Miguel Ángel Alemán Fotógrafo de patrimonio intangible marzo 2010
Esta festividad se
realiza en honor a una imagen de Nuestro Padre Jesús. Los nueve días previos al
cuarto viernes de cuaresma se realizan novenarios en las distintas capillas del
pueblo. Durante esos días se realizan donaciones de arreglos florales, cañas,
flores de cempaxúchitl, salvas y vestimenta para la Santa Imagen.
El viernes desde las 4:00 hasta las 9:00 hrs. se ofrecen mañanitas
por distintas bandas de música, y durante todo ese lapso se queman salvas. A
las cuatro de la tarde se reúne la gente del pueblo y de otros lugares en el
atrio principal de Acopilco para iniciar una procesión por las diversas calles
y colonias. Se regalan cañas a toda la gente, y en diversas casas ponen altares
con representaciones de la vida de Jesús.
La procesión es encabezada por una
camioneta que lleva el Santísimo, después van las imágenes de Nuestro Padre
Jesús, La Virgen de los Dolores, San Lorenzo Mártir, y en el camino se unen las
imágenes de los Santos Patrones de las capillas que se visitan. Todas las
imágenes van cargadas en andas adornadas con flores de cempaxúchitl y cañas. La
procesión culmina a la una de la mañana en el momento que se quema una multitud
de bombas y cohetes.
El sábado por la tarde llega una promesa del barrio de San Ignacio,
delegación Iztapalapa, contribuyen con portadas que colocan en la parroquia de
Acopilco en honor a Nuestro Padre Jesús y San Lorenzo, además en la capilla de
enfrente se coloca una portada por parte de los vecinos de Acopilco. A las ocho
de la noche llega una cuadrilla de Arrieros que bailan en el atrio, y más tarde
llega una danza de concheros.
El domingo por la mañana se llevan a cabo las mañanitas por distintas
bandas de música y se queman cohetes, al medio día arriban diversas promesas
provenientes de los pueblos de Buenavista del Monte (Estado de Morelos), San Martin
Huixquilucan, La Candelaria de San Pedro Cuajimalpa, Santiago Yancuitlanpan,
San Pablo Chimalpa, Santa Rosa Xochiac, San Ignacio y Santa Bárbara de Iztapalapa y San Miguel Almaya (Estado de México).
Todas las promesas son recibidas
por los fiscales encargados de la fiesta y se les ofrece un desayuno para
después llegar en procesión junto con una comparsa de chinelos de Acopilco
hacia la parroquia, donde se oficia una misa en honor del Padre Jesús, al
término de la misa la promesa de Santa Rosa Xochiac quema varias gruesas de
salvas. Por la tarde los fiscales ofrecen comida a las promesas invitadas. Como
parte de la celebración durante todo el día se realizan confirmaciones. Por la
noche se realiza un baile popular y se queman castillos y fuegos artificiales
donados por los vecinos de Chimalpa y Acopilco.
El lunes sólo se celebra una misa solemne en acción de gracias por la
celebración de un año más de fiesta y beneficios dados al pueblo de San Lorenzo
Acopilco.
A todos sorprende el crecimiento monstruoso que ha experimentado la Ciudad de México a lo largo de este siglo que está por terminar.[i] Igual de sorprendente resulta la transformación sufrida por la antigua e histórica población de Cuajimalpa en los últimos 20 o 30 años. Ubicada en la parte suroeste del Distrito Federal, esta población se encuentra a una altura de 2 245 metros rodeada por importantes cerros como el de Las Palmas, La Marquesa, Cruz Blanca y Santa Rosa entre otros, que en conjunto forman parte de la llamada Sierra de las Cruces la cual divide a la cuenca de México del Valle de Toluca.
Cuajimalpa debe su nombre al vocablo náhuatl Cuauhximalpan, que a su vez se deriva de cuauhximalli, palabra compuesta de cuauhitl, madera y ximalli, astillas, a la que se le agrega la terminación pan, en o sobre, para complementar su significado: “sobre las astillas de madera”. Esta descripción se ve reforzada en su jeroglífico donde se muestra un hacha de cobre sobre un árbol caído y empezado a tallar.
Fue el conquistador Hernán Cortés quien le bautizó cristianamente llamándola San Pedro Cuajimalpa y además, fundó varios pueblos a las orillas del antiguo camino que va de Tacubaya a Toluca, como San Mateo Tlaltenango, San Pablo Chimalpa, San Lorenzo Acopilco, Santa Rosa y Santa Lucía, mismos que aún subsisten. Haciendo honor a su nombre, la población de San Pedro Cuauhximalpan tenía fama en la época colonial de contar con hábiles carpinteros, leñadores y carboneros, que lo mismo hacían tablas, vigas, puertas, bancos, etc., que se ocupaban también en la agricultura y la ganadería de autoconsumo, así como en la venta de servicios de mesa y cama a los viajeros (mesones).
Cuajimalpa tiene su lugar en la historia por varias razones, entre otras, porque en sus terrenos surgió el manantial de agua llevada por el acueducto de Santa Fe hasta Chapultepec para de ahí ser conducida hacia la caja repartidora de la Mariscala y abastecer a la Ciudad de México. Fue testigo de la batalla a campo abierto entre los insurgentes y los realistas, librada en el Monte de las Cruces. Los insurgentes obtuvieron plena victoria haciendo retroceder a sus enemigos pasando por los pueblos de Cuajimalpa y Santa Fe. En el mesón de “San Luisito”, ya desaparecido, el cura Hidalgo se negó a avanzar hacia la capital aduciendo falta de armamento. Cabe mencionar que el referido Monte da las Cruces debe su nombre a la numerosa cantidad de cruces, que señala los lugares donde varios pasajeros fueron asesinados por los guerrilleros y bandidos que hacían de este lugar su guarida.
Durante el llamado Segundo Imperio, Maximiliano y Carlota visitaron San Pedro Cuajimalpa el 29 de octubre de 1864. En dicha ocasión fueron recibidos por el mariscal Bazaine, quien los hospedó en una ¡tienda de campaña! decorada y ambientada con muebles traídos exprofeso de la capital de México; al día siguiente se dirigieron al Monasterio del Desierto de Los Leones donde escucharon misa. Finalmente, durante la lucha revolucionaria de principios de nuestro siglo los bosques de Cuajimalpa se convirtieron en escenario de numerosas batallas entre los zapatistas y los seguidores de Venustiano Carranza.
De los sitios o lugares favoritos de los capitalinos, cercanos a esta población, destaca el antiguo monasterio carmelita mejor conocido como el Desierto de Los Leones, fundado el 16 de diciembre de 1604 y declarado –junto con su entorno natural- Parque Nacional el 15 de noviembre de 1917 por el presidente Carranza. La Venta de Doña Marina era un mesón propiedad de la esposa de Alonso de Estrada, tesorero real, doña Marina Gutiérrez Flores de la Caballería y se encontraba sobre el antiguo camino a Toluca. Los arrieros la llamaban La Venta de la Pila debido al amplio abrevadero que tenía. Por su parte, la marquesa Calderón de la Barca decía que la administraba hacia 1840 un francés “de quien se dice, que está haciendo una fortuna que bien merece, aunque fuera nada más por el desayuno que nos preparó”. Al establecerse el ferrocarril de México a Toluca el mesón comenzó a decaer hasta su desaparición, hoy en día se instalaron en su lugar numerosos puestos de comida frecuentados por los visitantes al Desierto de Los Leones, que lo reconocen simplemente por el nombre de La Venta.
En la década de los 40 los jóvenes de Cuajimalpa comenzaron a contratarse como obreros y sirvientas en la Ciudad de México, dejando así las labores del campo, en especial el cultivo del maguey y la producción de leña y carbón. Algunos adinerados de la capital iniciaron la construcción de sus residencias en la población o en sus alrededores. Actualmente se distinguen tres zonas en Cuajimalpa: la urbanizada, la tradicional y aquella formada por los pueblos de Acopilco, Chimalpa, Tlaltenango, San José de los Cedros, Jesús del Monte y la Navidad. La compleja topografía dificulta la comunicación entre dichas zonas y ha propiciado numerosos asentamientos a lo largo de la carretera México-Toluca, Santa Fe-La Venta y el antiguo Camino Real a Toluca.
Su rostro actual se mira en los fraccionamientos habitacionales de lujo que se han establecido en sus cercanías, como Vista Hermosa, Rincón de las Lomas, entre otros, así como en sus numerosos condominios o conjuntos horizontales cuyas elevadas y bien elaboradas bardas contrastan notoriamente con la arquitectura modesta de la mayoría de sus casas.
[i] Texto publicado en la Revista Crónicas de la Ciudad de México, México, Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, Segunda época, Año 3, Núm. 11, oct.-dic. 1998, p. 5-6.
El Desierto de los Leones es el Parque Nacional másantiguo, importante y estratégico de la Zona Metropolitana del Valle de México. Se encuentra ubicado en la Sierra de las Cruces, a 32 kilómetros al sureste dela Ciudad de México, sobre la Carretera Federal México-Toluca. Es un bosque de extraordinaria belleza, con 7 Kilómetros de largo, una anchura media de tres kilómetros, con una superficie oficial de 1867 hectáreas. Su vegetación es de encinos, pinos y oyameles; la topografía es abrupta, con cerros y cañadas e innumerables manantiales y riachuelos. El clima que prevalece es de montaña, semifrío de noviembre a mayo y húmedo durante el resto del año.
A este bosque se le dio el nombre de Desierto porque en él los carmelitas descalzos erigieron, a principios del siglo XVII, un Convento, nueve ermitas y una capilla, aisladas de todo centro de población, en las que realizaban sus prácticas ascéticas. La obra del Convento fue dirigida por Fray Andrés de San Miguel, con la ayuda económica de Don Melchor de Cuellar, acaudalado hombre de negocios y devoto de la Orden del Carmen. Se llamó de los Leones (cuenta Alfonso de Rosenzweing Díaz), no porque fueran muchas las fieras que habitaran el lugar, sino a causa del enconado litigio que sostuvieron en el siglo XVIII dos hermanos de apellido León contra José Patiño Ixtolinque, descendiente del cacique de Coyoacán, ypretendiente del predio. Al parecer los hermanos León eran trabajadores administrativos del lugar.
El edificio acabaría por ceder a la humedad, la lluvia y los incendios hasta resultar irremediablemente dañado por el temblor de 1711. En 1722 se demolió y se edificó uno nuevo. Los problemas de humedad continuaron, por lo que la orden religiosa decidió abandonar su recinto conventual en 1780 para trasladarse a Tenancingo. En el México independiente, esta propiedad con sus tierras pasó a manos del Ayuntamiento de la Ciudad de México.
En 1839 Madame Calderón de la Barca escribió sobre su Almuerzoen el Desierto de los Leones:
“Las ruinas del viejo convento carmelita se levantan en la ladera de la montaña, y se ven rodeadas por majestuosos pinos, encinos y cedros; anchurosas y altísimas naves del bosque por el cual discurrían los frailes en sosegada meditación...estos fértiles sitios (que el ojo conocedor de un yanqui descubriría enseguida como muy a propósito para ser explotado) no tienen dueño y permanecen desiertos en su solitaria belleza. Algunos pobres indios moran entre las ruinas de los antiguos claustros, y el venado montaraz posee la indisputable soberanía de los bosques...”
El presidente Venustiano Carranza promulgó el decreto que le otorgó al área la categoría de Parque Nacional el 15 de noviembre de 1917. El 19 de diciembre de 1983 , el Presidente Miguel de la Madrid Hurtado decretó la expropiación de 1,529 hectáreas a favor del Departamento del Distrito Federal, para destinarlas a la preservación, explotación y embellecimiento del Desierto de los Leones.
Entre lo que aún permanece en los jardines de aquel antiguo convento destaca el famoso “Secreto”, un chapitel o templete abierto con bóveda elíptica que transmite de un extremo a otro el susurro pronunciado. La visita a este lugar tiene su grado de emoción al introducirse en los oscuros túneles subterráneos del Convento. Aunque ahí mismo venden velitas para el recorrido.
Tomemos un párrafo de un tríptico que se difunde en ese sitio, para imaginar lo que sería el recorrido, para los que aún no conocen, o para recordarlo, los que ya disfrutamos de él:
“Un parque ecológico es de por sí atrayente. Una edificación antigua seduce. Pero cuando un mismo paraje reúne ambos atractivos resulta único. La exuberancia de la naturaleza, rodeando un convento que, aunque abandonado por los monjes hace casi dos siglos, aún resuma un espíritu de recogimiento, produce un encanto especial.
El paseante puede optar por recorrer y disfrutar el monasterio o los bosques, pero el contacto de ambos factores en una misma geografía es lo que da su sello al Desierto de los Leones. Entrar al antiguo convento es como acceder a otra dimensión: la paz de sus muros invade el alma, y en la quietud que allí reina creemos oír los pasos, los rezos y los cánticos de los monjes. Virtud, aislamiento, oración: tal parece que las paredes estuvieran impregnadas de aquel espíritu y al avanzar por el monasterio se adhiriera a nosotros, que procedemos de un mundo tan diferente. Al llegar a la Capilla de los Secretos todas estas sensaciones parecen acumularse, como si la mudez circundante tuviera como trasfondo secreto una voz o una música. Este es un sitio que sabe quedarse en la memoria de quien lo conoce”.