En Los oficios de los abuelos, su autora ofrece una panorámica de los usos y costumbres de ese México que ya se fue, pero del que afortunadamente muchos conservan grandes remembranzas y recuerdos con no pocos dejos de nostalgia, afirmó la maestra Elena Díaz Miranda, profesora de nuestra Facultad, en la presentación de esta obra de María Elena Solórzano en la FES Acatlán. Dijo que la escritora se convierte en una amena y fiel retratista de las costumbres, oficios y ocupaciones que heredados de varias generaciones de padres y abuelos, permanecían aún vigentes hace unas cuantas décadas. Para el profesor de teatro de Acatlán, Pedro Quezada Zamora, María Elena Solórzano no sólo habla de oficios, sino de oficiales y recetas, de cosas hechas y por hacer, "nos pasea por un mundo y una dimensión humanos en vías de desaparecer". El maestro Hugo Cardoso Vargas, profesor de Acatlán, expresó que en el texto se recuerdan, con añoranza y melancolía, los sonidos que llenaban las calles (como el del camotero, el de las nieves, del afilador); las letanías de vendedores que ofrecían las más diversas mercancías (merengueros, ropavejeros); los divertimentos, como la quema de judas o serenatas, que hace apenas medio siglo se tenían. Como parte de este evento que forma parte del Seminario Permanente de Estudios de la Fiesta en México, Enrique Guijarro, de la FES Acatlán, dio vida al oficio de merolico que aparece en el texto:
"...si trae un pleito de gatos en el estómago, si la vista se le nubla y puros gandayas mira; ...necesita el Tónico de la Madre Matiana...".