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Programa dedicado a Azcapotzalco: http://www.capital21.df.gob.mx/index_alba.html
www.canal21.df.gob.mx / sección "Al Alba" / JUEVES 29 DE ENERO DE 2009.

Nota: hay que descargar un programa para ver imágenes "silverlight" que aparecen en la misma página.
Informacion proporcionada por el Cronista de Azcapotzalco
Antonio Urdapilleta.

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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Cuando vienen turistas extranjeros a visitar México, una de las cosas que más les llama la atención son los mercados.  Entre los pueblos prehispánicos los llamaban tianquiztli, de donde se deriva tianguis. Era famoso el mercado de Azcapotzalco, donde se expendían toda clase de mercancías, Tlaltelolco toma como modelo este tianguis y lo organiza de forma similar.
Bernardino de Sahagún nos describe como estaba distribuido y de esta forma podemos imaginar como era el de Azcapotzalco. El mercado de Tlaltelolco estaba dividido en secciones, en un pasillo se vendían telas de algodón de diferentes colores, enaguas, huipiles, tilmas etc.; en otro abalorios y adornos: plumas, piedras semipreciosas; otra sección exhibían joyas: diademas, ajorcas, bezotes, brazaletes, orejeras, pectorales de oro y plata primorosamente trabajados por los orfebres de San Miguel Amantla; se vendía barro modelado de diferente forma: cántaros, ollas, cazuelas, comales y sahumerios para quemar copal.

El púrpura extraído de la cochinilla, los tintes y tierras para colorear  también tenían su espacio. En la sección de herbolaria se encontraban curanderos que sabían de todas las hierbas medicinales que se cultivaban o crecían silvestres en los campos, daban recetas de emplastos y cocimientos para diferentes enfermedades. Orientaban a las embarazadas y les ordenaban caminar mucho y gatear para que el niño se acomodara adecuadamente en la matriz.

Había una especie de peluquería donde afeitaban y cortaban el pelo a los varones y a las mujeres les trenzaban el cabello con cordones de algodón de diferentes colores.
Tenían una zona que era para la venta de verduras y carne de animales: perros comestibles, venados,  codornices, chichicuilotes y otras aves comestibles que cazaban en el lago. Había otra zona donde se ofrecía comida ya preparada y la gente podía comer ahí o llevarla a su hogar. Ir al tianguis era una fiesta.    

Los tianguis de México heredaron esas costumbres y nuestros mercados son una verbena llena de color, pero están desapareciendo, es un patrimonio que debemos salvar. El mercado de Tacuba, se lo acabó el ambulantaje que se posesionó de la gran plaza que había antes de que entrara en servicio el “Metro” línea 2 
¡Ay, qué distinto era antes! Los sábados y domingos era día de tianguis, bajaba la paisanada de San Bartolo, San Luis Ayuca, etc. a ofrecer sus productos.

Encontrabas desde una cobija de lana hasta los aretitos de oro o el anillo de plata 0.720 con ópalos o turquesas. En la época de julio, agosto y septiembre llegaban las mujeres con costales de elotes tiernitos, flor de calabaza, verdolagas, quelites, ramos enormes de mirasoles (de corolas rosas, moradas y blancas) poniendo su nota de color. También traían florecitas de San Juan blancas, olorosas y breves como un suspiro.

Las pajareras exhibían sus jaulas con pájaros cardenales, rojos como el incendio de una tarde; canarios amarillos y cantadores; calandrias de ojos vivaces y húmedos como hojitas tiernas; verdines quE no se quedaban atrás en trinos y cantos. ¡Qué bonitos tianguis los de entonces! Yo era una niña cuando tuve la fortuna de gozarlos y por aquí picaba la nariz el olor de la menta, allá te mareaba el tomillo, la mejorana o la albahaca. Aquí los racimos de pirul con sus frutitas rojas, alimento predilecto de muchas aves y de muchos niños, porque eran dulces y nos gustaba comerlos.

El mercado de Azcapotzalco goza de cabal salud, todavía los chintololos acuden a realizar muchas de sus compras en este colorido mercado. En enero se llena de juguetes; en febrero de globos en forma de corazón; en marzo de disfraces para los chiquitines, que serán ropavejeros, payasitos, flores y princesas en los desfiles de la primavera; en abril de dulces mexicanos para el día del niño; en mayo de ramos de flores por doquier para celebrar a mamá; en junio de artículos para caballero, quizá esa bufanda tejida con agujas para el próximo invierno; en julio las llantas, flotadores y trajes de baño; en agosto torres de cuadernos, lápices, plumas y todos lo necesario para la escuela; septiembre se engalana con banderas tricolores de todos tamaños; en octubre y noviembre pirámides de camotes y calabazas, toda la nave huele a copal, amarillas flores de cempoaxóchitl y las magenta de terciopelo, las calaveras de azúcar se antojan al pasar y al dar la vuelta te encuentras con una “catrina” enorme al estilo de Posada, una calaca bonita, vestida de gala, con sus aretes, zapatos de tacón y su sombrero adornado con flores, una muerte guapachosa con muchas ganas de vivir y entrarle al jolgorio de los vivos; en diciembre la techumbre del mercado se llena de destellos con la escarcha multicolor que cuelga, los faroles, el heno, le dan ese ambiente navideño.

Decenas de piñatas se bambolean en las alturas y al mirar hacía arriba nos deleitamos con esas efímeras obras de arte que salen de las nigrománticas manos de nuestros artesanos: estrellas de pancitas brillantes y siete picos, zanahorias, rábanos, mandarinas, uvas y muchas frutas más, barcos en los que quisiéramos zarpar para navegar en el mar de los ensueños. También se modelan personajes: Cenicienta, Blanca Nieves, Bella Durmiente, Sirenita. Y los más feos los héroes de moda.

Los puestos de fruta exhiben gran cantidad de tejocotes, jícamas, cañas, limas, mandarinas y cacahuates. Fuera del mercado se han colocado los puestos que venden heno, musgo y todo lo necesario para poner un nacimiento: portales, figuras de barro: María, San José, pastorcitos, el ángel, el diablo, animales y otras curiosas figurillas. También encontramos pinos ya sea artificiales o naturales, y todos los adornos necesarios: estrellas, escarcha, pelo de ángel, esferas de todos tamaños, guirnaldas, series de focos y mil colguijes más.     

Cuando voy de paseo por algún estado de México y deseo probar la comida típica de cada lugar, acudo al mercado para saborear las exquisiteces de cada pueblo o ciudad. Nuestros mercados son una fiesta de olores, sabores y de un colorido sin igual y ¡cómo no! si tenemos una gran variedad de frutas que engalanan cada puesto y unas flores que aroman y llenan de color los pasillos. Si pasas por la sección de comidas a eso de las tres de la tarde y te llega el olor sacrosanto de un mole o de unas cebollitas tatemadas no te puedes resistir.  

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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com
JULIA CON SU PEQUEÑO HIJO.  FOTO DEL AÑO DE 1931

Rafael Alducín, director del periódico Excelsior, lanzó una convocatoria para celebrar en el mes de mayo el Día de las madres y a partir del 10 de mayo  de 1922 se rinde homenaje a las mamacitas mexicanas.
De los años cuarenta a sesenta, años más o años menos, las niñas elaboraban con mucha anticipación el regalo para las madres. Las alumnas de primero y segundo hacían una servilleta para las tortillas con estambres de colores, ensartaban el estambre en una aguja y hacían hilvanes alrededor del cuadrado de tela. Fundas o carpetas eran adornadas con diferentes motivos por las jóvenes de cuarto. Las de quinto año tenían que terminar un mantel para la mesa del comedor. Las niñas que cursaban el sexto año aprendían a tejer agujas o ganchillo y confeccionaban con estambre un chal para la abuelita o la mamá.

Y viene el festejo. El mejor regalo  es ver bailar, declamar o cantar a su vástago. En los días próximos al día 10 de mayo se ven por las calles a los niños vestidos: de jarochos, norteños, charros, rancheros y a las niñas de adelitas, tehuanas, chinas poblanas, etc. Los festivales son emocionantes para los infantes, pues es la única ocasión que bailan frente a un público y para las madres es un recuerdo inolvidable y conservan como un tesoro la foto donde aparece el hijo con su traje regional.

Lupita Roaro hacía un fiestón el Día de las Madres, pero el festejo tenía algo muy peculiar. Todos participaban en la organización: Las jóvenes damas preparaban el arroz, el mole y los frijoles, los muchachos se encargaban de poner una manta para el sol, lavar el patio y colocar las mesas y las sillas. La cita era a las 14:30 para empezar a comer a las 15:00. Todos estábamos como gatos viudos relamiéndonos los bigotes, pues sabíamos de las delicias que nos esperaban, de la cocina se desprendían unos olores que incitaban a tomarla por asalto sin importar las buenas maneras. La comida se sirvió en seguida que entró Pepe con las tortillas calientes.

Se colocó una canastita con tortillitas en cada mesa, un salero, una jarra de agua y empezaron a circular los platos de plástico con: arroz, mole y frijolitos “chinos”. En el lugar se hizo un silencio absoluto solamente interrumpido por la voz sentimental de Chente cantando.”Aquí tienes las llaves de mi alma/ puedes entrar a la hora que tú quieras. ¡Qué mole, señores qué mole! Circularon las “cheves” y los tequilitas.
La chamacada se puso a bailar e impusieron su música para contorsionistas por más que los abuelos pedían un danzón o un mambo para mover el esqueleto como en los buenos tiempos. A las ocho llegó el mariachi y todos haciendo gala de nuestra  garganta aguamielera  nos pusimos a cantar todas las de José Alfredo, recordando: unos la juventud, otros al ingrato amor que nos dejo más sensibles que una cuerda de violín. Llamaron a Lupita para cantarle las mañanitas, ahora sí, ella pide. Una fiesta inolvidable plena de amor y de alegría. Cuando todos cooperan, todo sale bien. ¡Salud, mañana será otro día! El mariachi se retira a las diez de la noche.

La anfitriona se para en medio del patio y a toda voz dice: “Ya se acabó el veinte. Aquí se rompió una taza y cada quien para su casa” Quedamos contentos, así está bien sin excesos. Cerramos con una porra a las mamacitas.
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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Mi primer trabajo docente fue en la escuela “Adalberto Tejeda” de nueva creación  en el año de 1960, era tan joven que me confundía con las niñas que asistían a sexto grado. El grupo que me asignaron fue el primer año y tenía ochenta alumnos. Mi salón parecía un panal donde no cabía una abejita más. Los niños de escasos recursos, con pobre vestimenta, mal comidos, algunos sin calzado. Insuficientes pupitres, otros llevaban una silla y el resto se sentaba en el suelo.
Todavía no había luz, teníamos agua corriente y mi salón  contaba con un pizarrón; el patio era grande y encementado, peleados con las plantas los arquitectos que diseñaron la escuela no dejaron ni un triste árbol.

Enseñarlos a leer, escribir y a realizar las cuatro operaciones elementales me parecía una labor titánica, efectivamente así fue, la atención personalizada era un sueño guajiro, el Método Montessori es ideal para diez niños aproximadamente, Decroly no alcazaba a cubrir las necesidades de unos niños con hambre. Pero desarrollas tus propios métodos, más intuitivos que científicos 

La primera condición para ser profesor es tener un gran amor por la profesión y por los niños, un gran sentido de responsabilidad y estar consciente de que estaremos en un nivel de vida bastante modesto, nuestros estímulos serán papelitos que nos entregan los niños el  Día del Maestro o al final del año donde han escrito “Te amo” o una tarjeta con dibujos, pero nunca serán cheques. Aceptando estas condiciones  no nos sentiremos frustrados al mirar a otros profesionistas más prósperos en el aspecto económico.

En 1917 Venustiano Carranza por decreto presidencia instituyó el 15 de mayo  para celebrarse el Día del Maestro y por primera vez se celebró el 15 de mayo de 1918.  Recuerdo el Día del Maestro de ese año de 1960, tenía un alumno que se llamaba Federico, Fede le decían sus compañeros. Un niño muy pobre, iba descalzo y con un suéter raído que apenas lo cubría. Ese día llegó radiante, bañado, con unos guaraches y con una sonrisa de oreja a oreja me entregó un envoltorio amarrado con un hilo blanco y me dijo: “Maestra le traje un regalo, me abrazó con mucha ternura y me dio un beso en la mejilla” Al terminar el turno puse en una bolsa los regalitos.

Tenía curiosidad por saber que contenía el envoltorio que me había dado Federico. Desaté el hilo y  rompí el papel de china, lo que encontré me conmovió profundamente, dos kilos de plátanos. Ha sido uno de los  obsequios más valiosos que he recibido, pues me regaló parte de su comida.  Al otro día le obsequié a mi niño una rica torta con huevo guisado.

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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

El 23 de abril celebramos el Día del Libro. Los antiguos tepanecas y mexicanos ya tenían  libros que eran llamados códices. Los códices eran realizados magistralmente por los tlacuilos, artistas que sabían dibujar, pintar y además tenían conocimientos sobre diversos temas, cada tlacuilo se especializaba en un tema para poder expresar acertadamente los conceptos que quería expresar por medio de hermosas pinturas. Se dibujaba sobre largas tiras de papel amatl  o en piel de venado. Las tiras eran dobladas en forma de acordeón.
La palabra códice significa “libro manuscrito”, reciben este nombre los documentos de imágenes o de pinturas realizados por los naturales de México o América.

Desafortunadamente muchos códices fueron destruidos a la llegada de los conquistadores, pocos se conservaron con su hermosa pictografía, además la mayoría están en el extranjero. Al llegar los españoles con el uso de los caracteres del alfabeto, fue decayendo la elaboración de los códices.
Los tlacuilos vivían en los palacios o templos donde realizaban sus trabajos, era la única ocupación que desempeñaban y eran muy respetados ya que se les consideraba como historiadores y artistas que registraban la memoria, las tradiciones, los mitos, la cosmogonía y la cuenta calendárica de su pueblo. Su denominación viene del verbo tlacuiloa porque escriben por medio de pinturas, algunas veces intervenían varios tlacuilos, ya que se observan estilos diferentes.

Para realizar sus dibujos elaboraban pinturas a partir de pigmentos minerales y vegetales. Muchos de los códices fueron quemados porque se consideraban el resultado de mentes diabólicas. Fray Bernardino de Sahún habla del árbol del amate y de la manera como se fabrica papel para la elaboración de códices, era tan valioso que los pueblos lo daban como tributo a los mexicas. Al prohibir los frailes las ceremonias indígenas el papel amate y la caña se usaron para elaborar cristos durante los siglos XVI, XVII Y XVIII.
Había un lugar destinado para guardar los códices, el amoxcalli (amoxtli- libro y calli- casa), los tlamatinime (los sabios) se encargaban de su cuidado y conservación. La deidad protectora de los tlacuilos era Xochiquetzal (flor de quetzal, la flor más valiosa), era la diosa de todas las artes (danza, canto, música, orfebrería, bordado, trabajo en pluma, escultura, etc.), de las flores, de la primavera y de todos los amantecas.

En el poniente de Azcapotzalco se encuentra uno de los asentamientos más antiguos, el barrio de San Miguel Amantla (en la época prehispánica era calpulli), en este sitio se concentraban los amantecas (artistas y artesanos) que trabajaban  la pluma, los orfebres, los lapidarios y algunos tlacuilos. En el Libro Nono, Capítulo XVIII y XXIX Fray Bernardino de Sahún hace mención del calpulli de Amantla donde dice se reunían todos los amantecas. 
En Europa los primeros libros eran manuscritos, por lo que resultaban muy costosos y difíciles de reproducir. Con la aparición de la imprenta la elaboración de libros se hizo más fácil y rápida. Algunos historiadores dicen que la imprenta es un invento chino, primero fue el libro xilográfico, poco después Pi Cheng inventa un tipo de caracteres móviles, pero el costo era muy alto.

En Europa se considera a Juan Guterbeng como el inventor de la imprenta manual, de caracteres móviles en metal fundido, utilizando tinta grasa y una prensa. Su gran obra la realiza en medio de grandes apuros económicos durante parte del siglo XV, un poco después que los chinos. La Biblia se considera como la primera impresión en Europa. El uso de la imprenta se extiende rápidamente por todo el mundo. Uno de los inventos que revolucionó al mundo es sin duda la imprenta al permitir la rápida difusión de las ideas, contribuyó otro invento chino, el papel, sin el cual no hubiera sido posible la impresión. Los primeros tirajes apenas alzanzaba 500 ejemplares por día, ahora se pueden tirar 15000 o más en una hora.

En el siglo XIX hay un avance espectacular en la impresión gracias a otra serie de inventos, en la actualidad las imprentas son una maravilla en cuanto a rapidez y nitidez en la impresión. Pero ahora el libro impreso en papel se ve amenazado por los medios electrónicos que pretenden  sustituirlo por una luminosa pantalla en la computadora. Sin embargo, la sensación de tener un libro impreso en las manos y el aspirar el aroma de la tinta son insustituibles. El placer de sentarse a leer bajo un árbol mientras se escucha el canto de los pájaros es incomparable. El libro nos abre puertas y ventanas para incursionar en otros mundos y navegar por todos los mares. De la mano de nuestro amigo el libro conoceremos: gnomos, duendes, hadas, elfos, al transponer la puerta de la fantasía y el conocimiento.


LÁMINA 1. LOS AZTECAS SALEN DE AZTLÁN.
La Tira de la Peregrinación es un códice hecho en papel amate, doblado en forma de acordeón. Se le nombra también Códice Boturini.

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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Los vecinos del barrio de San Lucas Atenco (contiguo a Clavería): viejos, adultos, jóvenes y niños éramos fervientes admiradores del famoso luchador llamado “Santo, el enmascarado de plata”. En este tiempo se popularizó tanto la lucha libre que se convirtió en el juego favorito. En los patios de las casas y vecindades, en las calles, en los parques, todo espacio se convertía en un ring donde luchaban por el campeonato de la calle o la colonia. Todos los chamacos sabían cuales eran las llaves más difíciles o más efectivas para someter al rival: la catapulta, el martillete, la huracanada (inventada por el Huracán Ramírez), las patadas voladoras, la quebradora, etcétera,  y cómo se tenía que montar al contrincante para que diera con la espalda en la lona o en el piso y se le contaran las tres y vencerlo.

Las niñas también le entraban al ajo, éramos especialistas en los piquetes de ojos, digo éramos porque yo era una candorosa “Hija de María” vestida de largo y de blanco para ofrecer flores a la Virgen. Con todo y vestido de gala le entrábamos a los fregadazos, a veces el vaporoso velo terminaba hecho jirones.
En los principios de los cincuentas salió a la venta, en los más importantes almacenes de la ciudad, el espejo mágico de la televisión, las trasmisiones eran en blanco y negro, estábamos fascinados con este maravilloso invento, en el que podíamos ver películas, teatro, revistas musicales, a nuestros artistas favoritos y desde luego el box y la lucha libre. Mi familia era de las pocas que contaba con una televisión, no éramos ricos pero a mi papá le gustaba tanto la lucha libre que sacó un aparato en abonos. Él era muy generoso con los vecinos, invitaba a los niños a mirar las trasmisiones que se hacían desde la Arena Coliseo.

Mi papá además de deportista era “chelero” de fin de semana, todos los viernes se reunía la palomilla en el estanquillo de las “Señoritas” ubicado en la esquina de mi casa. El principal tema de conversación era la lucha libre y sus figurones como: Santo, Blue Demon, El Cavernario Galindo, El Médico Asesino, Enrique Llanes,  Mil Máscaras, por mencionar algunos. Indiscutiblemente el más famoso y de mayor arraigo en el fervor popular era “Santo, el enmascarado de plata”. Fue tanta la devoción que mi padre profesó a su gladiador favorito que cuando ya tenía cuatro o cinco “cheves” entre pecho y espalda decía que él era el “Santo”, lo curioso es que la gente lo daba por cierto. Le ayudaba su físico ya que era alto, sin panza, dobladote, le gustaba hacer ejercicio y conservarse en forma. Ya más entrados en materia se convertía en maestro y les enseñaba como aplicar correctamente cada llave y como quitárselas, en fin, se la pasaban de lo más entretenido, a las diez cerraba el tendajón y mi papá regresaba a casa con una cauda de admiradores gritándole: ¡Santo, Santo…!

La ficción crecía, les contaba historias de sus supuestas luchas con sus adversarios, de sus entrenamientos y mil supercherías más, escuchaban estupefactos, a poco todos tenían la fortuna de estar parados frente al meritito “Santo”. La fantasía corrió por todo el barrio. A nosotros nos decían “Los Santitos”, nadie nos tocaba un pelo, los vecinos nos cuidaban como a las niñas de sus ojos. Nos llamaban así porque el autor de mis días de nombre Roberto pregonaba por todo el barrio que él era nada más y nada menos que el famoso luchador el “Santo”.
A veces pasábamos por momentos difíciles cuando nos preguntaban: ¿dónde guarda tu papá las capas y las máscaras? "No sabemos, es un secreto" y de ahí no nos sacaban. Una vez llegó mi papá y estaban pasando las luchas y participaba precisamente el ”Santo”. Rafa, uno de los niños le dice: ¡ejelé, usted no es el “Santo”! Y responde muy serio: claro que sí soy el “Santo”, el que miran en la tele es mi doble, hoy me tocó descanso. Tomó una silla y se sentó tranquilamente a ver a su ídolo “Santo, el enmascarado de plata”.      

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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com


El antecedente de la Refineria 18 de marzo la tenemos en  la Mexican Eagle Petroleum Company que ocupaba parte de los terrenos del rancho de la Naranja. Tiempo después se construyó la nueva refinería que se inaugura el año de 1946 en los terrenos del rancho El Oro y en el rancho de la Naranja. La presencia y cercanía de la refinería influyó en el desarrollo socioeconómico de la colonia Clavería, pues muy cerca en el lado poniente se abrieron restaurantes, fondas, tiendas y otros comercios para atender la demanda de los trabajadores. Los oleoductos recorrían varias calles, sobre todo la calle de Nilo, toda la zona olía a los gases que se despedían durante los procesos de refinación.
Las pipas que transportaban diesel, aceite o petróleo al pasar hacían estremecer las casas, nosotros nos acostumbramos a esos retumbes del suelo y a los olores, pero cuando llegaba de visita gente de otros rumbos de la ciudad, de inmediato notaba el movimiento del suelo cuando pasaban los vehículos y el olor desagradable. Estábamos sobre una bomba, pasamos verdaderos sustos, por ejemplo en 1961 hubo una explosión muy fuerte y el fuego amenazaba extenderse y alcanzar los tanques de almacenamiento, eran una llamas tan grandes que se alcanzaban  a ver desde el edificio delegacional. Muchas gentes tomaron sus papeles y pertenencias más indispensables y huyeron en carros particulares, otros nos pusimos a rezar pidiendo a Dios que controlaran el fuego pues de otra manera volaríamos por los aires como muñecos de cartón. Afortunadamente podemos contarlo. 

Toda nuestra niñez la vivimos paralelamente a la refinería: el silbato de las seis nos despertaba para prepararnos para nuestras labores cotidianas, el de las dos la comida, el de las diez el fin de la jornada. Temíamos escuchar la sirena pues nos indicaba que algo malo sucedía, si no volvía a sonar el peligro había pasado. También sufríamos las épocas de elecciones sindicales, había enfrentamientos entre los diferentes grupos y a veces nutridas balaceras.
En el año de 1970  pasa a la delegación Miguel Hidalgo, según indicaron: Una parte está en terrenos de Miguel Hidalgo y otra parte en Azcapotzalco, por cuestiones administrativas no puede estar dividida. Así que la Refinería Azcapotzalco pasó a ubicarse totalmente en la delegación Miguel Hidalgo. Ahora ya sólo nos queda el recuerdo, en 1997 se clausura, paulatinamente las actividades cotidianas  desaparecen, destruyen las hermosas casas que conformaron la colonia de los ingenieros, quedan enterrados kilómetros de tubos, la explicación fue: las instalaciones eran viejas, obsoletas y salía más caro repararlas que hacer una nueva refinería.
Y… dirás que es absurdo, pero la extraño.                                                     


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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com


Boda de viudos, 1914.


Las bodas de los viudos eran tristes, la novia no podía vestirse de blanco, no era virgen ni pura pues había sido tocada por un varón y ya sabía de las artes amatorias. La iglesia no se adornaba, a la pareja la acompañaban en la ceremonia algunos familiares. La contrayente se presentaba vestida de negro, el traje muy discreto, sin escote, las mangas largas hasta la muñeca, peinado sencillo, con escasas joyas, si acaso unos aretes de plata o de oro.

El novio como de costumbre de traje negro. Después de la discreta ceremonia (en la que se ponía un lazo, se entregaban anillos y arras), generalmente no se ofrecía fiesta o banquete como se acostumbraba con las doncellas, que ofrendaban su virginidad al hombre que había de disponer de su destino.
A la reunión, después de la boda, sólo asistían los parientes más cercanos. La gente se iba enterando poco a poco que fulanito se había casado con la viuda.
El retrato de bodas reflejaba la  discriminación que existía para la mujer que había compartido el lecho con otro hombre, la viuda.

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Las visitas
Autor Martina Rodríguez García

Hace algunos años recibí una invitación para ir a la casa  de mi amiga Mari a cenar, ella se reúne con muchas  amigas y amigos y es feliz recibiendo visitas. Poco a poco fuimos llegando y Mari se puso a servir café, refrescos, vino afrutado y  tequila , en seguida empezamos a platicar y a nuestra amiga Alma se le ocurrió decirle a Mari “ya, ya están aquí tus otros invitados”, Mari le contesta “no le hagas, no me digas que ya te trajiste tus fantasmas, mira hasta me dio escalofrío; luego luego algunos  sentimos un poco de calor, como si de momento hubiera mas gente llenando la sala.   Alma le dice a Mari “ya cuéntales”; entre brindis y risas Mari sirvió la cena y  todos muy contentos recordando otros tiempos de nuestra juventud, las bromas  no se hicieron esperar, y brindis de esto y de lo otro, era un ambiente muy bonito, sonaba el cristal de las copas, la música invitaba a bailar. Nuevamente Mari empezó a platicar y cuando la mayoría de los amigos la escuchaban decidió contarnos lo que quería Alma: pues si, fíjense que hace ya unos tres años, cuando me vine a vivir a este departamento, un día en la mañana pasó Alma por mi para ir de compras, y mientras yo terminaba de tomar mi café aquí en la mesa, Alma estaba viendo hacia la recamara y me preguntó que quién era la señora que estaba junto a mi cama, yo no contesté pero ella siguió diciéndome “la señora trae puesta una bata igualita a la tuya, la floreadita”, en seguida me dijo “¿quién es el señor que acaba de entrar a la sala?”, yo le pregunté qué señor, “pues el que está allí cerca de la ventana, trae puesta una chamarra blanca, pantalón blanco y un sombrero de palma muy viejo”; de pronto ya el señor estaba sentado y con las manos sobre la mesa, llegó el olor de tabaco y el humo pasaba lentamente confundiéndose con el humillo del café caliente que bebía Mari: al decirle esto Alma, Mari se levanto rápidamente, tomó su bolsa y las llaves y le dijo “vámonos de aquí” saliendo apresuradamente de la casa.  Fue así que de pronto recordó que hoy se cumple un año más de que murieron mis papás. Lo mismo sucedió aquella noche de la cena, los papás de Mari cumplían un año más y se agregaron a las visitas para ver a Mari.    

El   Catrín de la Porvenir
Autor Martina Rodríguez García

Las leyendas trascienden la barrera  del tiempo, es casi seguro que algún día tu escuchaste hablar así a tu abuelita. Hace muchos años, cuando llegamos a vivir aquí, había muchos árboles, sembradíos y ladrilleras y por la noche se escuchaban muchos ruidos, los perros ladraban, aullaban y la oscuridad acompañaba nuestro miedo, pasó el tiempo y poco a poco nos fuimos acostumbrando y empezamos a dormir bien,  luego escuchábamos a otras personas que contaban que en la esquina de la calzada Vallejo y la calle Cuauhtémoc se aparecía el catrín, que su alma andaba penando porque fue un hombre que se robaba a las muchachas que le gustaban, solteras o casadas, le daba igual, como era muy rico decía tener derecho a todo lo que le gustaba.   Pero un día cuando regresaba de la feria donde había apostado y ganado mucho dinero, pasó por aquí, estas tierras formaban parte de la hacienda donde se encuentra la iglesia de San Francisco de Asís. Bueno, decían que el catrín se llevó a la esposa de otro hacendado y ese señor lo mandó matar, varios hombres lo esperaron, lo golpearon y después lo atravesaron con un machete, en ese lugar quedó tirado, agonizando con su capa ensangrentada y a un lado su sombrero negro, por lo que la gente lo comparaba con el diablo y por que murió en pecado; dicen que el catrín vaga por la madrugada, si quieres sentir el aire que levanta su capa, tu sabes.                                           

La  Mujer Estacada

Autor: Martina Rodríguez García  

Un día en la mañana, la gente empezó a llegar a la esquina de la calle tres y la calzada Vallejo, alguien les dijo que estaba una mujer herida sentada junto a la pared, la gente le hablaba preguntándole que le pasaba, pero ya no contestaba,   la gente que pasaba para tomar el camión rumbo a su trabajo la veían para ver si la conocían pero nadie la conocía; luego llegó un perro, se acercó a la mujer, empezó a olfatear y gruñía, algunas personas lo espantaban para que no se acercara a la mujer pero el perro le jaló el rebozo que la cubría y lanzo un aullido, -decía la abuela-. Nosotros sorprendidos y asustados seguimos viendo horrorizados porque a la mujer la habían sentado sobre un palo que se le enterró hasta la cintura, pobre mujer, como ya habían llamado a la Cruz roja , otras gentes se arremolinaban para ver si la conocían. La estacada algunas veces está sentada allí en la esquina , ¿quieres ver si tu la conoces?.                                                                

El callejón del beso
Autor: Martina Rodríguez García.

Muy cerca del Centro de Atzcapotzalco hay un lugar conocido con el nombre del Callejón del beso; si, es un espacio que ha quedado entre un edificio y unas casas de construcción antigua, algunas parejas de enamorados aprovechan pasar por el lugar y darse su beso, por eso el nombre ha quedado para la historia.  Dicen algunas personas que aunque ya es costumbre de muchos enamorados pasar por el callejón, otros no lo toman en cuenta, pero si se encontraran en ese lugar se les antojaría repetir la historia, besarse y ser muy felices, pues se siente una paz y es un lugar que tiene algo de misterio porque alguna vez quisieron construir una barda y tapar el paso pero no resultó porque ni era parte del edificio ni era parte del terreno de la casa, así que el callejón volvió a quedar libre. Como la calle en que se encuentra, entre Libertad y l6 de Septiembre, libre para el amor el callejón del beso.                       

El Ahorcadito       
Autor: Juan Castillo Arias

Si esto me lo contó uno de mis amigos y lo cuento para ustedes. Esto sucedió allá por la época virreinal, en el barrio de Coltongo; resulta que en ese tiempo un hacendado muy famoso, vivía muy feliz viendo que su hija crecía muy hermosa con sus cabellos dorados y tenía mucha facilidad para montar a caballo, tocar el piano y era muy estudiosa y trataba muy bien a toda la gente que trabajaba en la hacienda, por todo esto tenía muchos admiradores. Un día ella se enamoró de un caballerango, un hombre joven  igual que ella, pero no faltó el día en que su padre de la muchacha se enteró del noviazgo y no le pareció bien, así que mandó a unos trabajadores a cerrar las entradas de la hacienda dejando solo la puerta principal abierta, pero bien custodiada para que nadie se acercara a su hija. Después ordenó que cuando vieran al novio de su hija lo llevaran hasta una barranca y que allí lo dejaran, después de golpearlo tanto como para que no volviera. Así lo hicieron los peones pero el muchacho no se murió, tardó mucho tiempo en recuperarse y volvió para hablar con la muchacha, pero su novia ya no estaba en la hacienda, su padre la mandó a Europa a estudiar, pero el muchacho no perdía la esperanza de que la muchacha volviera y algunas noches caminaba cerca de la hacienda allá en Coltongo, la gente que lo veía, pensaba que era un aparecido pues a nadie le hablaba, sólo caminaba agachado y envuelto en su sarape, así siguió mucho tiempo hasta que enloqueció y un día lo encontraron ahorcado en uno de los árboles atrás de la iglesia de Jesús de Nazaret, y el hacendado al reconocerlo  dijo “mejor hubiera dejado que mi hija se casara contigo”,  y que no se hubiera muerto su  hija a la que vio llorando allí junto al ahorcadito.

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María Elena Solórzano
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Cupido es uno de los símbolos de San Valentín, niño alado y armado con arco y flechas que son disparadas a lo largo y ancho del mundo, provocando que se enamoren profundamente todos los gentiles. Algunas veces lleva una venda en los ojos, pues el amor es ciego. En la antigua Grecia Cupido era conocido como Eros, el hijo joven de Afrodita la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Para los romanos Cupido es el dios del amor hijo de Venus y de Marte, dios de la guerra. En la antigua Roma por estas fechas se adoraba a Eros. En Inglaterra probablemente en los siglos XVII y XVIII se realizaba la "fiesta de los “Valentines", hombres y mujeres se reunían para elegir pareja.
A San Valentín se le reconoce como el patrón de todos los enamorados. Existen leyendas acerca del Día de San Valentín. Claudio II no creía en el amor, decía que los soldados enamorados o casados no eran eficientes porque perdían mucha energía en los arrumacos conyugales, así que prohibió los casamientos entre los miembros de su ejército. Un bondadoso clérigo casaba en secreto a todos los jóvenes, inclusive a los soldados. Estas acciones lo volvieron muy popular y querido. San Valentino nació en Roma a mediados del siglo III. Según la tradición, el emperador de Roma lo llamó para conocer y conversar con tan preclaro varón. El sacerdote aprovechó aquella ocasión para tratar de convertir al cristianismo al emperador para que siguiera los pasos de Jesús. Claudio II se sintió atraído por la doctrina de Cristo que los romanos negaban y perseguían. Sus soldados y el Gobernador de Roma, Calpurnio, le obligaron a desistir de esas creencias  y organizaron una campaña en contra del santo. Muy a pesar suyo Claudio mandó a Calpurnio que lo procesara. La misión la llevó a cabo Asterius, lugarteniente del gobernador. Con burla le preguntó si sería capaz de devolver la vista a una hija suya que era ciega. Valentín aceptó y en nombre del Señor obró el prodigio. Asterius y toda su familia se convirtieron al cristianismo.

Los restos de San Valentín están en la Basílica de su mismo nombre en la ciudad de Terni, Italia.  Cada 14 de febrero, para recordarlo, se celebra una ceremonia en la que toman parte diferentes parejas que prometen unirse en matrimonio al año siguiente.  

JACARANDA


Esa tarde puso especial cuidado en su arreglo personal, se pondría el vestido azul,  le sentaba muy bien, había adelgazado y se untaba a su cuerpo con naturalidad, un discreto escote permitía ver el nacimiento de sus senos de regular tamaño, blancos y firmes. Las arracadas de oro en los lóbulos de las orejas agregaban un toque de coquetería. No sabía de qué color eran sus ojos, pues cambiaban de tonalidad según fuera la prenda que vistiera: azul, verde o morada. Ahora procedía a maquillarse, en los sesentas se usaban sombras azules o verdes y rayas negras alrededor de las pestañas y que les daban a las pupilas una mayor profundidad. El peinado sería un chongo tipo “calipso”. El espejo le devolvía la imagen de una mujer joven y bella. Medias de seda y unas zapatillas de medio tacón completaban el atuendo. Él la citó en el parque de la China (Colonia Clavería) a las seis de la tarde. La emoción era muy grande, era su primera cita de amor y no sabía cómo comportarse.  Llegó antes y fue necesario dar una vuelta a la manzana para hacer tiempo, pues era mal visto que la señorita llegara primero. Volvió al parque y él ya estaba esperando. Hola ¿hace mucho que llegaste? le pregunta fingiendo indiferencia. No, hará cinco minutos, contesta el joven. Se sientan en una banca, platican, se miran, se toman de las manos. Por fin, él pregunta ¿qué pensaste? Ella responde: ¿acerca de…? ¿Quieres ser mi novia? La emoción le impide responder. Le vuelve a preguntar ¿Quieres ser mi novia? Ella responde con un hilito de voz…sí. Él la abraza y le dice: te voy a besar. La besa apasionadamente. Ella no sabe que decir. Fue su primer beso y su primer novio. Después le canta al oído: “Te quiero por bonita y por tu pelo negro/ te quiero por  tus ojos de jacaranda en flor/ te quiero de quererte desde la noche aquella/ que me hicieron tus labios conocer el amor”.

Dicen: “La novia del estudiante rara vez es la esposa del profesionista” y así sucedió, un día se separaron, él fue a radicar a provincia para realizar su servicio social como médico, al principio las cartas llegaban una tras otra, después escasearon, un día el cartero le entregó una muy especial, pues su novio le informaba que contraería matrimonio con una joven de la ciudad donde residía, tenía que cumplir como caballero, que lo perdonara. Fue un terrible golpe para ella, lloró como jamás había llorado, pero el tiempo cicatrizó las heridas. Se enamoró de otro hombre, formalizaron su relación y al poco tiempo se casó. Ahora ya es abuela, pero cuando pasa por el parque de la China, recuerda  su primera cita de amor. “Te quiero por bonita y por tu pelo negro/ te quiero por tus ojos de jacaranda en flor/ te quiero de quererte desde la noche aquella/ que me hicieron tus labios conocer el amor.”                

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María Elena Solórzano Carbajal
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

La calle 22 de Febrero es paralela a la Av. Azcapotzalco, principia en la calzada Camarones  y termina en  la Av. Refineria de Azcapotzalco, ¿por qué le pusieron ese nombre?, recordemos…   Se le conoce como la Decena Trágica al período en que un grupo de opositores a Francisco I. Madero se levantó en armas. Al asumir Madero la presidencia se presentaron un sin fin de problemas y muchos grupos se sintieron defraudados. Hubo varias sublevaciones como la de Bernardo Reyes y Félix Díaz, la prensa y los senadores también atacaron al presidente y sobre todo los Estados Unidos al ver afectados sus intereses.
El 9 de febrero de 1913 la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan  y el cuartel de Tacubaya se levantaron en armas al mando de Gregorio Ruiz y Manuel Mondragón. De inmediato pusieron en libertad a Félix Díaz y Bernardo Reyes. Los sublevados atacaron varias veces Palacio Nacional, en una de las escaramuzas murió Bernardo Reyes. Díaz y Mondragón se parapetaron en la Ciudadela. Al ser herido el general Villar, Madero nombró comandante a Victoriano Huerta y mientras el presidente organizaba las fuerzas militares, Huerta se sumó a los conspiradores. Presionaron a Madero y a Pino Suárez a presentar sus renuncias ante el Congreso de la Unión.

El 17 de febrero de 1913 el presidente Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez fueron aprehendidos.  Desde su detención permanecieron en el Palacio Nacional esperando ser conducidos hasta el tren que los llevaría a Veracruz para viajar a su exilio en la isla de Cuba. Huerta y Mondragón giraron órdenes al general Aureliano Blanquet para que, el 22 de febrero de 1913, Madero y Pino Suárez fueran trasladados a la penitenciaria. Camino a Lecumberri se simuló un ataque de individuos que supuestamente querían liberarlos, en esa refriega fueron asesinados. Huerta asumió la presidencia, el 10 de octubre disolvió el Congreso de la Unión y se convirtió en dictador. En honor a estos héroes a los que se les llama “Apóstoles de la Democracia” esta importante calle de la delegación Azcapotzalco se llama 22 DE FEBRERO.
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Ricardo Nicasio G.  



Estos acontecimientos son parte de la historia de México, que muy pocos conocen, afirma  “El Cuate”, en una visita que realizó a la Casa de Cultura de Azcapotzalco.

"En julio de 1955 entró a mi armería un hombre alto y fuerte en busca de unas partes de fusiles, me llamó la atención por su acento, su forma de vestir, su seguridad, yo le dije -señor no se quien será usted pero yo le puedo ayudar-, desde ese momento fui parte del movimiento revolucionario cubano", así relata Antonio del Conde su primer encuentro con el Comandante Fidel Castro Ruz. Con su barba y bigote cano Antonio del Conde, conocido como El Cuate relató en una charla en la Casa de Cultura de Azcapotzalco, como fue su participación y colaboración con el movimiento insurreccional de Cuba. 

“Yo colaboré con el Comandante Castro año y medio, al grado de que llegué a ser su hombre de confianza, él decía: si el cuate no me falla salgo, si salgo llego, si llego y duro 72 horas en Cuba triunfo”. La clave: su yate deportivo El Granma, que transportara a más de ochenta expedicionarios para iniciar la lucha revolucionaria en la isla.
“Él se hacia llamar Alejandro en la clandestinidad y él me puso “El Cuate”, porque en aquel tiempo se utilizaba ese término para decir yo tengo un cuate, o decir ese es mi cuate; como ahora se dice mira a ese guey yo lo conozco, era muy común la palabra cuate y él consideró que ese seudónimo se podía utilizar para mí, en el movimiento clandestino que él estaba organizando”. C
on 83 años a cuestas recuerda entusiasta y de buen humor aquellos años en los que estuvo preso, fue perseguido, y arriesgó su vida para apoyar la causa de un grupo de disidentes cubanos en México.

“A mediados de 1956 toman preso al Comandante Castro y luego a mí, y al interrogarme me preguntaban si conocía al cuate, yo le dije: ¡¡huy yo conozco a un chingo de cuates!!; me tuvieron que soltar a los 10 días, porque nadie sabía quién era el cuate, solo el Comandante sabía de quién se trataba”. Comenta del Conde que cuando se dió el plazo para la salida de los expedicionarios él quiso también participar en la lucha revolucionaria, pero quince días antes “me dijo que no, imagínese, se me cayeron los calzones, como si me hubieran echado un bote de agua en la cabeza y me dijo que él consideraba que le sería más útil fuera de Cuba, que otro soldado en la sierra.”

Al triunfo de la revolución Antonio del Conde se encontraba preso en E. U., “porque me agarraron con un cargamento de armas que quería enviar a Cuba, me dieron una condena de cinco años, pero el Comandante Castro intervino y pude salir deportado a México y al día siguiente yo ya estaba en Cuba”.
Fue nombrado delegado de comercio exterior, por los contactos que tenía con industriales extranjeros, también participó entrenando y adiestrando las milicias en el manejo de las armas. Recuerda la relación que tuvo con el Comandante Ernesto Che Guevara, cuando estuvo en el Ministerio de Industrias, “yo fui asesor técnico del comandante Guevara, colaborando con él dos años y le puedo decir que era exageradamente disciplinado, organizado, cumplido, con la disciplina de un médico como lo era. Te podría decir más del comandante pero me afecta mucho hablar de él”.

Cuando regresó a México por cuestiones familiares, “lo primero que me dijeron es que yo era un agente internacional del comunismo, me estuvieron siguiendo todo el periodo de Gustavo Díaz Ordaz, pero ya con Luis Echevarria, se calmó la persecución en mi contra”.
El Cuate afirma que vivió y trabajó en el gobierno revolucionario cubano per, “ahora estoy aquí en México platicando con las personas interesadas, para que conozcan la historia y sepan la labor que se efectuó por parte del Comandante Fidel Castro en México, a mí me correspondió ayudarlo con las armas, cartuchos y el transporte, ese fue mi papel para la revolución cubana, e hice lo que tenía que hacer”.

“Deseo que la gente sepa que en México se gesto el movimiento insurreccional cubano, porque existe una ignorancia histórica sobre esto y muchas otras cosas”, concluyó.

Cultura en Azcapotzalco http://culturaenazcapo.blogspot.com www.culturaenazcapo.hi5.com

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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista y poeta de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Adornan el pequeño jardín hermosas flores de nochebuena o cuetlaxóchitl (nombre en náhuatl). Esta planta es originaria de México, ahora se cultiva en todo el mundo y se ha convertido en uno de los íconos de la Navidad,  en 1825 Joel Roberts Poinsett la lleva a EUA y en su honor recibe el nombre de poinsettia. Los arbustos están pletóricos de luces blancas. Todos se preparan para celebrar con la familia la Noche Buena. En la sala el nacimiento y el árbol lleno de adornos y foquillos contribuyen a dar ese ambiente tan especial. La mesa luce un albo mantel de encaje, los hijos y los nietos llegan muy elegantes para acompañar a los ancianos padres, que a pesar de las limitaciones de su edad se han esmerado para recibirlos en esa casita cálida y llena de recuerdos. Pero,  ¡qué tanto hace que el hijo mayor correteaba por el pasillo, qué tanto hace que la nena arrullaba a la muñeca y ahora ya casados con sus propios hijos! ¡Qué alegría tenerlos a todos juntos! La felicidad se derrama en cada copa de sidra. Mamá grande guisó un bacalao exquisito y un pavo con un relleno que sólo ella sabe preparar, nadie más.   Suenan las doce campanadas y todos se abrazan y besan con tanto amor que ya no cabe en los corazones y entre risas escapa una que otra lágrima. ¡Feliz Navidad!      


Menos familiar es la cena de fin de año. Se reúnen algunos parientes y amigos para esperar el nacimiento del año nuevo. Se hacen listas de buenos propósitos, con toda la intención de cumplirlos al pie de la letra. Hace frío, el ponche ya está listo para tomarlo y así entrar en calor, sobre todo si le agregamos un chorrito de ron. La piñata espera ser apaleada y regar sus dones. La piñata clásica es la estrella de siete picos, se dice que su origen es chino, después pasó a Italia y posteriormente a México, traída por los frailes evangelizadores. Esperamos con impaciencia las doce campanadas de la Parroquia, tenemos que comer doce uvas una con cada campanada pidiendo un deseo, si te atrasas ya perdiste. Cenamos tamales, pozole o una rica pierna de cerdo al horno. Brindamos por que el año que empieza nos traiga salud, amor y trabajo.

Nos divertimos con varios juegos:
Usar ropa interior de color rojo para que no falte el amor.
Aventar moneditas hacia arriba para que nos llueva el dinero.
Poner lentejas en la cabeza para la abundancia.
Y el más divertido: salir corriendo con una maleta y darle la vuelta a la manzana para viajar todo el año.

Un año empieza y la esperanza por un mejor futuro se renueva.          

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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista y poeta de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com


NACIMIENTO, POSTAL DE 1950.
Proporcionada por María Elena Solórzano

Corría el año de 1950, nos preparábamos para celebrar las posadas, en esa época eran muy bonitas. Convocaba el padre Cantú, varias señoras y jóvenes se ofrecían para diversas actividades. Primero se rezaba el rosario y después el jolgorio.

Los peregrinos se elegían entre los niños más aplicados y bien portados de la doctrina. Las mamás los vestían de acuerdo a los personajes: la Virgen María con túnica blanca y manto azul. San José con túnica verde, manto amarillo y barbas de color castaño. Los pastores llevaban calzón y camisa de manta, jorongo y sombrero de palma. El ángel túnica blanca con galones dorados y sus alas de albas plumas extendidas como queriendo volar. El ángel representaba un papel muy importante pues era el que acompañaba a los santos peregrinos. Para darle mayor ambientación conseguíamos un burrito para que la virgen hiciera el recorrido montada en el manso animal.

Partíamos de las puertas del templo del Sagrado Corazón de Jesús situado  en la calle de Grecia (colonia San Álvaro), dábamos vuelta a la manzana, durante el trayecto se entonaban alabanzas a la Virgen, cada feligrés llevaba una velita (hasta los infantes), a lo lejos se veía una columna de luz que avanzaba lentamente, hermoso, era hermoso. Cuando llegábamos a la entrada de la iglesia, encontrábamos cerrada la puerta principal y entonces entonábamos las estrofas para pedir posada. Unos cantaban afuera y otros contestaban desde el interior. Al finalizar los cantos se abría la puerta, entraban los santos peregrinos, los acompañantes y todos entonábamos con singular ímpetu:

Entren santos peregrinos, peregrinos,
reciban este rincón,
aunque es pobre la morada, la morada
la ofrezco de corazón.

Por último rompíamos la piñata, las catequistas nos explicaban que la piñata en forma de estrella con siete picos tenía su significado: los siete picos representaban los siete pecados capitales, al apalear la piñata tratábamos de aniquilar el mal, limpiar nuestras almas y quedar libres de todo pecado.

No quiero oro, ni quiero plata
yo lo que quiero es romper la piñata.

Dale, dale, dale no pierdas el tino
porque si lo pierdes, pierdes el camino.
ya le diste uno, ya le diste dos
ya le diste tres y tu tiempo se acabó.

Por fin se rompe la panza de la piñata, los dulces, la fruta y el confeti caen sobre todos los participantes. ¡Qué algarabía! Los muchachos grandes ganan más y los chiquitos lloran porque sólo lograron atrapar un dulce. La derrama de frutas y golosinas representa las gracias y bienes que Dios otorga a los hombres.

Nueve días de alegría. En muchas casas de los diferentes barrios se realizaban este tipo de posadas, la gente con más posibilidades organizaba los festejos y permitía que todos los niños del barrio o de la calle pasaran a los patios y jardines para romper las piñatas, después se repartían los aguinaldos en unas preciosas canastitas adornadas con papel de china y que contenían: colación, caramelos y mazapanes.

También se ofrecía “ponche” (bebida preparada con: azúcar, agua, flor de jamaica y diversas frutas de temporada. Todos los ingredientes hervidos en una gran olla). Niños y adultos tomaban con deleite el “ponche” oloroso, de exquisito sabor y sobre todo calientito, ideal para amortiguar el frío.

Lástima que ahora ya no podamos festejar a los niños por medio de estas hermosas fiestas, pues la inseguridad nos hace desconfiar hasta de nuestra sombra. Estas tradiciones se van perdiendo y sólo quedará el recuerdo.


María Elena Solórzano -Cronista de Azcapotzalco-, comparte esta postal realizada por David Chávez, de 12 años, originario de Azcapotzalco.
Su obra se ha expuesto en Europa, pertenece a la ESCUELA MEXICANA DE ARTE DOWN.

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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista y poeta de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Animeros recolectando frutas, dulces y alimentos para la ofrenda que se presenta en el Panteón municipal de San Juan Tlilhuacan.
 
   “El día de muertos” es una tradición  que se recuerda  los días primero y segundo   de noviembre, esta festividad data de la época pre-hispánica, se suspende con la llegada de los españoles y según las crónicas se reanuda en el año de l563, por fray Sebastián de Aparicio, en la hacienda de Careaga, después llamada hacienda del Rosario y donde hoy se encuentra la unidad habitacional más grande del mundo.

     En el pueblo de San Juan Tlilhuacan, la ceremonia de los fieles difuntos se realiza de la siguiente forma:

     Se inicia el día 31 de octubre  a las doce del día, con el repicar de las campanas que anuncian la llegada de los espíritus de los niños, el día primero de noviembre se repica nuevamente a las doce  horas para despedir  a las almas de los infantes, después las campanas doblan  en señal de las ánimas de los adultos.

      El día primero de noviembre salen de la iglesia dos o tres grupos de  personas, la gente los llama  “Los Animeros”. Ellos recorren el pueblo, cantando y diciendo estrofas a las ánimas, portan un ayate y una campana que suenan durante el recorrido, se tocan  las puertas  de los vecinos y todos pasan hasta donde esta instalada la ofrenda.

      Una vez en el interior de la casa se reza el rosario, se pide por las ánimas de los difuntos de la casa y por las ánimas benditas del purgatorio, cuando termina esta sentida ceremonia, “Los Animeros” se retiran no sin antes  recoger  la limosna, las velas, los cirios, fruta de temporada, dulce de tejocote, calabaza, pan, todo es entregado en la iglesia para enriquecer la ofrenda mayor. Posteriormente se oficia la misa el día dos de noviembre.

     Al terminar el recorrido “Los Animeros”  y sus familias  ofrecen a la comunidad que está presente: atole, tamales, pan, café y aguardiente para las personas mayores.

     Mencionamos a “Los Animeros” de aquellos tiempos, ya en su mayoría difuntos:

Sr. José Castillo, Sr. Victoriano Castillo, Sr. Musio Martínez, Sr.Pedro Castillo, Sr. Ursulo Campiña, Sr. Camen  Campiña, Sr. Epifanio Torres Contreras, Sr. José Contreras, Sr. Antonio Zárate, Sr. Cleofas González, Sr. Guillermo García, Sr. Mauro Oliveros, Sr. Pedro.

     Todavía con vida :  Pedro Vargas Aguilar, Sr. Tomás Oliveros.

      Joaquina González, Clotilde Castillo y Gabriela Picazo tenían por encargo proporcionar   a los vecinos que participaban  atole, tamales, café y aguardiente para los adultos.

      A continuación transcribimos algunas de las estrofas que se cantan y el nombre de las personas que nos hicieron el favor de proporcionarlas.  

Madre llena de dolores,

los misterios del rosario,

por aquí pasan las ánimas

del purgatorio llorando.

                              Sr. Rafael Castillo.

Madre llena de dolores

acuérdate cuando espiremos,

nuestras almas estreguemos

por tus manos al señor.

                             Srita. Sofia Arroyo I.

Madre llena de dolores

acuérdate que en la cruz,

te llamó tu hijo Jesús

madre de los pecadores.

                             Sr. Sixto Castillo Vargas.

Salgan, salgan

ánimas en pena

que el santo rosario

rompa su cadena.

                              Sra. Alicia Oliveros 

 


Animero cantando y rezando plegarias a la Virgen frente a una ofrenda de muertos.

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TRANSCRIPCIÓN DE DOS NOTICIAS DE HECHOS IMPORTANTES EN AZCAPOTZALCO.

MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista y poeta de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

 El País. Diario de la mañana. Jueves 20 de agosto de 1914.

 
ENTRADA TRIUNFAL DEL JEFE CONSTITUCIONALISTA A MÉJICO

El SR CARRANZA SALDRÁ A LAS 8:00 DE AZCAPOTZALCO

EN AZCAPOTZALCO SE HIZO UNA RECEPCIÓN ENTUSIASTA AL JEFE CONSTITUCIONALISTA.

 
Difícilmente se podría relatar con la detención y la viveza de colorido que el caso requiere, el aspecto de la vecina población de Azcapotzalco desde muchas horas antes que a esa pequeña ciudad  llegara el Supremo jefe del movimiento constitucionalista.

Desde las primeras horas del día la cercana población de Azcapotzalco podía verse pletórica de concurrentes que con fiebre de curiosidad esperaban la llegada del señor Carranza, anunciada desde un día antes.

Todas las calles de esta prefectura, de la misma manera que las plazas y los alrededores, estaban ocupadas por numerosas tropas del ejército constitucionalista, así como de los curiosos que corrían de un lado a otro al primer toque de clarín , creyendo que aquel toque fuera ya la señal de llegada del Jefe del ejército constitucionalista.

 
EN EL EDIFICIO DE LA PREFECTURA

En el edificio de la prefectura fue preparado desde las primeras horas del día de ayer un alojamiento para el Primer Jefe de la revolución constitucionalista, estando en ese mismo edificio algunos departamentos fueron preparados para que en ellos puedan pasar la noche las personas que acompañan al primer mandatario de la revolución .

Algunas comisiones representantes de algunos clubes patrióticos, así como de algunas otras agrupaciones y no pocos miembros del profesorado, se hallaban desde muy temprano en la prefectura en espera de la llegada del señor Carranza, pues en esa población se tenía la noticia de que el arribo sería en las primeras horas de la mañana.

 
LLEGA LA ESCOLTA DE CABALLERÍA

Aquella enorme masa de gente seguía en espera, cuando un toque de clarín volvió a hacer entrar en actividad a todo el mundo que corrió para apostarse en los sitios en que mejor observaría, pero en esta vez, como en la primera,  la esperanza se vio frustrada, pues solamente llegó a ese punto, cerca de las tres de la tarde, la escolta de caballería, que entró al mando del señor coronel Urquizo.

 
LA LLEGADA DEL JEFE DE LA REVOLUCIÓN

A las cuatro y veinte de la tarde la gran multitud que ocupaba las calles y los jardines de Azcapotzalco, se puso en actividad, pues se supo de manera segura, que don Venustiano Carranza había llegado a las goteras de la población, en donde había hecho un pequeño alto para reanudar su marcha.

En efecto pocos momentos después llegó hasta la plaza principal el Sr. Carranza, desmontando frente a la puerta de la Prefectura, a las cuatro y veinticinco en punto.

La multitud, que era más que en ningún otro momento, compacta y que se atropellaba a las puertas del edificio de la Prefectura, ansiosa de ver al primer jefe de la revolución triunfadora, estalló en las más imponentes ovaciones y vítores que no cesaron en largo rato.

 
QUIENES LLEGARON CON EL SR. CARRANZA

El señor don Venustiano Carranza llegó acompañado de los generales Alberto Cabrera Torres, Rafael Buelna, José Santos Coy y de sus dos ayudantes, el mayor y  el capitán primero Dávila.

Inmediatamente que desmontó el señor Carranza, se acercaron a él muchísimas personas que trataban de saludar antes que nadie al Primer Jefe del movimiento triunfador.

En el interior del edificio estaban ya esperando numerosas personas que en representación de diferentes clubes políticos liberales, iban a dar la bienvenida y a felicitar  al señor don Venustiano Carranza.

Con algunos trabajos, por el gran número de gente que había en el edificio, lograron las personas que acompañaban al Supremo Jefe constitucionalista, llegar hasta el local designado para que recibiera a las personas que le querían hablar, y que era el salón de sesiones de la Prefectura.

 
EL SEÑOR CARRANZA NO CESA DE SER ACLAMADO

Durante todo el tiempo que el señor Carranza estuvo en el interior del edificio, en las afueras de éste no cesaban los vítores al Primer Jefe del movimiento, rompiendo con frecuencia la multitud en atronadores aplausos y en gritos pidiendo que el señor Carranza saliera al balcón, para ser saludado por las personas que no lograron entrar al edificio. Obsequiando los deseos del pueblo, el señor Carranza salió al balcón principal, saludando al pueblo que, delirante contestó con  una ovación sin precedentes.

 
En el edificio que ocupaba la Prefectura en Azcapotzalco pernoctAR5don Venustiano Carranza para hacer al día siguiente su triunfal entrada a la Ciudad de México y ser aclamado por el pueblo reunido en la plaza de la Constitución al aparecer en el balcón de Palacio Nacional acompañado de los generales: Alvaro Obregón, L. Pesquiera y otros jefes militares. Desde ese histórico balcón el señor Carranza presenció el desfile de las tropas constitucionalistas      

 
Los enfrentamientos siguieron y ya eran tomadas las poblaciones por los villistas o por los zapatistas. El siguiente artículo así lo muestra.

 

 El Pueblo. Diario de la mañana. H. Veracruz, martes 3 de agosto de 1915.

 ENTRADA DEL GENERAL PABLO GONZÁLEZ A LA URBE CAPITALINA 

Villa de Guadalupe a 1º de agosto de 1915.

COMUNICADO:

El general Abraham Cepeda, con fuerzas del general Sánchez, tomó hoy a las 11:00 la plaza de Tlalnepantla, tras reñido combate, haciendo al enemigo cien muertos y noventa heridos y recogiéndole cien caballos, ciento tres monturas, noventa y cuatro armas de distintos calibres. 

Fuerzas del coronel Nuncio y del mayor Márquez pertenecientes también al general Cepeda tomaron hoy Azcapotzalco, persiguiendo al enemigo hasta Tacuba. Estoy esperando las partes de estos jefes para conocer las bajas habidas en este encuentro.

Comunicarme el general Lechuga que en el curso de los combates habidos, ha sido tiroteado desde algunas casas particulares.

Hoy ha quedado establecido aquí en Azcapotzalco el cuartel general, mañana se hará la entrada de todas las fuerzas de México, pero como antes digo, la plaza ya está dominada por nosotros y me honro en ponerla a las órdenes de esa Primera Jefatura.

Conforme a sus disposiciones ya se están proporcionando provisiones al pueblo.

Hónrome en felicitar a usted por esos nuevos triunfos de nuestras armas y de la causa constitucionalista.

                                                  El General en Jefe
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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista y poeta de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Todavía a principios del siglo XX se realizaba una fiesta en el mes de octubre llamada del “Víctor” (reminiscencia de fiestas prehispánicas), los sacerdotes organizaban una magna peregrinación con todos los barrios.
La parroquia de los apóstoles Felipe y Santiago se engalanaba para recibir en el atrio a los peregrinos. Las procesiones salían de la capilla de cada barrio y  recorrían las calles principales de Azcapotzalco. Cada grupo llevaba al frente una escultura o la imagen bellamente enmarcada de su santo patrono y un estandarte con el nombre de la comunidad. Iban llegando y esperaban pacientemente su turno para poder entrar al templo y depositarla en el altar entre plegarias y cantos.

Los “mayordomos” o claveros, se encargaban de la pirotecnia, era notable el gran estruendo y la alegría que lograban con la detonación de muchos cohetes y en la noche la exhibición de las bengalas agregaban su nota de color y luz.

El “Víctor” era un grupo, tenía su pregonero y se encargaba de gritar en cada esquina el nombre de la cofradía que llegaba, después entonaba cantos sacros y letanías al santo patrono en turno. Días antes en el Jardín Hidalgo se instalaba la feria con sus diversos juegos mecánicos: rueda de la fortuna, el tren con su campana, volantines, etc. También traían la casa de los sustos donde de pronto aparecían horribles calaveras. No podían faltar: la mujer araña y el hombre víbora que por desobedientes habían quedado con cuerpo de animal.

El gritón de la lotería haciendo gala de su ingenio voceaba: La cobija de los pobres. El que se comió el azúcar. La dama de la noche… el que ganaba se llevaba: una jarra de vidrio o una cajita de Olinalá. El alburero hacía de las suyas esquilmando ingenuos que creían en la buena suerte, con sus viejos naipes casi siempre ganaba. Abundaban los puestos de antojitos. Enchiladas verdes o rojas, quesadillas, naranjas, mangos y jícamas con chile, aguas frescas preparadas con frutas, todos los alimentos naturales sin aditamentos químicos.

En un determinado lugar se levantaba un improvisado ruedo para que los galanes y principales se lucieran toreando novillos y vaquillas. El que diera mejor faena se consideraba como el héroe de las fiestas. Al llegar la noche las diferentes cofradías retiraban a sus santos, entonando cantos y alabanzas regresaban a sus capillas. Los fieles portaban velas para alumbrar los oscuros y tranquilos caminos  de Azcapotzalco.

La verbena popular seguía hasta la madrugada con baile y una que otra copa de aguardiente o algunos tornillos de neutle preparado con guayaba, mamey y diversos frutos de temporada, todos los vecinos se divertían en santa paz. Esta tradición se perdió, ahora sólo quedan algunos testimonios escritos por las gentes de aquella época.  

Fuente: Delegación del Departamento del D. F., Azcapotzalco en el tiempo, Compañía Editorial e Impresora, S. A., México, 1974.                   

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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista y poeta de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

BATALLA DE AZCAPOTZALCO 


La situación de Azcapotzalco durante la colonia era igual que para el resto de la Ciudad de México, nulas garantías individuales para los naturales, explotación, miseria e insalubridad originaron gran descontento entre la población, y los azcapozalquenses se alistaron en las sangrientas batallas de los insurgentes. 
“Si caminamos por la calzada de Azcapotzalco a la altura de la parroquia, podemos ver una placa en la barda del atrio de la Parroquia de los Apóstoles Felipe y Santiago que reza asi:                                     
                                        1821-1921

                                En este atrio tuvo lugar                              
                               la última acción de armas
                          
                              de la Guerra deIndependencia

                                   Nacional efectuada                                                  
                              el 19 de agosto  de 1821.
 

Sin embargo, esta inscripción guarda una verdad a medias, ya que en realidad no fue sólo en el atrio de la parroquia de Azcapotzalco donde se libró la Última Batalla de la Guerra por la Independencia de México, sino que, tal como su nombre oficial lo dice, fue en varios puntos de Azcapotzalco. (Sedena 1821 y Ferrer, 1939). En este apartado queremos mencionar estos lugares donde se libraron los diversos enfrentamientos entre el Ejército Imperial de las Tres Garantías, al mando de Luis Quintanar y Anastacio Ruiz de Bustamante contra el Ejército Realista bajo las órdenes de Manuel de la Concha y Francisco Bucelli. La mayoría de los sitios citados aún existen en Azcapotzalco.

Después de enfrentarse los dos ejércitos en Tepozotlán, el general de la Concha decide continuar su retirada hasta la ciudad de México, llegando a Tacuba se acantona en la Hacienda de la Clavería. Los trigarantes avanzan hasta la Hacienda de Santa Mónica donde establecen su cuartel, de ahí sale una expedición para conocer el campo y saber cómo están dispuestas las fuerzas de la Concha, mientras tanto, Bustamante recorre las haciendas de Careaga, El Cristo y Echegaray. El primer enfrentamiento se realiza entre Azcapotzalco y la Clavería, en el puente llamado El Rosario(calzada de Azcapotzalco y Heraldo), retirándose los realistas hasta Tacuba y los trigarantes a la hacienda de El Cristo.
Posteriormente hay un enfrentamiento en el mismo punto, replegándose para Azcapotzalco los independentistas, hasta donde son perseguidos por los realistas, alertados por los disparos, Bustamante corre a apoyar a sus tropas obligando a sus enemigos a retirarse hasta Clavería. Conseguido este triunfo, marcha con sus soldados rumbo a Santa Mónica siendo atacado cerca de la Hacienda de Careaga (Unidad Habitacional El Rosario) por las fuerzas de Bucelli en el puente hoy denominado de Guerra (antiguo camino de Azcapotzalco a Tlalnepantla, hoy llamado Aquiles Serdán).

Bustamante contra ataca con fiereza y empuja al enemigo hacia Azcapotzalco, donde se parapetan en el atrio de la parroquia, el convento y algunas casas principales, los trigarantes entablan combate y después de un nutrido fuego y con un cañón emplazado en la plazuela del Zacate, dieron cuenta de los artilleros que defendían la plaza. La lucha dura hasta el anochecer, llueve y los campos inundados impiden obrar a la caballería de Bustamante, éste ordena la retirada y que el cañón fuese removido a cabeza de silla por los de a caballo, operación que llevaron a cabo el viejo insurgente el “Pachón” Encarnación Ortiz y elteniente Manuel Arana perteneciente a los Fieles de San Luis, ambos son acribillados al tratar de sacar la pieza atascada en Tecompa (antiguo camino de Azcapotzalco a Tlalnepantla y San Mateo). La muerte del “Pachón” exacerbó a los independentistas quienes atacaron a sus agresores tomando las casas en las que se parapetaban para entrar al atrio (por estos hechos, con fecha del 26 de junio de 1923,  el recinto parroquial es declarado Monumento Nacional Histórico y Artístico, ratificándose  el 15 de febrero de 1932 (Ferrer , 1939; INAH, 1987).
Bustamante ordena sepultar a Encarnación Ortiz en el atrio de la parroquia de Azcapotzalco  y al resto de los muertos en los atrios de las iglesias del barrio de Santa María Xocoyohualco y del pueblo de San Lucas Tepetlacalco en su paso hacia Santa Mónica.

Después de la Batalla de Azcapotzalco los realistas abandonaron Clavería, Tacuba, Popotla y San Jacinto, para establecer su avanzada en el Hospicio de Santo Tomás. Según las consejas, de Santa Mónica pasan los trigarantes a la hacienda de Careaga en espera de la llegada de Agustín de Iturbide y de Vicente Guerrero, en este sitio permanecen hasta su entrada triunfal a la ciudad de México. 

Tomado de: Urdapilleta Pérez, José Antonio y María Elena Solórzano, Voces tepanecas: Tepanecahtlahtolli. Cápsulas históricas de Azcapotzalco. D. F. Consejo de la Crónica de Azcapotzalco, México, 2002, pág. 29,30, 31.

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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista y poeta de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com
Regordete, de baja estatura, parecía un niño de trece años. La piel acanelada, el pelo lacio y los ojos levemente rasgados daban a su fisonomía un aire oriental; un sombrero de palma y un overol de mezclilla sus compañeros inseparables, En la bolsa trasera del pantalón asomaba un paliacate rojo que servía: ya para proteger la cabeza de la tierra de las techumbres o de las oleadas de nostalgia que lo acometían de vez en cuando o para doblarlo como una banda sobre la frente e impedir que el sudor o los sueños entraran muy campantes a los ojos o simplemente para sonarse estruendosamente; también usaba zapato de carnaza con suelas de hule, calzado feo, tosco y mal hecho pero muy resistente e ideal para su trabajo.

Don Pedrito, como cariñosamente lo llamábamos, era albañil, le sobraba el quehacer, el “Superman de los pobres” para la gente de la colonia, presto  destapaba hoyos o los tapaba, siempre que se desprendía el yeso de un techo o se carcomía una pared íbamos por él. Nunca se negaba a auxiliarnos en nuestras necesidades de cal y cemento.

-Don Pedrito, vaya a la casa de Severiano porque se está cayendo la puerta...que le corra, por favor...

Pero don Pedro escuchaba fascinado las canciones de Agustín Lara, tan famosas allá en los cincuentas, por estar atento a la radio ni siquiera se había dado cuenta de la presencia del chamaco, que no tuvo más remedio que zarandearle el hombro mientras decía:

-¡Hágame caso! Se rompió la puerta de don Severiano!                                            

El siempre contestaba:

-Calma, calma, “hay más tiempo que vida” y “no por mucho madrugar amanece más temprano”.

-¡Qué si por favor le cambia el tinaco a doña Lencha! aquí a la vueltecita, usted ya sabe, todo se rajó y es un agual en la azotea.

-Calma, calma…

Se ponía de pie, apagaba su cigarrillo, de esos que todavía venden en los tendajones y se llaman "Faritos", recogía un costal donde guardaba su herramienta: mazo, martillo, plomada, espátula, cuchara, cinta métrica y varios cachivaches más.                                                                                                              

-Dice Josefinita qué se tapó el excusado y se está saliendo toda la “mengambrea”... ¡qué de rayo!

-Calma...

Don Pedro no bebía uva embotellada sino pulque y muy temprano salía Juanita -su mujer- a comprar varios litros de “caldo de oso” en una pulquería cercana que no recuerdo si se llamaba "Las maromas de Agripina" o "Los eructos de Napoleón". La señora regresaba con el garrafón destinado para esos menesteres repleto de néctar. El laborioso “maistro” lo llevaba siempre consigo y entre tabique y tabique o entre remiendo y remiendo le daba un traguito y así durante toda la jornada, no tomaba ni agua ni refresco sólo chupaba pulmón, todo el día se lo “chiquiteaba”, pero con los sudores de la chamba ni siquiera se le subía a la “tatema”, en cambio sentía más ánimo para mover la cuchara o para subir los botes de mezcla. Ya entrada la tarde se le oía cantar bajito y con tiple la misma canción: “...te he de querer, te he de adorar, p'os que almiración les causa que yo quera a esa mujer ...”

Al terminar la tarde se despedía muy ceremoniosamente, todos nos dábamos cuenta que don Pedrito despedía un olorcillo muy desagradable. Un día un chamaco se atrevió a decirle: "ya no tome pulque que después huele rete feo" y él hombre le respondió: "muchacho, ¿qué no sabes? el hombre sin olor es como un clavel sin aroma”.

Así pasó su existencia y llegó más allá de los ochenta años.                                                

Su figura perdió la verticalidad de las paredes y sobre sus espaldas fraguó todo el peso del tiempo. Andaba casi a tientas sobre los andamios como si una nube de cal le nublara el horizonte, las cataratas opacaron sus ojos, adivinaba los pasos que tenía que dar para no caer al vacío, hasta que desistió de subirse a grandes alturas; un día pisó mal y cayó rompiéndose una pierna, lo enyesaron, la inmovilidad lo anquilosó y salieron a relucir en ese lapso todos los achaques de la vejez.

En su morral todo se oxidó: cucharas, espátula, clavos, alcayatas, la lima, el arco, las seguetas y hasta el alma.
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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Poeta y Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

Su rostro un girasol pisoteado por el infortunio, un sol que se apaga lentamente. En sus mejillas el fruto ácido del desengaño ha dejado profundos surcos donde se puede seguir la ruta de la desesperanza. Maquillada exageradamente trata detener el tiempo, la juventud se le fue entre las orlas grises de los años. El carmín desborda su boca y llega casi a la nariz para confundirse con las secreciones acuosas que destila. Dos arcos prominentes han sido delineados con un lápiz barato, un niño parece haberlas dibujado con una crayola y con el titubeo propio de la inmadurez para el trazo. Sus rizos antes tenían brillo de espiga, ahora se mezclan con mechones de ceniza que el viento mueve en un vano intento por volverlos al orden. Una gruesa capa de rimel ha congregado todo el hollín de la ciudad en sus pestañas, parece que todas las lobregueces desembocan en sus ojeras. Un mar azul lame sus párpados cuando cierra los ojos, mientras un abanico de arrugas se pliega en sus orillas.

Su rostro un girasol pisoteado por el infortunio, un sol que se apaga lentamente. En sus mejillas el fruto ácido del desengaño ha dejado profundos surcos donde se puede seguir la ruta de la desesperanza. Maquillada exageradamente trata detener el tiempo, la juventud se le fue entre las orlas grises de los años. El carmín desborda su boca y llega casi a la nariz para confundirse con las secreciones acuosas que destila. Dos arcos prominentes han sido delineados con un lápiz barato, un niño parece haberlas dibujado con una crayola y con el titubeo propio de la inmadurez para el trazo.

El faro sin luz de una verruga nos guía hasta su frente donde encallan sus pensamientos. Le pesa la cabeza por tener dentro tanto barco con las velas plegadas y tantas sonrisas muertas. Unas arracadas de cobre con cuentas de vidrio adornan los lóbulos de las orejas. El cuello lo cubre con un pañuelo rojo.

Chuchita, así le llaman todos los que la conocen. Suele sentarse en la jardinera que está frente a la iglesia.

Envuelve su cuerpo con un vestido de gala que guarda entre sus hilos la fecundidad de la tierra, de un color gris que no ha sabido de las bondades del jabón, es un muestrario de olores donde las insolentes manchas proclaman su victoria.

Sobre el vestido un abrigo de paño que ya perdió heroicamente las mangas en un lance a muerte con la policía. El rojo vino de la prenda le da solemnidad, parece el manto de una reina en desgracia.

Cuando mueve las manos se escucha el chocar de sus doce pulseras de metal inoxidable, los sonidos ruedan por el adoquín como monedas desperdigadas; mientras sus largas uñas, disparejas, con el esmalte cacarizo rascan los últimos residuos de comida que se esconden entre los pelos de la estola de peluche que la abraza amorosamente como un amante.

Le molesta el chirriar de los transportes colectivos, el frenar de los autos frente al semáforo, esos ruidos la incomodan pues pierde el hilo de su fantasía y tiene que regresar al país de sus fracasos.

No le dieron despensa, ni siquiera pedía para ella, todo era para sus pequeñas ¡qué manjares les hubiera ofrecido! Frijolitos negros como los ojos de los ratones, galletas con betún sonrosado, pan blandito, la flor del trigo. Pero...no le dieron despensa. Rompió a llorar y sus ardorosas lágrimas borronearon el negro de sus ojos, su cara era el desorden cromático de la paleta de un pintor.

Llama a las palomas, plática con ellas, les cuenta sus penas. Se lamenta  porque no le dieron despensa ¿por qué?  Hizo bien su número, danzó al son del pandero, le sonrió a todo el mundo...Ahora la tristeza le subía hasta la lengua.

¿Por qué?  Bailó como en los buenos tiempos, cuando las miradas de los hombres se colgaban de su ombligo para descender al pubis.

Como en los buenos tiempos cuando una diadema de brillantes adornaba su cabellera rubia y unas cadenitas de oro circundaban sus tobillos.

A todos les sonrió como en los buenos tiempos cuando la luz de los reflectores la encandilaba y   mil sueños flotaban a su alrededor. ¿Dónde está la luz, dónde? Seca sus lágrimas sucias de rimel.  

Introduce su mano en una bolsa de brocado, las flores han sido realzadas por la patina de la mugre, del interior saca un puño de cacahuates, convoca a las palomas.

    -Vengan chiquitas, mis pajecitos vengan a comer, vengan...

Una ola de ternura la inunda, las aves bajan mansamente, una se posa en su hombro, otra en su regazo, todas desfilan ante ella, la arrullan, hacen mil fiestas, se posan una a una en su mano y respetuosamente toman un cacahuate. Las palomas contemplan a su dueña y señora, esperan unos granos o un  pedacito de pan. Desde su trono de migajas, Chuchita las contempla amorosa...
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MARTINA RODRIGUEZ GARCIA
Cronista de Azcapotzalco, Barrio de Los Reyes
martinacronista@hotmail.com
mrgarcia1944@hotmail.com

El norte de la Ciudad de México alberga a una de las delegaciones que en la época prehispánica fue conocido como el Señorío Tepaneca.

La Delegación  Política de Azcapotzalco los invita a conocer su corazón: Azcapotzalco Centro, el edificio delegacional, la explanada Fernando Montes de Oca, el monumento a Tezozómoc.

La Av. 22 de Febrero y Av. Castilla Oriente limitan el Barrio de los Reyes igual que la Av. Azcapotzalco esquina con la calle Capilla de los Reyes, en este punto se encuentra la Capilla de los Reyes: Melchor, Gaspar y Baltasar, algunas veces se reúnen ahí los vecinos para ponerse de acuerdo sobre las festividades. Los Reyes es el nombre español y el nombre mexicano Tezcacoac (lugar de la serpiente de espejo, tézcatl: espejo, coatl.: serpiente), según investigación del Arqueólogo: Antonio Urdapilleta..

Ixquitlán en lengua náhuatl significa “En el lugar de los esquites (granos de maíz cocidos)”. Acostumbrados los pobladores tepanecas a las grandes celebraciones, aún después de la caída de su señorío, destruidos sus palacios y sus  templos, Azcapotzalco por tradición siguió siendo para algunos lugareños de la región un centro religioso, de trabajo y de intercambio comercial.        

Llegaban a este lugar gente:  Matlatzinca del Estado de  México, de Michoacán, de Guerrero, de Tepozotlán y de Cuatlitlán, atraídos por el comercio, principalmente por la orfebrería y la cerámica. Durante la Colonia sus artesanos por intercambio trabajan en obras de construcción en otras poblaciones (l630) contribuyendo al progreso de Atzcapotzalco y de los pueblos aledaños.                  

Los vecinos del pueblo de los Reyes ya evangelizados por los frailes dominicos y franciscanos empezaron la construcción de la Capilla dedicada a los Santos Reyes tomando la costumbre de representar el nacimiento del niño Jesús con un gran número de juguetes de barro, heno, musgo. “El portal de Belén” donde José y María  esperaron la hora del alumbramiento y ahí en humilde pesebre es recibido el niño Jesús (El Salvador del Mundo) y los Reyes que después de caminar siguiendo la estrella llegaron el día 6 de enero frente al niño Jesús al que le honraron entregándole cada uno de los reyes un regalo.

Melchor le entregó oro para que fuera poderoso. Gaspar le llevó incienso el cual limpio la oscuridad, Baltasar le llevó mirra y le enseñó como  se esfuma lo material. Y al usar los tres regalos cuando él  empezó a crecer se disipó la oscuridad para todos los que lo seguían.

En la actualidad el día seis de enero se entregan regalos, juguetes, ropa, dulces a los niños en recuerdo de este hecho bíblico.

Así fue como los habitantes de los Reyes  Ixquitlán empezaron a celebrar a los Santos Reyes en Atzcapotzalco. Inician con la celebración de la misa y las mañanitas. Los agricultores  ofrecían los frutos de sus sembradíos. Otros vecinos la cera, flores, comida, cohetes, castillo. Esta fiesta se caracteriza por su alegría desbordante. Siendo parte de la historia de los pueblos las festividades del santo patrono.

Se conoce el antecedente de que la actual capilla se construyó en el siglo XVII, igualmente existió un cementerio anexo a la capilla (éste ya no existe). Durante la época de Porfirio Díaz (l898) enfrente a la Capilla estaba la casa de la familia Zimbrón que incluía una hermosa capilla privada.

Algunas calles circunvecinas conservan nombres en náhuatl, Ahuacatitla (aguacatal) o lugar de huertas de aguacate, Mecoaya (donde hay maguey seco), Chichinautla (el lugar donde ahuman en largas cañas o a la manera antigua).

A principios del siglo XX  (l9l5) en los Reyes Ixquitlan existían familias que hablaban mexicano y vestían de manta..

Algunos vecinos recordaban lo que les platicaban sus abuelos, dicen que Porfirio Díaz eligió este lugar  (barrio de Los Reyes) para dar sus paseos a caballo y es bien sabido que la Av. Atzcapotzalco era  paso forzoso para dirigirse a Chapultepec. En dicha avenida se construyeron pequeños palacetes afrancesados, algunos aún existen.         

Capilla de los Reyes  Ixquistlán.  El día  nueve de enero del año 2000, después de que el presbítero José  González Flores terminó de oficiar la Santa Misa de las once de la mañana nos presentó a la arquitecta Mónica  Ocejo Mendoza y mencionó los trabajos que se están realizando en la Capilla.

Los vecinos que han visto el crecimiento y los cambios en el barrio de los Reyes no dejan de suspirar añorando aquellos días con olor a flores, pasto, alfalfa y ver aquellos establos con muchas vacas de las que al ordeñarlas obtenían leche espumosa y cuando la hervían se formaba una gruesa nata, era deliciosa untada sobre  pan, una concha de chocolate o en  un bolillo calientito, qué sabrosos recuerdos.  El barrio es tranquilo su gente es amable, algunos de los habitantes más antiguos han destacado como empresarios, comerciantes, médicos. El señor Alfonso Rocha Alfaro se cuenta entre los fundadores de la asociación de Charros “José Becerril” de Azcapotzalco, comprometido en honrar los símbolos patrios y en instruir a las nuevas generaciones en el arte de la charrería. Algunos vecinos han vivido desde hace más de ochenta años en este barrio, como la Sra. Anita, amiga de la señora Ma. Luisa Carmona de Dorantes. Lucita nos dice que su papá compró el terreno y en las escrituras aparece dicho terreno de su propiedad con el nombre de Tlaxcatitla. (nombre nahuátl: tlaxcatitla, la casa del pan). La señora Lidia Redín de Carmona que vive en la calle de Ahuacatitla, quiso colocar el nombre de Tlaxcatitla en la  entrada de su casa. Otra vecina es muy colaboradora en organizar la fiesta del santo patrono, Margarita Vargas Verdín, el señor Francisco Trejo, Margarita Valdez, el señor Jaime Téllez Pinto y Rosita su esposa y muchos otros. Margarita Vargas dona el fragmento de un periódico  llamado Trotacalles donde conoceremos como el señor Francisco Vargas cuido muchos años la Capilla de los  Reyes, agregó mapas y plano del barrio de los Reyes Ixquitlán. Desde el año 2001 el presbítero Oscar Valle Mitre quien destaca por su entusiasmo y ayuda a los feligreses tanto en la festividad de los santos patrones como en semana santa, la capilla siempre luce muy bien ornamentada de acuerdo a la celebración.  También ha estado al pendiente del buen funcionamiento, del alumbrado, micrófonos, principalmente de animar a los feligreses para que sigan las tradiciones y celebraciones en honor de los santos patrones los Santos Reyes. Las celebraciones de Semana Santa, procesiones y misas. El entusiasmo del padre Oscar es ejemplar. Desde el año 2003 cuenta la capilla con el sagrario cuya antigüedad es de 150 años. La  mayoría de los habitantes del barrio de los Reyes,  son católicos de ahí que se sigan conservando las costumbres, su población en edad de ejercer el voto es de 2500 aproximadamente,  La población del barrio de los Reyes está englobada en el total de habitantes de Azcapotzalco que cuenta con 441000 habitantes.
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MARTINA RODRIGUEZ GARCIA
Cronista de Azcapotzalco, Barrio de Los Reyes
martinacronista@hotmail.com
mrgarcia1944@hotmail.com

El día  nueve de enero del año 2000, después de que el presbítero José  González Flores terminó de oficiar la Santa Misa de las once de la mañana nos presentó a la arquitecta Mónica Ocejo Mendoza y mencionó los trabajos que se están realizando en la Capilla.

La capilla se edificó en el siglo XVIII, siendo una modesta construcción la traza de origen.

Se realizaron trabajos de sustitución  cambiando la viguería de la nave del templo. Debido a los deterioros en sus componentes, el templo se encontraba en peligro de derrumbe, presentando muros erosionados, grietas en la mampostería ocasionando asentamiento en el costado poniente de la fachada y los aplanados estaban deteriorados con la mampostería al descubierto.          

1976  Se ejecutan trabajos de consolidación a través de la inyección en las grietas en la cubierta de la Iglesia: Se realizan obras de liberación. consistentes en el retiro de material de la techumbre en malas condiciones y se sustituye la viguería que perdió su capacidad de trabajo.

1977-78 Finalmente se coloca un enladrillado en la cubierta para proteger a la misma.

COLABORACIÓN

La restauración sistemática se emprendió en mayo de l999 bajo la dirección administrativa del Presbítero José González Flores. Con los diseños y dirección arquitectónica del Arq. Felipe Martínez. La responsabilidad en la ejecución de la obra estuvo a cargo de la constructora Ortiz y la supervisión y asesoría de los trabajos en el campo de la restauración fueron del Instituto Nacional de Antropología e Historia a través de la Arquitecta Mónica Ocejo Mendoza.

PROPUESTA DE INTERVENCIÓN

De acuerdo con el análisis de la estructura Histórica y el estado de conservación de los materiales se determinó que la estructura horizontal debería apoyar en los muros de carga aparte sistemas constructivos que conserven características del apoyo similar al de origen  al fin de no alterar el comportamiento estructural del edificio.

Dada la importancia de la Capilla, se procedió a restituir la cubierta con el sistema de técnica tradicional de viga y terrado, previa liberación de la techumbre de la nave del presbiterio y de la sacristía.

Se prestó atención a las ventajas en la aplicación de la técnica de cal en el proceso de restauración implementando dicho tratamiento en el campo de morteros y revestimientos.

Se realizaron trabajos de reposición de gárgolas, restitución de piezas de cantera y colocación de aplanados en interiores y exteriores.

OBJETIVO

Se pretende acercar a la comunidad en general y al barrio de Atzcapotzalco en específico, a logros importantes y conocer las reales características de un proyecto de restauración. La propuesta que significa la restauración en el medio urbano, nos permite destacar su singularidad sin alterar las condiciones históricas del contexto.                 

ANALISIS ESTRUCTURAL                                                  

El grado de deterioro en que se encontraba la Capilla era de diversa índole siendo la estabilidad estructural un factor importante a considerar, ya que debido a los asentamientos diferenciales provenientes del subsuelo de la región provocan un hundimiento que se enfatiza en el muro poniente de la Capilla, en este caso, no se pretende corregir la deformación ya que no rebasa los límites de seguridad y estabilidad de la estructura desde el siglo XVll.
                                                                                                                          
El sistema estructural de la cubierta de la nave presenta dos tipos de solución: una construcción formada a base de viguería de madera que no se asentaba en los muros de carga por lo que carecía de un adecuado trabajo por compresión en sus muros, provocando grietas y un posible desplome. El segundo tipo estaba localizado en la cubierta del presbiterio y de la sacristía que estaba compuesto por una cubierta plana apoyada sobre viguetas de acero sin estar apoyadas a una viga de arrastre y teniendo una separación entre vigas muy holgada provocando fracturas y grietas que se descubrían al interior del templo, ambas soluciones permitían que se filtrara el agua a través de la cubierta.                           

La Capilla carece de gárgolas por lo que el desalojo del agua pluvial se daba a través de tubos.     

Los elementos de cantera que conforman el enmarcamiento de la portada se encontraban erosionados en sus diversos componentes.

Los acabados en los recubrimientos _se hallan muy deteriorados y los muros presentaban oquedades a nivel de guardapolvo.  

COMENTARIO FINAL

Importantísimos esfuerzos profesionales y económicos se requieren para realizar    restauraciones, respetuosas, sensatas y coherentes, pero también se hace necesario una nueva postura de sensibilidad para preservar y legar nuestro patrimonio.                                      

Bibliografía . GUIA GENERAL DESCRIPTIVADE LA REPUBLICA MEXICANA 1899.   Monografía de AZCAPOTZALCO 2OOO-2OO3.
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MARÍA ELENA SOLÓRZANO
Cronista de Azcapotzalco
solmalena@hotmail.com

NACIMIENTO, POSTAL DE 1950.
Proporcionada por María Elena Solórzano

Corría el año de 1950, nos preparábamos para celebrar las posadas, en esa época eran muy bonitas. Convocaba el padre Cantú, varias señoras y jóvenes se ofrecían para diversas actividades. Primero se rezaba el rosario y después el jolgorio.

Los peregrinos se elegían entre los niños más aplicados y bien portados de la doctrina. Las mamás los vestían de acuerdo a los personajes: la Virgen María con túnica blanca y manto azul. San José con túnica verde, manto amarillo y barbas de color castaño. Los pastores llevaban calzón y camisa de manta, jorongo y sombrero de palma. El ángel túnica blanca con galones dorados y sus alas de albas plumas extendidas como queriendo volar. El ángel representaba un papel muy importante pues era el que acompañaba a los santos peregrinos. Para darle mayor ambientación conseguíamos un burrito para que la virgen hiciera el recorrido montada en el manso animal.

Partíamos de las puertas del templo del Sagrado Corazón de Jesús situado  en la calle de Grecia (colonia San Álvaro), dábamos vuelta a la manzana, durante el trayecto se entonaban alabanzas a la Virgen, cada feligrés llevaba una velita (hasta los infantes), a lo lejos se veía una columna de luz que avanzaba lentamente, hermoso, era hermoso. Cuando llegábamos a la entrada de la iglesia, encontrábamos cerrada la puerta principal y entonces entonábamos las estrofas para pedir posada. Unos cantaban afuera y otros contestaban desde el interior. Al finalizar los cantos se abría la puerta, entraban los santos peregrinos, los acompañantes y todos entonábamos con singular ímpetu:

Entren santos peregrinos, peregrinos,
reciban este rincón,
aunque es pobre la morada, la morada
la ofrezco de corazón.

Por último rompíamos la piñata, las catequistas nos explicaban que la piñata en forma de estrella con siete picos tenía su significado: los siete picos representaban los siete pecados capitales, al apalear la piñata tratábamos de aniquilar el mal, limpiar nuestras almas y quedar libres de todo pecado.

No quiero oro, ni quiero plata
yo lo que quiero es romper la piñata.

Dale, dale, dale no pierdas el tino
porque si lo pierdes, pierdes el camino.
ya le diste uno, ya le diste dos
ya le diste tres y tu tiempo se acabó.

Por fin se rompe la panza de la piñata, los dulces, la fruta y el confeti caen sobre todos los participantes. ¡Qué algarabía! Los muchachos grandes ganan más y los chiquitos lloran porque sólo lograron atrapar un dulce. La derrama de frutas y golosinas representa las gracias y bienes que Dios otorga a los hombres.

Nueve días de alegría. En muchas casas de los diferentes barrios se realizaban este tipo de posadas, la gente con más posibilidades organizaba los festejos y permitía que todos los niños del barrio o de la calle pasaran a los patios y jardines para romper las piñatas, después se repartían los aguinaldos en unas preciosas canastitas adornadas con papel de china y que contenían: colación, caramelos y mazapanes.

También se ofrecía “ponche” (bebida preparada con: azúcar, agua, flor de jamaica y diversas frutas de temporada. Todos los ingredientes hervidos en una gran olla). Niños y adultos tomaban con deleite el “ponche” oloroso, de exquisito sabor y sobre todo calientito, ideal para amortiguar el frío.

Lástima que ahora ya no podamos festejar a los niños por medio de estas hermosas fiestas, pues la inseguridad nos hace desconfiar hasta de nuestra sombra. Estas tradiciones se van perdiendo y sólo quedará el recuerdo.
María Elena Solórzano -Cronista de Azcapotzalco-, comparte esta postal realizada por David Chávez, de 12 años, originario de Azcapotzalco.
Su obra se ha expuesto en Europa, pertenece a la ESCUELA MEXICANA DE ARTE DOWN.

 
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