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Horacio Sentíes Rodríguez
Cronista de Gustavo A. Madero
horacio.senties@yahoo.com.mx

Este pueblo (ahora colonia), se localiza a la mitad del camino de México a Santa Clara Coatitla por el viejo camino a Pachuca, entrando por la avenida Centenario.

Atzacoalco, del náhuatl Tzacualli: lo que tapa o encierra algo (agua) y Co: lugar. “Lugar donde se retiene el agua”.

Las crónicas nos dicen que los orígenes de este pueblo se remontan a la época de la peregrinación mexica cuando los aztecas estaban en Culhuacán en un lugar llamado Tizaapan y con motivo de querer entronizar como diosa a la hija del tlatoani de ese pueblo, la sacrificaron. El tlatoani montó en cólera y declaró la guerra a los aztecas, los que salieron huyendo hacia Mexicalcingo, pero una parte de esta gente se fue a refugiar a Atzacoalco dando origen a la fundación de este pueblo. Un año más tarde, Itzcoátl conquistó todos los señoríos indígenas enclavados en la sierra de Guadalupe, repartió las tierras a sus amigos y capitanes, quedando como gobernante de esta área Zimatecatl. En ese tiempo Atzacoalco era un barrio de San Juan Ixhuatepec.
Es notable que en tiempos de Netzahualcoyotl (1449), se construyera un albarradón desde Iztapalapa hasta este pueblo. La gran obra hidráulica semejante a la Muralla China, se realizó cuando se inundó la ciudad de Tenochtitlán, razón por la que Moctezuma I recurrió a los consejos del hombre más sabio de la época, el famoso Rey de Texcoco. Torquemada aseguraba que se emprendió la obra más atrevida que pudo ejecutar el genio mexicano, con una anchura de 8 varas y más de tres leguas de largo, con la finalidad de contener las aguas del lago de Texcoco, habiendo cooperado el señor de Coyoacán, los xochimilcas y los tepanecas. 

En los inicios de la colonia, Atzacoalco fue evangelizado por los mismos religiosas que introdujeron el evangelio en Ixhuatepec y construyeron la iglesia, en estilo Plateresco, encima de un teocali, a fines del siglo XVI con la advocación del apóstol Santiago el Mayor, destacando en sus interiores un hermoso corcel con el santo mencionado y una tribuna con celosía en cuyo interior podíamos ver un retrato al óleo del Arzobispo Virrey Don Juan de Palafox y Mendoza con una leyenda haciendo mención que en ese lugar se refugió en tiempos de la persecución de los jesuitas.
De acuerdo a las antiguas crónicas, Santiago el Mayor fue hijo de Zebedeo, el apóstol que al lado de Juan y Pedro presenciaron la transfiguración de Jesucristo. Su obra evangelizadora llegó de España. Durante la colonia, el pueblo de Santiago Atzacoalco estuvo sujeto a reducción por la Parcialidad de Santiago Tlatelolco hasta fines del siglo XVIII, pasando a ser sujeto de San Juan Tenochtitlán hasta ya entrado el siglo XIX pero dependiendo en lo religiosos del curato de Guadalupe. Podemos asegurar que, debido a su cercanía con el lago de Texcoco, fue un pueblo de pescadores además de agricultor, que de vez en cuando era objeto de inundaciones como la ocurrida en la madrugada del 30 de septiembre de 1763, derivada de un fuerte torrencial y el desbordamiento de contenciones de la laguna.

Por el año de 1822, el pueblo contaba con una escuela muy austera al grado que hubo necesidad de otorgarle una ayuda por parte del Ayuntamiento de la Villa de Guadalupe de $2.00 al año cuando el pueblo apenas tenía 37 tributarios casados y 9 solteros. En 1929 el pueblo tenía la escuela oficial diurna No. 226 y su directora era la profesora Eva Amatón.
Es de lamentarse que dada la antigüedad de su iglesia haya sido invertida la entrada de tan interesante reliquia colonial, ya que por quererle dar una entrada por avenida Centenario le hicieron un nuevo frente, que rompe con las reglas del arte. Ojalá que alguna vez le dieran la entrada que tenía por el panteón, que era el frente de la iglesia de Santiago apóstol, habiéndose tapiado la entrada principal que daba al atrio donde hasta la fecha podemos contemplar la hermosa cruz atrial entre una gran cantidad de tumbas.

Los pobladores de este pueblo mencionan y no sin razón, que existieron en realidad dos iglesias, una para el Señor de la Cañita de mediados del siglo XVI que tenía su frente a la Av. Centenario y otra la de Santiago apóstol que da al atrio, siendo notable que la primera es más antigua ya que la segunda es de fines del siglo XVI y que en realidad estaban separadas por un muro intermedio que se colocó de acuerdo a las nuevas investigaciones el año de 1957, un siglo después de la fecha que ostenta una de las campanas (1857). La mencionada Cruz pertenece al género del arte Tequitqui y está a punto de desplomarse, ya que la peana que la sostiene amenaza venir por tierra. A la Cruz ya le falta la cartela INRI, siendo necesario en la actualidad despejar del panteón cuando menos las tumbas y colocar únicamente los nombres de las personas que se encuentran sepultadas en dicho lugar. Es digno mencionar también que en el interior del templo existe una importante colección de pinturas, una de ellas firmada por Francisco Martínez, titulada La Oración del Huerto y es del año 1739 cuando el pintor era notario del Santo Oficio. Atzacoalco realiza sus fiestas en honor de su santo patrón, el día de Santiago el Mayor el 25 de julio de cada año.
(Tomado de Gaceta La Bohemia. Publicación cultural mensual, febrero de 2008, p. 9-10).

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Horacio Sentíes Rodríguez
Cronista de Gustavo A. Madero
horacio.senties@yahoo.com.mx

Cuentan las viejas crónicas y los códices –entre ellos el Teotenantzin, interpretado por el doctor Alfonso Caso- que antes del arribo de los frailes españoles a estas tierras, nuestros antepasados tenían en el Cerrito del Tepeyac a la Diosa Tonantzin, destruida durante la toma de Tenochtitlán por el conquistador Gonzalo de Sandoval o por el padre Juan Díaz, según diversas versiones. De acuerdo al viejo plano del pueblo de Santa Isabel Tola, la diosa estaba esculpida en una peña saliente, en el lugar que ahora ocupa la escalinata oriental que conduce a la Capilla del Cerrito y al Panteón Tepeyac. Para subir a la capilla, lo mismo que al panteón, hay que hacerlo por medio de dos rampas, una oriental y otra occidental. La primera fue  diseñada por el arquitecto Francisco Antonio de Guerrero y Torres, y comienza a unos cuantos pasos de la Capilla del Pocito. En las cercanías existe una columna rematada por una imagen d la Virgen de Guadalupe del año 1794, colocada por el bachiller Miguel Hidalgo con autorización del Cabildo de Guadalupe para señalar el sitio donde, según la tradición, estuvo el árbol de casahuate que marcaba el lugar de una de las apariciones.

La rampa occidental fue construida por don Juan José Mariano de Montúfar, y llega a la entrada del Panteón del Tepeyac. Al descender  la rampa llegamos a la calle 5 de Mayo, y en la esquina con Misterios se encuentra la casona que habitó el paisajista mexicano José María Velasco. Al frente está el antiguo Palacio de los Virreyes (ahora Convento de Capuchinas), donde se firmaron los Tratados de Guadalupe Hidalgo en 1848, que significaron la pérdida de la mitad del territorio nacional.
A media subida de la rampa oriental nos encontramos con el galeón llamado Vela del Marino, también construido por Francisco Antonio de Guerrero y Torres. El monumento se hizo a iniciativa de unos agradecidos merineros que salvaron la vida cuando invocaron a la Virgen de Guadalupe durante un temporal. En cumplimiento de su promesa, la tripulación trajo al santuario algunos maderos del navío que fueron colocados dentro de la construcción de piedra para su resguardo. Al llegar a la explanada nos encontramos con la grandeza de la Capilla del Cerrito, y junto a ella la entrada del Panteón del Tepeyac. Antes de que se construyera la capilla sólo existía una cruz de madera con peana de piedra. De acuerdo al Códice 1548, también conocido como Códice Xavier Escalada –descubierto recientemente por el sacerdote jesuita Xavier Escalada-, ya existía una ermita construida por los franciscanos años antes de las apariciones de 1531; algunos autores la llamaban Ermita Cortés, donde tal vez estuvo el estandarte del conquistador.

Desde un principio la capilla tenía planta de cruz latina y una pequeña cúpula sobre pechinas, con un altar de factura neoclásica, la Virgen de Guadalupe al centro y en la parte superior un lienzo de Cristo crucificado. Más tarde se colocó otro altar con dos arcángeles del escultor Ponzanelli, que todavía existen en el nuevo altar. En los interiores se aprecia un espléndido púlpito de madera tallada, con las apariciones de la Guadalupana en relieve.

(Tomado de gaceta La Bohemia, Publicación cultural mensual, diciembre de 2005, p. 1 y 4).

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EDGAR ANAYA RODRIGUEZ
Cronista de sitios turísticos del D. F.
alebrixe@prodigy.net.mx

SOBREVIVE MISTERIO. Fotografia: Edgar Anaya

La prehispánica calzada del Tepeyac, vía de virreyes y peregrinos sobre el agua, unía este lugar del santuario con Tlatelolco, cambió su nombre por el de Calzada de los Misterios a partir de la construcción de esta serie de monumentos religiosos ubicados en su lado oriente (la Calzada de Guadalupe actual se creó en 1886).

En 1675, durante el mandato del virrey arzobispo Payo Enríquez de Ribera, se comenzaron a construir estos 15 oratorios únicos en su género, al menos en América, que representan a cada uno de los 15 misterios que integran el rosario católico.

Entre el primero ―en avenida de los Misterios y calle Fray Juan de Zumárraga, a unos metros de la basílica de Guadalupe― y el último ―en la esquina con Gounod― hay poco más de tres kilómetros.

Cada monumento de piedra, de unos 3.5 metros de ancho por 8 metros de alto, consta de tres cuerpos: el inferior es liso ―basamento―, el de en medio tiene un relieve en piedra con el tema de cada misterio y en el superior todos tienen relieves de la virgen de Guadalupe; están rematados con un pequeño frontón y escultura de algún santo, también las tenían los nichos laterales (quedan muy pocas); el respaldo es liso. Se encuentran muy deteriorados.

El primero y los últimos siete Misterios son originales, los demás son réplicas hechas en 1996, con otro diseño.

 
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