza Lídice” está colocada sobre el muro del fondo. La barda que delimita y la jardinera circular están hechas con piedra negra volcánica. Entre este muro y la jardinera están dos astas para banderas, la de México y la de República Checa. La jardinera, circular, está inclinada, con su lado norte más alto que el opuesto, con rosales sembrados en su contorno y una escultura de alambre grueso en el centro que representa a un ser humano alzando su brazo izquierdo y volteando la cabeza hacia el cielo. Hay además en esta plaza con piso de adoquín tres jardineras con jacarandas en las esquinas y un mural alusivo al tema de Ariosto Otero, quien ha realizado varios de para colocarlos en diversos puntos de la delegación.

Esta plaza solitaria cada 10 de junio a las diez de la mañana se llena de gente y de vida. En el templete principal se ubican el embajador en turno de la hoy República Checa y el delegado en Magdalena Contreras, con sus respectivas esposas, funcionarios de la embajada y de la delegación. Las mamás de los niños participantes y algunos vecinos ocupan la sillería.

La ceremonia comienza con los himnos y el izamiento de las banderas de ambos países, intervención de la banda de guerra y el coro infantil, la escolta de alguna secundaria -como la llamada “Lídice”-; enseguida los discursos, la guardia de honor, el minuto de silencio por las víctimas y los números artísticos: poesía coral, declamaciones, música. La Orquesta Infantil de Percusiones de la delegación Magdalena Contreras (fundada en 1975), toca desde 1984 en esta ceremonia canciones checas y mexicanas, y como rúbrica “El barrilito”, pieza checa popularizada en México que hermana a ambas naciones.

 
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